“No tenemos pronosticado grandes inversiones” se repite entre los empresarios. “No estamos seguros si se ejecutará este año” indican aquellos que sí tienen proyectos de inversión. Ese es el tono dominante de la última encuesta de percepciones de negocios del Banco Central (2024), que muestra un empeoramiento del clima empresarial en los últimos años. El 2021 más del 50% de las empresas indicaban que tenían planificado realizar inversiones. Hoy, es apenas un tercio.
Estas percepciones se condicen con la realidad que nos muestran los datos. Las últimas cifras de inversión en el país son lapidarias: el nivel del primer trimestre de este año es prácticamente el mismo que teníamos a fines de 2013. Peor aún, el Banco Central proyecta que esta disminuirá un 2% este año.
Por esta razón, causó extrañeza que el Presidente de la República destacara en su cuenta pública los avances en inversión que ha experimentado el país. Si bien se refería a aquella de fuentes extranjeras, que efectivamente se encuentra en niveles que no se veían desde 2015, esta es solo un componente del monto total.
Para lograr un crecimiento sostenido, es crucial tanto la inversión extranjera como la nacional, así como la privada y la pública. Esta última ha representado aproximadamente el 10% del total, pero ha disminuido en los últimos años debido a problemas de gestión en los ministerios. Basta recordar cómo en el año 2023 celebrábamos un aumento en el presupuesto de inversión pública, para ver posteriormente que casi un quinto quedaba sin ejecutar.
Mientras la inversión de fuentes estatales tambalea, la privada ha mantenido el bote a flote. Las mejores noticias vienen de aquella de fuentes extranjeras que muestra signos de recuperación. Sin duda este repunte es una señal positiva y refleja confianza en el país por parte de empresarios internacionales. Sin embargo, no se puede obviar que América Latina en su conjunto está experimentando un aumento sin precedentes en la inversión extranjera, y en este contexto, el crecimiento de Chile ha sido menor que el de varios países de la región (CEPAL 2023).
Pero la mayor caída es la que ha experimentado la inversión de colaboración público-privada. A principios de los 2000, estas alianzas eran más comunes y contribuyeron significativamente a la buena base de infraestructura del país. No obstante, en los últimos años nos hemos acostumbrado a emergencias hídricas, cárceles sobrepobladas, cortes de electricidad prolongados y falta de vacantes en escuelas. De invertir cerca del 2% del PIB en infraestructura, en el último quinquenio esta cifra se ha reducido a la mitad, con una sustancial caída en las concesiones.
La inversión es esencial para impulsar la productividad, la innovación y la creación de empleo. Sin ella, las empresas no pueden modernizarse, adoptar nuevas tecnologías ni expandir sus operaciones. Es imperativo abordar las trabas que frenan el crecimiento, promoviendo un entorno más favorable para la inversión y asegurando una gestión eficiente y efectiva de los recursos públicos y privados. Solo así, la inversión podrá retomar su papel como motor clave del desarrollo económico, impulsando a Chile hacia un futuro próspero y sostenible, tal como lo hizo en décadas anteriores.
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