Si un visitante extranjero llegando al país prendiera la televisión durante la mañana creería que Chile está al borde del colapso. Ya no se trata solo de que las redes sociales se desenvuelvan en un clima de odiosidades, sino que es la propia televisión la que se convierte en una ventana al resentimiento y la inquina. Vistos los matinales de la televisión chilena, el argumento de que los medios formales o institucionales de comunicación son una fuente para contrastar las mentiras o fake news de las redes sociales cae por su propio peso.
Parece necesario cambiar el tono de la conversación política en Chile. La guerra de descalificaciones y cuestionamientos, la búsqueda de protagonistas escandalosos, nos acerca peligrosamente a una polarización que en nada ayuda a la consecución de objetivos país que no pueden seguir siendo postergados a riesgo de deteriorar nuestra democracia y abrir paso a populismos y autoritarismo de nuevo cuño.
El cambio de ministros y subsecretarios ocurridos tras la solitaria salida de Giorgio Jackson ha sido recibido con escepticismo por las fuerzas políticas de oposición, con indiferencia por parte de ciudadanía y con no poca crispación en los partidos de la alianza gobernante afectados por los movimientos.
La jugada del presidente pareciera que estuvo más motivada por necesidades de la pequeña política del poder que por dar respuesta a los grandes desafíos que enfrenta el gobierno. En los hechos se trató de castigar a Revolución Democrática por su responsabilidad en el caso Convenios y levantar el veto de la UDI al PC Nicolás Cataldo nombrándolo ministro de educación. Los demás cambios son ajustes ante conflictos internos, como en el caso del ministerio de Minería, o juegos de la Corte, movimientos irrelevantes si es que, como parece, no hay una definición política sobre el curso que tendrá el gobierno en los próximos meses.
El mensaje, en todo caso, o no fue recibido o no es lo que se esperaba. La salida del ministro Jackson parecía ser el gesto emblemático que permitiría reencauzar la agenda gubernamental y dar por superada la irritante supuesta superioridad moral de la nueva generación. Era la oportunidad para iniciar un segundo tiempo, o un tercero si se prefiere; en todo caso un tiempo de búsqueda de acuerdos con la oposición para avanzar -como se ha hecho en seguridad ciudadana- en materia de pensiones, cuidados, salud, y reactivación económica, temas altamente sensibles y para los cuales no es posible avanzar sin el concurso de todos.
Sin embargo, las señales de la oposición y del propio presidente han sido contradictorias. Este último, junto con invitar a Sebastián Piñera a subirse al avión presidencial y provocar la oportunidad de una conversación que dejara atrás las amenazas, indujo una absurda y totalmente improductiva -inexplicable en realidad- polémica con la imagen de Sergio Onofre Jarpa, un político del pasado que descansa en paz y ciertamente no puede defenderse.
La oposición por su parte, va a reunirse con el presidente con ánimo de fronda, no a buscar acuerdos sino a extender hasta límites incomprensibles sus demandas, como si en Chile no hubiera gobierno válido. Parlamentarismo de facto se llamó en el pasado reciente a la pretensión de la oposición de cogobernar invadiendo las atribuciones presidenciales, a lo que se agrega ahora el designio de vetar ministros. El capricho opositor en el pasado llevó a dos irresponsables acusaciones constitucionales contra el presidente de la república. ¿Es ese el rumbo que ha tomado la actual oposición tras cinco acusaciones contra ministros de estado?
A esta altura, la conmemoración de los 50 años del golpe de estado parece una oportunidad perdida, una verdadera pesadilla para el país, incapaz de desarrollar en el ámbito político una conversación que nos permita crecer como sociedad: el clima de polarización va exactamente en la dirección contraria de lo que necesita Chile. Quizás sea hora de, no desafiarse mutuamente a suscribir una declaración conjunta de las fuerzas políticas reafirmando la democracia, sino de gestionar un acuerdo sobrio que dé cuenta de esa necesidad y muestre que algo hemos aprendido abriendo de este modo una esperanza en la democracia a los chilenos.
Publicaciones relacionadas
“Días de juego” cuenta una historia que tiene mucho de autobiografía. Su autor, estadounidense radicado en Londres y que hace poco estuvo en Chile, también jugó al básquetbol y vivió los dilemas de quien se sabe bueno para jugar, aunque no excelente para quedar a la altura de sus ambiciones.
Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y […]
Ningún político puede ignorar que los cuestionamientos más dañinos no son los que provienen de los adversarios, sino de quienes pertenecen al mismo sector, compartieron los mismos proyectos y conocen desde dentro sus fortalezas y debilidades. El expresidente Richard Nixon, tras perder la elección presidencial de 1960, escribió que “perder una elección duele más que […]
Si no tienen mayores expectativas, está perfecta para estas vacaciones escolares. También se estrena El Afinador, un interesante thriller dramático.
El problema es cuando se instalan por inercia. Sin preguntarse qué comportamiento están empujando. Porque cuando los incentivos están mal diseñados, no dejan de ayudar: empiezan a dañar.