-La crisis de los indultos aún no se resuelve. La derecha pidió un informe a Contraloría y requerimientos sobre la materia al Tribunal Constitucional. ¿Qué debería hacer el gobierno para detener el desgaste?
-Primero, terminar con el desorden interno. Las vocerías han sido francamente desastrosas. Solo agudizan la sensación de un gobierno desbandado y desordenado. Segundo, en algún momento la actual administración tendrá que asumir sus culpas, reconocerlas de cara al país sin caer en apuntar a la derecha o a la crisis de legitimidad. Tercero, no olvidar que esta es una crisis producida por el gobierno mismo, y en ese sentido, deben pensar cómo se refuerzan sus equipos para evitar que se repitan estos errores tan graves.
-El tema de los indultos ha puesto en cuestión el trabajo de asesores y del Segundo Piso. Para otros, sin embargo, Marcela Ríos y Matías Meza-Lopehandía fueron los chivos expiatorios. ¿Cuál es tu visión al respecto y qué señales entrega sobre los controles de La Moneda y el funcionamiento del entorno presidencial?
-La manera en que se tramitaron los indultos dice mucho sobre la escasa capacidad técnica que ha logrado instalar el Presidente en sus equipos. Más allá del caso puntual de los indultos, me hace dudar sobre la habilidad de este gobierno de transformar sus discursos y promesas en realidad, con la consiguiente frustración ciudadana que ve cómo otra coalición de gobierno queda con su programa trunco.
-Alfredo Joignant dijo: “Si viviésemos bajo un régimen semi-presidencial o parlamentario, esto le cuesta el cargo al primer ministro: así de grave”. ¿Estás de acuerdo? ¿De qué manera se hace evidente o no la necesidad de un nuevo sistema político?
-Por la magnitud de la falta de controles internos, la torpeza para ejecutar y la incapacidad de controlar la crisis, se trata de un error muy grave. Ahora, las dificultades del sistema político chileno no tienen mucho que ver con esta crisis, más allá de los ajustes que se le puedan hacer. Este fue un problema generado por la torpeza del propio gobierno al escoger los beneficiados, la oportunidad y la forma de comunicarlo, no con el sistema. Escudarse en el sistema político me parece equivocado e infantil.
-Se ha complicado el panorama para Giorgio Jackson. La acusación que el Partido Republicano presentó en su contra ha ido ganando apoyos. ¿Qué significaría para el Presidente Boric, política y simbólicamente, que uno de sus más cercanos sea acusado?
-Junto con Boric y Vallejo, Jackson representa la médula de este gobierno. Su salida significaría, por lo mismo, una herida difícil de sanar. Con todo, uno podría preguntarse hasta dónde los defectos del propio Jackson -que son parecidos a los de su generación- terminan por pasarles la cuenta, como las dificultades para hacer política, la soberbia o el desprecio por las generaciones anteriores, entre otras cosas.
-¿Cuál es tu evaluación general del acuerdo constitucional? ¿Será complicado evitar las crítica de estar demasiado “tutelado”, como han dicho desde la izquierda?
-Comparto la evaluación positiva, siempre teniendo en cuenta que el acuerdo se debe validar por su resultado, que es una Constitución sólida y compartida por los chilenos. Pensar que la sola existencia de equilibrios es antidemocrática muestra bastante ceguera, más todavía si tomamos en cuenta los motivos que llevaron a muchos a votar Rechazo. Es bastante claro que el acuerdo intenta responder a los evidentes defectos de una Convención sobregirada y distanciada de la ciudadanía, que dilapidó una oportunidad irrepetible para recomponer una crisis muy profunda. Por eso, la crítica de las izquierdas más radicales me parece excesiva, sobre todo porque aún no han acusado recibo de la tremenda derrota ciudadana que significó el plebiscito de septiembre.
-¿Este proceso constitucional, si llega a buen término, podría ser una oportunidad, paradójicamente, para que Boric tenga un legado?
-Esa es la gran paradoja para todos: que un Presidente ubicado a la izquierda firme una Constitución moderada y no refundacional. Como muchos han insistido, la posibilidad de que Boric pase a la historia depende en gran medida de que deje detrás de sí a sus facciones más revolucionarias. Hay que ver hasta dónde está dispuesto, porque hasta ahora ha sido muy errático en este tema.
-En la izquierda se discute si deben ir juntos Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático. Pero si es así, la ex Concertación podría está subvencionando a quienes reiteradamente han sido críticos de los 30 años. ¿Sería un golpe autoinfligido para la centroizquierda presentarse en una misma lista?
-En esta discusión hay dos enfoques, ambos importantes. Uno es el electoral: el sistema de este proceso tiende a favorecer a las coaliciones más amplias. Esto corre para Chile Vamos, también. Pero la segunda dimensión no es menos importante, y se refiere a cómo la centroizquierda conserva una identidad propia, distinta a lo que representan el Frente Amplio y el PC. Puede que tengan un peor rendimiento electoral si van separados, pero eso podría permitir que la centroizquierda siga existiendo como un proyecto distinto.
-Algunos analistas indican que la derecha podría tener un buen resultado en las elecciones de mayo. ¿Crees que es un pronóstico apresurado? ¿Chile Vamos debe buscar acuerdos con Republicanos y Partido de la Gente o debe marcar distancias con los sectores más extremos?
-Es difícil sacar cuentas hoy, sobre todo por la volatilidad del escenario. Me parece que Chile Vamos debe promover un discurso de cambios con estabilidad, que entregue certezas en tiempos convulsos. Sólo después de tener claro qué quieren hacer, tiene sentido pensar una política de alianzas. Dicho de otra forma: Chile Vamos puede buscar alianzas con casi cualquier coalición que busque cambios con estabilidad.
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