Vida, pasión y…. de la Democracia Cristiana Chilena. Por Pepe Auth

Ex-Ante

Remontar el camino recorrido para volver a ocupar protagónicamente el centro político es a mi juicio imposible a esta altura de sus divisiones, su marginalización y su proceso de indiferenciación de la izquierda. Deberá elegir entre continuar su camino hacia la extinción o participar en la refundación de una fuerza política de centroizquierda reformista junto a otros partidos del socialismo democrático, como lo hizo la Democracia Cristiana italiana, cuya vida, pasión y muerte tienen un paralelo innegable con la de la DC criolla.


La Falange Nacional se desprendió del Partido Conservador en 1938. Era un grupo de jóvenes predominantemente universitarios, influidos por la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, lectores de Jacques Maritain, filósofo francés del humanismo cristiano y el personalismo comunitario. Al revés de partidos que nacieron diversos y luego buscaron homogeneidad, como el Partido Socialista y el Partido Por la Democracia, la Falange nació con máxima homogeneidad y buscó ampliar su influencia convergiendo en la fundación de la Democracia Cristiana en 1957 con el Partido Conservador Social Cristiano, el Partido Nacional Cristiano y un grupo de agrarios laboristas.

Antes de la DC, en la elección parlamentaria de 1957, la Falange ya tenía diputados, el 9% de los votos para la Cámara y Frei Montalva había entrado al Senado. A partir de su emergencia como partido, su ascenso fue vertiginoso. Sólo un año después su candidatura presidencial desplazaba al poderoso Partido Radical, situándose 3° detrás de Alessandri y Allende con 20,7% de los votos, y en 1961 eligió 23 diputados (15,6% de la Cámara) convirtiéndose en la tercera fuerza política del país. A sólo 6 años de haberse constituido, en las elecciones municipales de 1963 se convirtió en el partido con mayor adhesión electoral del país con 22,8% de los votos, desplazando al Partido Radical, que había ostentado esa condición durante varias décadas.

Ese éxito fue el antecedente de la segunda incursión presidencial de su líder Eduardo Frei Montalva, que se eligió presidente de Chile con 56,1% de los votos derrotando al entonces ascendente candidato de la izquierda Salvador Allende luego de recibir el apoyo de los partidos liberal y conservador. Un año más tarde eligió 11 de los 20 senadores en disputa y 82 de los 147 diputados, en una proeza inédita que fue bautizada como la “marea azul”.

La Democracia Cristiana había surgido en la guerra fría como alternativa al comunismo y al capitalismo, se constituyó como un centro excéntrico que no era el punto medio entre la izquierda y la derecha, sino ofreciendo un camino propio, otro tipo de revolución. No era el centro geométrico que ocupó durante décadas el Partido Radical aliándose alternadamente con la derecha y la izquierda. La DC se convirtió en la primera fuerza política del Senado y mayoría absoluta de la Cámara sin hacer concesiones con otras fuerzas políticas. Mantuvo su condición de primera fuerza política en las parlamentarias de 1969, eligiendo 55 de los 150 diputados (36,6%) y 12 de los 30 senadores que se elegían. En 1970, luego de sufrir la partida de su grupo autodenominado “rebelde” a constituir el MAPU, la candidatura de Radomiro Tomic llega tercera detrás de Allende y Alessandri, pero con un importante 27,8% de apoyo a su programa presidencial de profundización de las reformas de Frei, no muy distinto al de la Unidad Popular.

Aunque por primera vez la radicalización programática y política del gobierno de la UP lo llevó a aliarse con la derecha contra Allende y concurrió a las elecciones parlamentarias de marzo 1973 junto al Partido Nacional y los partidos desprendidos del Radicalismo en la Confederación Democrática, se mantuvo por lejos como primera fuerza política del país en las elecciones parlamentarias de marzo 1973, eligiendo un tercio de la Cámara (50 de 150) y completando 19 (38%) de 50 senadores.

