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El Presidente y su arremetida para convertir a los empresarios en chivo expiatorio. Por Jorge Schaulsohn

Abogado, ex presidente de la Cámara de Diputados
Imagen: Agencia Uno.

El Presidente Boric acusó a los empresarios de actuar con una “soberbia paternalista” y de emitir juicios “denigratorios a gobiernos que obedecen a la voluntad popular”. Llama la atención la distorsión autoritaria del Presidente: en democracia todos los gobiernos son fruto de la voluntad popular y esa condición no puede ser invocada para inhibir o coartar el derecho a criticarlo. Pero el conflicto va más allá.


La arremetida presidencial. En el último tiempo las relaciones entre el Presidente y el mundo privado se han enrarecido. Boric no deja pasar oportunidad para criticar y exhibir su hostilidad hacia los empresarios.

  • Hace un par de días, en la cena del Centro de Estudios del Cobre y la Minería, reflexionó sobre las “concepciones preestablecidas” en el mundo privado “de lo que represento o de las fuerzas políticas que sustentan nuestro gobierno”. De los prejuicios hacia su persona.
  • También ha denunciado la “visión catastrofista de los empresarios chilenos” respecto de la economía y de estar “permanentemente aportillando las propuestas del pacto fiscal”.
  • Los acusó de actuar con una “soberbia paternalista” y de emitir juicios “denigratorios a gobiernos que obedecen a la voluntad popular.”
  • Esta arremetida ha sido acompañada por la ministra del Trabajo, que insinuó que los empresarios eran tacaños, que no querían pagar mejores salarios.
  • Desde luego se observa una distorsión autoritaria en algunos de los pronunciamientos del Presidente. En democracia todos los gobiernos son fruto de la voluntad popular por lo que esa condición no puede ser invocada para inhibir ni coartar el derecho a criticarlo.

Economía estancada. Atacar a los empresarios siempre es bien recibido por un sector de la izquierda, especialmente por los partidos anti sistémicos que forman parte de la coalición de gobierno.

  • Un síndrome que está tan arraigado que incluso se manifestó con fuerza bajo el gobierno del Presidente Lagos, quien ha tenido que cargar, hasta el día de hoy, con el “estigma” de haber contado con el respeto y admiración del mundo empresarial.
  • Pero más allá de estas consideraciones tácticas, en el fondo lo que al Presidente no le gusta es que el sector privado no comparta su optimismo con el desempeño de la economía en estos dos primeros años de su mandato.
  • El gobierno está empeñado en torcer la realidad. Nuestra economía está estancada con niveles de crecimiento actuales y proyectados que nos condenan a una absoluta mediocridad. Las tasas de desempleo son altísimas e industrias claves para el desarrollo como la construcción enfrentan una catástrofe.
  • Hay una crisis en los sistemas de salud y un riesgo real de colapso del sistema privado, con una ley corta que no contempla la mutualización del pago por cobros excesivos. Norma que resolvería el problema sin perjuicio para los usuarios, aprobada por el Senado pero que sin el patrocinio del ejecutivo es inviable.

Doble discurso. El Presidente tiene un doble discurso. Por una parte, reconoce que no puede “embestir (como algunos de sus partidarios quisieran) tozudamente contra la realidad, aunque eso lleve al país por un mal camino”, refiriéndose a su diseño original; y al hecho de que él también ha evolucionado.

  • Sin embargo, insiste con proyectos de ley que encarnan ideas que ya fueron desechadas por la mayoría de la población en el primer plebiscito constitucional, como el sistema de reparto en pensiones.
  • No pongo en duda que muchos empresarios tengan “prejuicios” contra este gobierno y la persona del Presidente Boric, así como un amplio sector del gobierno es visceralmente anti empresarial.
  • Pero las objeciones a los proyectos del gobierno y la falta de acuerdo nada tiene que ver con eso.
  • Ese simplismo ignora que hay razones muy de fondo que dificultan el entendimiento, que nuestra sociedad está polarizada y que las causas de esa polarización no son ningún misterio. Tienen su origen en el carácter refundacional de Apruebo Dignidad.
  • Ellos no han arriado sus banderas. No aceptan que sus políticas son perjudiciales para el desarrollo del país. Entonces optan por el camino de imputar a los empresarios la “culpa” de que no prosperen. Son ellos y no nosotros los intransigentes.
  • Para el oficialismo, desde un punto de vista ideológico estos dos años han estado marcados por la frustración. En vez de crecer ampliando su base social de apoyo, están estancados.

El empresariado como chivo expiatorio. Por eso resurgen las amenazas de recurrir a la movilización social para “presionar” al Congreso y a los empresarios a ceder. Un discurso que tiene como propósito tranquilizar a sus bases, demostrar que no han sido traicionadas y que el gobierno dará “la pelea” hasta el final.

  • El empresariado como el “chivo expiatorio” les viene como anillo al dedo, sobre todo en un año electoral.
  • Boric ganó con un programa de cambios radicales cuya aplicación dependía de la aprobación de la nueva constitución, que en aquel momento parecía más que probable. En ese contexto sus promesas tenían sentido y credibilidad.
  • Una situación totalmente distinta a la actual caracterizada por la ratificación fáctica de la constitución vigente, una derrota histórica para la izquierda.
  • ¿Qué van a ofrecer ahora para las próximas elecciones presidenciales? ¿Habrá acuerdo programático entre el socialismo democrático y el Partido Comunista?
  • Las tensiones dentro de la coalición de gobierno están al límite. Hay desazón en Apruebo Dignidad por el rumbo continuista que ha tomado en gobierno forzado por la realidad.
  • El oficialismo está en un callejón sin salida. La inercia lo lleva a repetir el experimento fracasado de un gobierno hegemonizado por la izquierda no renovada, que esta vez sería encabezado por una militante del socialismo democrático, pero que lleva todas las de perder.

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