El derrotero que ha tomado el Consejo Constitucional ha quedado en evidencia en los últimos días. A pesar de los esfuerzos realizados en las diferentes mesas de diálogo, la falta de acuerdos refleja una verdadera falta de voluntad para el diálogo. En la actualidad, observamos cómo la izquierda insiste firmemente en que la derecha está elaborando una propuesta con un sesgo ideológico. Este reclamo es legítimo, ya que se espera que la nueva Constitución refleje fielmente a toda la sociedad.
Sin embargo, resulta irónico que estas mismas voces de izquierda hayan pasado por alto este mismo principio cuando se trataba de la extinta Convención Constitucional. Aunque puede ser difícil admitirlo, lo que realmente está sucediendo es que las fuerzas de derecha están intentando reflejar la voluntad popular expresada en las votaciones de mayo pasado, donde las fuerzas de izquierda no tuvieron la oportunidad de ejercer un veto efectivo.
Más allá de los reproches mutuos, la situación se vuelve cada vez más compleja para el oficialismo. A medida que se configura una propuesta con tendencias que no coinciden con la línea de pensamiento del Gobierno y sus coaliciones, surge un dilema: ¿qué acción tomar al respecto? Inevitablemente, algunos dentro del oficialismo considerarán la opción de votar “en contra”.
Esto generará un conflicto interno para el propio presidente Gabriel Boric, que, en un pasado lejano, pero no olvidado, expresó: “Cualquier resultado será mejor que una Constitución escrita por cuatro generales”, en marzo de 2022. Aunque en ese momento se refería a una propuesta más afín a su pensamiento, esta declaración crea un flanco de conflicto.
El conflicto interno en el oficialismo radica en que el propio presidente se encuentra ahora en una incómoda posición al considerar una propuesta que podría ser discordante con sus ideales políticos. Esto crea un choque entre su compromiso previo con la inclusión y una propuesta constitucional que se ha elaborado completamente en democracia.
El presidente y su coalición se enfrentarán a un nuevo desafío interno, ya que algunos instarán a votar en contra de esta propuesta, mientras que otros deberán moderarse ante esa tentación natural. Esto, sin duda, erosionará aún más la cohesión interna y debilitará a un oficialismo que ya ha experimentado una serie de episodios similares. ¿Qué pasos tomará entonces el presidente Boric y sus coaliciones? La respuesta no es sencilla.
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