La polarización social y política a partir de 1972 llevó a la DC a radicalizarse en la oposición, al punto que, salvo una pequeña minoría, respaldó el Golpe Militar de 1973, con la expectativa de que muy pronto se restablecería la competencia democrática convocando a nuevas elecciones, en las que se esperaba fuera elegido nuevamente Eduardo Frei Montalva.

La historia de la DC en dictadura es conocida. Luego de aceptar la colaboración de algunos de sus cuadros militantes en los primeros años, las violaciones a los derechos humanos y la percepción de que no había ninguna voluntad de restablecimiento democrático de parte de la Junta Militar, llevan a su directiva a convertirse en opositores, primero a la Consulta de 1978 convocada para rechazar la resolución condenatoria de Naciones Unidas a Chile por violaciones a los derechos humanos, y luego al plebiscito de 1980 para refrendar la nueva constitución elaborada por los militares y sus apoyos civiles.

En 1989 habían transcurrido casi 17 años desde marzo 1973 y el contexto era completamente diferente. Si en esa ocasión formaba parte de una alianza con la derecha, ahora era protagonista de una coalición con parte importante de los partidos que conformaron la Unidad Popular. Sin embargo, los resultados electorales de la Democracia Cristiana en diciembre de 1989 fueron muy similares a los de 1973. Patricio Aylwin, como candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia, obtuvo 55,17% de los votos, y la DC eligió 39 diputados (32,5% de la Cámara) y 15 (39,5%) de los 38 senadores electos.

Poco después (1992), refrendaba su condición de primera fuerza política en las elecciones municipales, con 28,9% de los votos y casi un tercio de los 345 alcaldes, poderío que básicamente se mantuvo en las elecciones parlamentarias de 1993 y 1997, y las municipales de 1996.

El primer retroceso electoral de la Democracia Cristiana ocurre a propósito de la elección presidencial de Ricardo Lagos en 1999. Sin comprender que después de una década de gobiernos concertacionistas, el electorado tenía menos lealtad con cada partido que con la coalición y elegía al mejor de sus representantes sin importarle si era DC, PS o PPD, forzó a sus adherentes a elegir entre preferir a Lagos o abandonar la DC, y fueron muchos los electores que optaron por la segunda alternativa perdiéndolos definitivamente.

Su candidato en las primarias de mayo ’99 fue derrotado 28,8% vs 71,2%, en las municipales que siguieron (2000) la votación del partido cayó a 21,6% y en la elección parlamentaria de 2001 disminuyó sensiblemente (a 18,9%) y también su representación en la Cámara, eligiendo sólo 23 diputados (19,2% de la Cámara), cediendo el cetro de primera fuerza política a la UDI (25,2% de los votos y 31 diputados) y siendo superado por primera vez por la fuerza conjunta del PPD y el PS, que sumó 30 escaños en la Cámara con 22,7% de los votos.

En 2004, la primera elección municipal en que alcaldes y concejales se eligieron separadamente, la DC se mantuvo como primera fuerza de alcaldes (99 de 345) y de concejales, con 20,3% de los votos. Similar votación obtuvo en diputados en 2005, en simultaneidad con la primera elección presidencial de Bachelet, con 20,8% de los votos y 20 diputados, aunque el PPD la desplazó de su condición de segunda fuerza política de la Cámara al elegir 21 escaños.

Es la pérdida de la ventaja de cupos que le otorgaba la negociación al competir la Concertación en dos listas de concejales en 2008, lo que transparenta el retroceso de su adhesión en la sociedad, obteniendo sólo 14% de los votos, superado por RN y la UDI. Además, pierde más de un tercio de sus alcaldes, eligiendo 59.

Eduardo Frei Ruiz-Tagle, representando a la Concertación en la presidencial de 2009, obtiene apenas 29,6% de los votos en primera vuelta y es derrotado por Sebastián Piñera en la segunda. En las parlamentarias de 2009 y 2013, la DC obtiene resultados similares a los de las elecciones anteriores, al igual que en las municipales de 2012.

