Post 7 M y la Reforma Tributaria. ¿Obstinación o Redención? Por José María Diez

Socio Recabarren & Asociados

Si en cambio, con pragmatismo y voluntad de diálogo, se encauza correctamente el debate, con un dialogo real y efectivo, tengo la esperanza que se logre una buena reforma (tributaria) que beneficie a todos los actores.


Creo que muchas veces, motivado por la literatura y el cine, nos hemos acostumbrado al héroe que, se lanza a la aventura. Sus principios son intachables, y enfrentados a dragones, demonios, traiciones y villanos, no claudica. Confieso que a mi me fascinaba dicha literatura adolescente, en el que las cosas son blanco y negro. Las tentaciones son meras frivolidades frente al premio mayor, el tesoro, el amor o la salvación de un pueblo. El líder duda y siente oscuridad, pero nunca transa en sus principios.

Ya más adulto, y entrando en una literatura más profunda, los héroes son más complejos. Tienen dudas, cometen errores, traicionan, se llenan de grises. El fin que consiguen, con esfuerzo, sangre y sudor es distinto al cual tenían concebido al comienzo. En lo particular, me conmueven las historias de redención, del villano/héroe que fruto de diversas desventuras se replantean su vida y elige un nuevo rumbo como Jean Valjean en los Miserables. El héroe deja de ser héroe y vuelve a ser humano y quizás por eso la paradoja lo transforma: su aceptación de humanidad lo eleva al heroísmo. Muchas veces termina la historia con el héroe muerto, pero redimido y elevado. Reconoce sus errores, enmienda rumbo, repara y se reconcilia.

En otros casos, el antihéroe, con el que uno vergonzante simpatiza y en el fuero interno quiere que gane, por más abyectas y ruines que sean sus intenciones. Tal es el caso de Breaking Bad y el impresionante Walter White (Heisenberg), epítome del antihéroe moderno. Su final no tiene que envidiarle nada a las tragedias griegas.

Que tiene que ver el camino del héroe con la Reforma Tributaria. Quizás nada o quizás mucho. En efecto, el Gobierno a dado bastante tumbos y vueltas. Partiendo por proponer una Reforma reconocidamente regresiva y con un solo objetivo: recaudar cueste lo que cueste, sin transar un ápice. Ello sin importar como se afecte la productividad (Impuesto a las Utilidades Diferidas), la certeza jurídica (Norma General Antielusión) o la salida de capitales (Impuesto a los Super Ricos). El mantra del sacrosanto programa, elevado a canon, todo lo podía y si la OCDE me validaba algo, tanto mejor.

Vino el 4S, y se sintió un terremoto de proporciones. Estaban todas las señales para cambiar el rumbo y no estrellarse contra las rocas. A diferencia de Ulises, que se ató al mástil para no dejarse encantar por las sirenas, se hizo caso omiso y el barco se estrelló contra las rocas. En el naufragio el mantra se seguía repitiendo, pero con menos entusiasmo, casi por inercia.

Vino el 8M, y por una descoordinación de votos del oficialismo, todo quedó en nada. A esperar un año y a echarle la culpa a los ricos que seguirían evadiendo y eludiendo en total impunidad. El mantra ya era un susurro. Se abrieron, de mala gana, a realizar los diálogos tributarios con diferentes actores del mundo privado y gremial, aunque se espera que no se conviertan en un monologo de aquellos de Samuel Beckett. Después de todo Godot nunca llegó.

Y llegó el tsunami del 7M. Ganó un partido cuya propuesta en materia tributaria es todo lo contrario a lo que propone el Gobierno de Boric: bajar los impuestos y simplificar el sistema.

Sin duda, si Hacienda insiste en su heroísmo romántico en materia de reforma tributaria, de blanco y negro, de buenos y malos, plasmando la visión adolescente de su actuar político como ha dicho una y otra vez Carlos Peña, el resultado será negativo y un mal precedente para lograr acuerdos que repercutirán en el Proceso Constitucional.

La codicia rompe el saco.

Si en cambio, con pragmatismo y voluntad de dialogo, se encauza correctamente el debate, con un dialogo real y efectivo, tengo la esperanza que se logre una buena reforma que beneficie a todos los actores. Buscando la redención, el héroe quizás llegue a un camino que no tenía pensado, pero que es mejor para el país y para él. Si predomina la obstinación, el resultado será fácilmente previsible.

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