Mayo 7, 2024

Un mundo en calma, pero la procesión va por dentro. Por Felipe Jaque

Ex-Ante

En los últimos días tuvimos bastante movimientos en los mercados con la publicación de cifras económicas en Chile y EE.UU., las que parecieran estar apuntando a una actividad algo más lenta luego del entusiasmo que mostraban los analistas hace unas semanas.


Las cifras y expectativas de inflación continúan dando dolores de cabeza a los bancos centrales, incluida la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos. La buena noticia fue que su presidente Jerome Powell y sus colegas tomaron con bastante calma los datos, descartaron un giro en 180 grados de la política monetaria hacia alzas de tasas de interés, lo que habría generado un desorden de proporciones, y explicaron qué debiera pasar para que finalmente decidan recortar la tasa de referencia en esa economía, la variable más relevante para los mercados. En medio de la tensa calma que nos acompaña en los últimos meses, el tono mesurado de la Reserva Federal trajo bastante alivio.

Hasta acá, todo bien. Pero en Chile seguimos enfrascados en nuestros propios problemas y los debates que se generaron en torno a las presentaciones en ENADE, el encuentro empresarial anual donde se reúnen sector privado y público a debatir los principales temas del contexto económico local con una mirada más estructural apoya este punto.

Contra el inmovilismo era el lema de este año. Uno podría preguntarse, ¿de qué inmovilismo se habla? Por el lado del sector público, estamos llenos de proyectos de ley que buscan transitar hacia un país desarrollado, algunos estructurales y otros más de nicho, desde pensiones, tributario, litio, salud, seguridad, por nombrar los más relevantes. Por el lado del sector privado, incluso el Presidente Boric mencionó una larga lista de proyectos de distinto tamaño que han visto la luz al final del túnel, desde minería, conectividad intercontinental, y energía, hasta gastronomía.

Pero algo no cuadra si estamos llenos de ideas y proyectos, y tenemos que alegrarnos con crecer 0,2% el año pasado o anticipar para este año un descollante casi 3% de crecimiento según los más optimistas (algo que logran economías desarrolladas como EE.UU., casi sin esfuerzo pareciera).

¿Será que estas abundantes ideas chocan en vez de complementarse? Nada más lejos del espíritu de las asociaciones público-privadas. Ni nada más lejos de enfocarse en políticas públicas que destraben inversión en capital, mejoren nuestro capital humano y, en definitiva, logren elevar el crecimiento.

Algunos mencionan que la reforma al sistema político lograría destrabar este nudo. Puede ser, pero ¿si solo quedaran dos bloques, muy unidos y ambos chocaran con ideas que no tienen punto de intersección alguno, se resuelve el problema? ¿Se lograría converger a un crecimiento del 4 ó 5% anual sostenido, algo que no vemos hace años? Parece que no es tan simple.

Si se rigidiza el mercado laboral, es improbable que se logre bajar la tasa de informalidad, que si bien no ha subido en los últimos años, es demasiado alta cuando se compara con economías desarrolladas. Si la permisología no respeta sus propios plazos, difícil lograr tasas de inversión acordes con un crecimiento sostenible y elevado, al menos tan elevado como el mundo.

Idealmente, mayor al resto del mundo, si el objetivo es cerrar brechas. Si más allá de los plazos, hay incertidumbre sobre las reglas del juego, es aún más complejo impulsar la inversión. Todo esto sin mencionar que nuestra productividad cae año tras año.

Todos podemos fijar metas de crecimiento de mediano y largo plazo, tasas de inversión, transformación de la matriz energética, creación de empleo, crecimiento de salarios, etc. No creo haber visto un gobierno que no lo haga. Sería bueno reconocer que ninguno de ellos ha tenido ni tendrá el sartén por el mango por si solo, y que para alcanzar determinadas metas cuantitativas, se requiere que la conversación y debate tenga al menos algún área de intersección.

Y no hablamos de pensamiento de manada, pero sí de tener algún punto de acuerdo en que el principal esfuerzo de inversión en un país lo realiza el sector privado. Es claro que todos debemos seguir reglas, pero si se cambian frecuentemente el esfuerzo se detiene. “Proteger” un mercado laboral sin mirar los nuevos esquemas de trabajo solo incentivará la informalidad. Imposible avanzar sin mínimos comunes y está claro que si cada uno solo rema en su dirección, no se logrará hacer avanzar el bote.

Esta semana leía que algunas inmobiliarias estaban construyendo canchas de pádel para afrontar en algo la crisis que sufren, donde asumo los factores vienen por el lado de la débil demanda, problemas en la oferta y presiones de costos, la traba en los permisos, entre otros. Felicitaciones por la adaptabilidad, pero eso claramente es un subóptimo para nuestra economía, en uso de recursos, empleo, y dinamismo de largo plazo.

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