¿Una segunda vuelta con tres candidatos? Por Pepe Auth

Ex-Ante

Lo que buscan Franco Parisi y su nueva aliada Pamela Jiles es participar a través del voto nulo y blanco en la segunda vuelta, para repetir o ampliar sus 2,55 millones de sufragios de la primera, y así retener a sus electores e impedir que vayan a fortalecer el patrimonio electoral del próximo mandatario, aunque sea circunstancialmente.


Franco Parisi adelantó, pocos días después de la elección, que sus estudios indicaban que 75% de sus votos irían a engrosar el voto nulo y en blanco, y la diputada más votada del PDG llamó más tarde a anular en la segunda vuelta, apostando a Parisi 2030. Ayer domingo, el presidente del PDG anunció que la consulta virtual a su militancia fue ampliamente ganada por la opción de anular o dejar en blanco el voto, con 78%, seguido de la opción de votar por Kast, con 20% y sólo 2% para Jara.

Así, Franco Parisi y el PDG, que sorprendieron en primera vuelta con 2,5 millones de votos en la presidencial y la elección de 14 diputados, decidieron medir fuerzas nuevamente el próximo domingo 14 de diciembre.

El 16 de noviembre pasado ya hubo 360.926 personas que anularon (2,68%) y 142.083 (1,06%) que dejaron en blanco su voto. Y se puede presumir que una proporción significativa de los 6.375.383 personas que votaron por las seis candidaturas que quedaron en el camino, se resistan a optar entre la candidata del Partido Comunista y el candidato del Partido Republicano, a pesar de los esfuerzos ingentes de ambos por ampliar su base de representación.

Las presidenciales y los plebiscitos han sido siempre las elecciones con menor proporción de votos nulos y blancos en Chile, probablemente por la mayor relevancia que le asignan los electores y también por la mayor información respecto de las opciones y la facilidad para optar entre un número limitado de ellas, a diferencia de las elecciones parlamentarias, de concejales o de consejeros regionales, donde se debe distinguir y discernir entre un número mucho mayor de opciones.

Las segundas vueltas, además, así como los plebiscitos, son disyuntivas binarias en las que tomar partido por una de las dos opciones exige menos esfuerzo de información y discernimiento que las elecciones de alternativas múltiples y abigarradas papeletas.

Cuando votar era obligatorio sólo para quienes se inscribían voluntariamente en los registros electorales, entre las elecciones presidenciales de 1989 y las de 2009, los votos nulos y blancos se movieron desde el 2% en la dramática definición de enero 2000 entre Lagos y Lavín, y el 5,5% de la elección de 1993 en la que resultó electo Eduardo Frei en primera vuelta con 58% de los votos.

El desinterés y rechazo se expresaba entonces no inscribiéndose en el Servel o no concurriendo a votar desde que dejaron de aplicarse las multas correspondientes.

Cuando la inscripción en los registros electorales pasó a ser obligatoria para todos los mayores de 18 años y su concurrencia a las urnas devino voluntaria, los nulos y blancos se movieron entre el 2% de 2013 y el 1,1% de las segundas vueltas de 2017 y 2021.  Porque si el voto era voluntario, quien no se identificaba con ninguna de las opciones simplemente no participaba en la elección.

Desde el establecimiento de la obligatoriedad de votar para todos los mayores de 18 años prácticamente todos los que pueden hacerlo concurren a las urnas, de manera que la abstención de antaño se expresa ahora en los votos nulos y blancos. Sólo 2,14% en una votación trascendente como la del Plebiscito del 4 de septiembre de 2022 y 5% en la del Plebiscito de diciembre 2023 para la votación de la constitución propuesta por el segundo intento constituyente. Si la elección de alcalde de 2024 tuvo 10,7% de nulos y blancos, la de consejeros regionales del mismo proceso electoral concentró 25,8%, mostrando que tanto más desconocidas y numerosas son las opciones, tanto menos son los electores que expresan válidamente su preferencia.

La primera elección presidencial con voto obligatorio para todos los mayores de 18 años tuvo medio millón de personas que prefirieron anular o dejar en blanco su papeleta de votación, 3,74% del total de electores que concurrieron a las urnas. Ahora que las opciones se redujeron a sólo dos, la lógica nos dice que ese número debiera aumentar significativamente.

Probablemente la cuantía de nulos y blancos sea la mayor y única incertidumbre de esta segunda vuelta tan determinada por los categóricos resultados del pasado 16 de noviembre.

Lo que buscan Franco Parisi y su nueva aliada Pamela Jiles es participar a través del voto nulo y blanco en la segunda vuelta a la que no llegaron por 545.068 votos, intentando repetir o ampliar sus 2,55 millones de la primera vuelta, buscando retener a sus electores para impedir que vayan a fortalecer el patrimonio electoral del próximo mandatario, aunque sea circunstancialmente.

Es, sin embargo, una jugada de alto riesgo, que puede terminar debilitando a quienes la promueven. Primero, porque a diferencia de lo que ocurría antaño, hace ya rato que son muy pocos los electores a la espera del llamado de sus partidos o sus líderes para decidir por quién votar. Recordemos a Michelle Bachelet, desde lo alto de su prestigio y valoración ciudadano, invitando infructuosamente a votar por Paula Narváez o a aprobar la nueva constitución.

Lo mismo vale para el expresidente Frei y para las decisiones de los partidos, la incidencia electoral de sus decisiones en favor de una u otra opción puede ser importante para el estado de ánimo de los comandos electorales, pero su incidencia en la votación es escasamente relevante. El propio Parisi sabe de esto, pues la militancia del PDG votó ampliamente en la consulta virtual de 2021 por apoyar a Kast y una amplia mayoría de sus electores terminó prefiriendo a Gabriel Boric en la disyuntiva de segunda vuelta.

El hecho que el PDG anuncie su apropiación futura de la cifra de nulos y blancos puede generar el efecto inverso al buscado, llevando a muchos reticentes a optar por Jara o Kast a terminar haciéndolo para no ser sumados a la demostración de fuerza del candidato que arribó en tercer lugar.

También juega en contra de la apuesta de Parisi y el PDG el natural impulso humano de incidir participando en una decisión tan relevante como la conducción del país durante los próximos cuatro años. Votar en blanco o anular es optar por marginarse de ella.

Franco Parisi debiera hacer el duelo y resignarse al hecho de que no está en la papeleta del 14 de diciembre, en lugar de intentar tomar la forma de los votos nulos y blancos, como si fuera el villano invitado de la segunda vuelta, una suerte de tercer candidato. Porque de perseverar en ese intento, nuevamente arribará en tercer lugar, detrás de Kast y de Jara.

Votarán casi 13 millones y medio de personas en la segunda vuelta y los votos válidamente emitidos se empinarán a 12 millones y la cantidad de nulos y blancos estará muy lejos debajo de los 2,5 millones que prefirieron a Franco Parisi  en la primera vuelta, fracasando en su desmesura de intentar adelantar la elección de 2030 al 14 de diciembre de 2025.

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