-¿Qué representó para ti el resultado de la elección de consejeros constitucionales, donde el Partido Republicano quedó con la hegemonía al interior de la oposición?
-El domingo pasado se produjo una segunda derrota para el Gobierno en menos de un año, ambas de gran magnitud. Y ganó, por mucho, el Partido Republicano que es no sólo el que ha tenido un rol opositor más definido sino también, al analizar los resultados por comunas, es el partido que está desarrollando un trabajo territorial más efectivo. Es decir, republicanos no sólo le quitó votos a Chile Vamos sino que sumó votos que probablemente no hubieran ido a la UDI, ni a RN, ni a Evópoli de no haber estado ellos como alternativa. Y eso es muy valioso.
-Tú fuiste constituyente. ¿Qué consejos les daría a los republicanos para que el proceso no fracase, como ocurrió la vez anterior?
-El proceso anterior fracasó no únicamente porque la Izquierda haya escrito sola una Constitución, sino porque el texto que escribieron era malo, antidemocrático, dividía a la nación chilena y era imposible de aprobar. El estándar no es la Constitución de la Convención sino la que hoy nos rige. Si los chilenos no perciben que se les ofrece algo mejor que la actual, no lo aprobarán. Lo han dicho dos veces ya: el 4 de septiembre literalmente, y el 7 de mayo votando mayoritariamente por el partido que no quería seguir con este proceso.
-Formas parte de un comité asesor para los consejeros de republicanos. ¿Por qué aceptaste?
-Quiero ayudar en todo lo que pueda a que los 34 consejeros, republicanos y de Chile Vamos, trabajen unidos. Es necesario sacudirse rápido de los roces electorales y entender que las diferencias fundamentales las tenemos con la izquierda extrema representada en ese Consejo y que no ha abandonado ninguna de las ideas que plasmó en el texto de la Convención
-En la Convención Constitucional, donde tú participaste, no siempre se llegó a acuerdos en la oposición. Hoy, sin embargo, el sector es mayoría y el proceso de alguna forma quedó en sus manos. ¿Qué importancia le asignas a que republicanos y Chile Vamos dejen atrás sus diferencias y actúen como bloque?
-En la Convención trabajamos como un solo bloque entendiendo que al frente hay una izquierda refundacional que sólo busca avanzar sin transar. Si eso lo hicimos cuando éramos minoría, y fue clave para dar vuelta ese partido que estaba, al inicio, irremediablemente perdido, con mayor razón hay que hacerlo ahora que somos mayoría.
-¿Qué se juega la derecha en este segundo proceso constitucional?
-El debate constituyente no se va a cerrar mientras la extrema izquierda no tenga un texto a su antojo. Eso hay que tenerlo claro. Por eso me pareció siempre un error negociar bajo la premisa falsa de un “cierre” del proceso. Hoy lo que debemos procurar es terminar el trabajo de la mejor manera posible, entendiendo que siempre habrá sectores interesados en usar, una y otra vez, el debate constituyente al servicio de su agenda política.
-Guillermo Teillier ha dicho que no descarta que se instale otra vez la opción Rechazo, lo que para algunos analistas sugiere que la izquierda se descolgarás del proceso en el camino. ¿Qué viabilidad política vez a que oposición y oficialismo logren un texto consensuado de nueva Constitución?
-El trabajo hoy es redactar un texto que le haga sentido a la gente, no a los 16 representantes de Apruebo Dignidad. Ya hicieron un texto a gusto de ellos y fue rechazado por más del 62%. Por tanto, de poco sirve su beneplácito para el texto que se redacte. Lo que importa es que sea aprobable en diciembre, que le haga sentido a la gente. Que pasemos, por ejemplo, de la constitución de la inseguridad (la de la Convención) a una que fortalezca las herramientas del Estado para enfrentar la violencia
-¿Crees que a Kast, en su tránsito para llegar a La Moneda, le conviene que haya una nueva Constitución?
-Cuando tienes un Gobierno como el actual, lo único relevante es trabajar para reemplazarlo democráticamente en la próxima elección. Y para eso es esencial no solo tener candidatos que puedan ganar, sino trabajar unidos en un plan para enderezar Chile, que después de estos años está quedando muy dañado. Como quedó en evidencia el domingo pasado, para la mayoría, una nueva Constitución no es la prioridad ni menos la solución a los graves problemas que hoy afligen a los chilenos.
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