En la elección de concejales de 2016 cae a 12,75% de la votación y elige sólo 43 alcaldes y en la parlamentaria de 2017, la primera post binominal, donde debe competir en todos los distritos con prácticamente todos los demás partidos de la Concertación, su resultado cae a 10,3% de los votos y sólo 14 diputados, siendo superado en su representación en la Cámara por RN, la UDI, el Frente Amplio y el PS. La candidatura presidencial de Carolina Goic en 2017 obtuvo apenas 5,9% de los votos, arribando en quinto lugar. Era la primera vez desde 1970 que la DC competía sola en una elección presidencial y parlamentaria.

En las elecciones de 2021, todavía dominadas por la demanda de cambio empujada desde el estallido social de octubre 2019, la Democracia Cristiana cae por primera vez a un solo dígito (6,6%) en la elección de concejales y en la elección de diputados (4,2%), pasando a ser el 7° partido en votos y el 6° en representación en la Cámara, con sólo 8 representantes.

La DC fue la primera fuerza política en Chile desde las municipales de 1963 en adelante y pasó a ser la segunda después de la UDI en la elección parlamentaria de 2001. Hoy es un partido pequeño, de escasa incidencia en la escena política. El proceso de secularización de la sociedad chilena hace que la política hecha desde una confesión religiosa tenga cada vez menos espacio.

Además, la pérdida de influencia y prestigio de la Iglesia Católica, respaldo indirecto de la DC, también incidió en el retroceso de su adhesión electoral, sin duda. Tardó demasiado, por otro lado, en entender que la adhesión al partido cedía su lugar a la identificación y compromiso con el sector político, por lo que su defensa del chauvinismo partidario lo llevó a perder adhesión. Mostró creciente incapacidad de acuerdo interno para tomar posiciones nítidas frente a los temas país, dividiéndose en demasiadas ocasiones respecto de cuestiones relevantes para la ciudadanía, contribuyendo a que se consolidara el juicio de falta de consistencia y claridad del partido a la hora de tomar decisiones importantes.

Finalmente, cuando el escenario político se fue polarizando y tanto izquierdas como derechas se fueron radicalizando, la Democracia Cristiana no defendió con vigor su condición de partido de centro, tampoco defendió con vigor sus gobiernos, sufriendo un proceso de creciente indiferenciación respecto de la izquierda, y como siempre las personas preferirán el original a la copia, se fue quedando sin adhesión, perdiendo buena parte de sus líderes, sus militantes y su electorado. Epítome de ese proceso es su opción por el Apruebo en el plebiscito a la constitución refundacional de la Convención, con la que claramente no sintonizaba la mayoría de sus electores.

Es muy posible que la decisión de apoyar en primera vuelta la candidatura de Jeannette Jara tomada sorprendentemente con apoyo del 60% de los miembros de la Junta de la DC, sea otra de las innumerables ocasiones importantes en que la DC  ha contrariado a su electorado, razón por la cual éste la ha ido abandonando y probablemente lo seguirá haciendo.

Está por verse lo que ocurrirá en las elecciones de noviembre próximo. Pero es difícil que en la lista parlamentaria del oficialismo aumente su votación de 2021, porque las personas tienden mayoritariamente a votar por los candidatos más identificados con la candidatura presidencial que prefieren, y la Democracia Cristiana es reconocida como el anillo más lejano al gobierno y su candidata. No superará el 5% de los votos, aunque seguramente podrá cumplir el requisito de elegir 4 parlamentarios en 2 regiones distintas para mantener su existencia legal.

Remontar el camino recorrido para volver a ocupar protagónicamente el centro político es a mi juicio imposible a esta altura de sus divisiones, su marginalización y su proceso de indiferenciación de la izquierda. Deberá elegir entre continuar su camino hacia la extinción o participar en la refundación de una fuerza política de centroizquierda reformista junto a otros partidos del socialismo democrático, como lo hizo la Democracia Cristiana italiana, cuya vida, pasión y muerte tienen un paralelo innegable con la de la DC criolla.

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