Los dichos de la presidenta del PPD, según su propia calificación, fueron un profundo error. No solo porque la forma eclipsó el fondo, o porque pide autocrítica pero no la práctica. El mayor error es que refuerza lo que quiere debilitar: esa tentación de la izquierda local y global de refugiarse en las identidades, de hablarle a los propios y olvidar a las mayorías.
¿A quién le habla Piergentili? ¿A quién le importa lo que dijo? A muy pocos, a una identidad minoritaria, la nuestra. Ese mundo politizado que aún vive dentro del eje lineal entre izquierda y derecha.
Una tribu en la que avanzar y tranzar pueden ser antónimos, allí donde lo programático suele oponerse a lo pragmático.
Un mundo imaginario donde los partidos movilizan a grupos sociales específicos y donde aún existe el centro como categoría de identificación política.
Una porfiada minoría donde a veces las ideas importan más que las personas, donde la verdad puede ser distinta a la realidad, donde el relato puede anteceder al sustrato.
En definitiva, una selva donde discutimos entre monos peludos, jurando que todos están atentos a lo que unos piensan sobre otros. Pero no, a nadie más le importa. La selva tiene otros afanes, sobre todo en tiempos difíciles.
No se trata de menoscabar la importancia del diálogo, la reflexión y el disenso. Se trata de aquilatar lo importante, medir el tiempo y la distancia.
Es verdad que el progresismo no puede acomodarse en la representación del 30%, ya sabemos que las transformaciones sociales requieren mayorías sólidas. Pero no las vamos a conquistar recriminándonos por entreguistas o maximalistas.
En el corto plazo, hay solo dos caminos para recuperar la mayoría. El primero es evidente: aportar a que el gobierno arribe a resultados palpables que sean coherentes con una visión de largo plazo. A nadie se le exige obsecuencia, sino disciplina, alineamiento. El gobierno está obteniendo resultados en los temas que le importan a la mayoría: seguridad, migración, inflación, vivienda. Y ya definió una ruta para sus reformas: proponer aquello en lo que hay acuerdo dentro de la Alianza de gobierno y abrirse al diálogo político y social para avanzar en lo que se pueda.
Diálogo efectivo para la agenda legislativa, gestión para la efectividad de las políticas públicas, esa es la tarea. Solo sirve colaborar, el tiempo de competir es otro.
El segundo camino lo lideran los partidos, no el gobierno. Se viene una elección municipal y regional que será la primera elección regular con voto obligatorio. Urge un cuidadoso diseño político que incluya a todo el oficialismo e integre a otros partidos e independientes.
Optimizar el rendimiento en las elecciones del próximo año no solo es clave para ampliar ese 30% de base electoral, sobre todo, es crucial para que nuestro mundo deje de hablar de monos y pelos, y se vuelva a conectar con la ciudadanía, las comunidades, los territorios. Los gobiernos locales y regionales son el cable a tierra, el camino de vuelta, el lugar donde los monos peludos nos reencontramos con el resto de la selva.
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