El reciente Informe de Política Monetaria del Banco Central de Chile, nos dejó varios mensajes importantes. El primero es que se consolida la caída esperada del PIB para el año en el rango -0.5/0%, lo que es coherente con los registros mensuales efectivos del IMACEC que promedian -0.6% de enero a julio, y donde 9 de los últimos 11 meses han estado en terreno negativo, constatando así lo contraída que está la economía chilena. En segundo lugar la inflación retornaría al rango de tolerancia definido por el instituto emisor (entre 2-4%)-el primer trimestre del 2024 alcanzando un 4.3% en diciembre de este año, por lo que la tasa de política monetaria descendería a un rango de 7.75-8% y que sería coherente con bajas entre 75 y 100 puntos base en las dos reuniones de política monetaria que restan en el año.
Hacia adelante, el Informe nos plantea una brecha de producto (diferencia entre el PIB efectivo y el potencial) de -0.7% para el bienio 2024-2025, lo que habla de una modesta evolución esperada para la actividad a pesar de la normalización de las condiciones financieras y del mercado del crédito que enfrentarían los hogares y empresas.
En cuanto a la inversión, su evolución se mantendría débil, a pesar de la reversión de los indicadores de incertidumbre política y económica a niveles más cercanos a promedios históricos tras el fuerte aumento post octubre de 2019. En cuanto a la actividad sectorial, preocupa la evolución esperada de la minería, el sector construcción e inmobiliario y el comercio, todos ellos intensivos en mano de obra, por lo que observaríamos un mercado laboral estrecho con una tasa de desempleo que estaría fluctuando entre 8.5%-9% en lo que resta del año.
¿Cuáles serían las principales preocupaciones y los riesgos? Si hay una característica distintiva de la economía chilena, es su heterogeneidad tanto regional y sectorial, lo que la mayor parte del tiempo permite diversificar el impacto de los shocks. No obstante, en la actual coyuntura se observa una caída generalizada en ambas dimensiones, donde 10 de las 16 regiones del país estarían contraídas, y en gran parte de los sectores económicos a excepción de servicios financieros, personales y empresariales. Sumado al creciente nivel de endeudamiento de los hogares y a las modestas expectativas de crecimiento, se abre la necesidad de comenzar a discutir medidas reactivadoras más allá de la política monetaria convencional. En esta parte, se volverá crítica la capacidad del sector público de eficientar el gasto fiscal y generar un clima de negocios con mayores certezas. En el plano externo, los riesgos vienen de la disparidad observada en los mercados financieros entre economías desarrolladas y emergentes en cuanto a tasas de interés y el consiguiente fortalecimiento del dólar, lo que en Chile se traduciría en presiones al alza en el tipo de cambio y condiciones más restrictivas en el financiamiento externo en el corto plazo.
Con todo, el IPoM nos plantea un escenario complejo desde el punto de vista de la actividad para hogares y empresas, con una corrección importante en la inflación y en las tasas de interés en Chile, y con impulsos externos y fiscales que se prevén acotado para los próximos dos años.
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Si bien la propia presidenta del instituto emisor señaló que hay “pocos cambios” respecto al informe anterior, fijó la expectativa para la TPM hacia fines de este año en 7,75 a 8%.https://t.co/uacWXwiKkw
— Ex-Ante (@exantecl) September 6, 2023
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