La llegada del ex presidente del Senado y del Partido Socialista al comité político de La Moneda demuestra la magnitud del vacío que existe en el gobierno. Es evidente que si se estuvieran haciendo las cosas que se tiene que estar haciendo, el Presidente no hubiese tenido la necesidad de llamar a una persona que simboliza todo lo contrario a lo que su sector representa. Por lo mismo, es claro a esta altura que ni la alineación titular ni la estrategia original del Boric dio el ancho y que el Presidente se ha visto obligado a moderarse.
Si en su primer gabinete los ministros más importantes eran Izkia Siches, Giorgio Jackson y Camila Vallejo, en su gabinete actual son Carolina Tohá, Mario Marcel y Álvaro Elizalde. El cambio no podría ser más radical. Suponiendo que para el Frente Amplio y el Partido Comunista, la DC es prácticamente de derecha, no pudieron haber ido más lejos para dotar a su administración de nuevo personal. En pocas palabras, fueron hasta el extremo de lo posible para revertir la estrategia inicial. La idea refundacional solo persiste en el pasado.
Al menos esa es la señal que busca mandar el Presidente cuando suma nombres vinculados a los “30 años” a su administración. En efecto, busca retratarse como un mandatario moderado, que aprendió la lección de “otra cosa es con guitarra” y de que ahora en adelante será menos ideológico y más pragmático. La intención, presumiblemente, es no solo apaciguar a los especuladores políticos y económicos, sino que derechamente conseguir resultados, por más de que estos no sean los que estaban originalmente planificados.
En buena parte, el cambio se debe a las encuestas, lo que en sí es paradojal en tanto el mismo Presidente y su coalición criticaron a mandatarios anteriores por dejarse guiar excesivamente por la coyuntura. A la centroizquierda de Bachelet la criticaron por no seguir sus convicciones y a la derecha de Piñera la despedazaron por ser oportunista. Por lo mismo, es casi providencial que ahora ellos mismos hayan caído en la misma conducta que criticaban. Al menos corrobora la antigua idea de que ser oposición es fácil y gobernar no tanto.
Si las encuestas mostraran al Presidente Boric con la mitad o más aprobación, qué duda cabe que estaría avanzado en quinta a fondo hacia la izquierda. Pero, porque poco a nada le ha resultado hasta el momento, ha tenido que ir lento y en reversa hacia el centro. El Presidente ha tenido que debilitar a los partidos que le han sido más fieles hasta ahora (Convergencia, Revolución Democrática, y el PC) y premiar a los que tanto ha criticado en su trayectoria política (principalmente el PPD y el PS).
Hay una pregunta relevante sobre la genuinidad de la intención de Boric. Pues, es perfectamente posible que todo se revierta cuando los vientos comiencen a soplar a su favor. Allí, seguramente tendrá que indemnizar y sobre compensar a Apruebo Dignidad por todo lo perdido. Pero, más interesante, a esta altura, es la pregunta que rodea la efectividad que podría tener en su propósito, aunque sea uno temporal. Pues, la mera nominación de personas relativamente más moderadas no es garantía de nada.
El ejemplo más claro lo dio la propia ministra Tohá, cuando entre el segundo y el tercer asesinato de un Carabinero en marzo, y recién tramitada la ley Nain-Retamal, criticó la legislación por incentivar el “gatillo fácil”. No es el único ejemplo. Algo similar ocurrió pocos meses antes con el mismo ministro Marcel, que decidió avanzar con su reforma tributaria sabiendo que por la ambiciosa naturaleza del proyecto los votos no estarían. En ninguno de los ejemplos el ministro “moderado” actuó con “moderación”.
Así, las cosas no son siempre lo que parecen. Pueden llegar ministros moderados y el gobierno puede seguir siendo el mismo. No es una contradicción. Esta semana lo demostró el ministro Elizalde, que se entrampó en una innecesaria riña con un Senador en Valparaíso. A pesar de no haber pasado a mayores, es claro que como presidente del Senado no hubiese hecho lo mismo (nunca lo hizo), ni probablemente tampoco si hubiese venido como emisario de un gobierno verdaderamente moderado.
Si los ministros que llegan, no llegan con moderación y son absorbidos por el espíritu de una coalición que fue fundada al calor de las brasas del estallido social en una cámara de eco, no solo no se podrá apaciguar a los especuladores, sino que tampoco se podrán conseguir resultados. Tohá, Marcel y Elizalde son buenos nombres en la teoría porque son moderados. Pero si se contagian del espíritu refundacional de Apruebo Dignidad, perderán la calidad política que los hizo merecedores de sus respectivas nominaciones.
Es lo que pasó con el histórico estandarte del PS, hoy ministro de Vivienda, Carlos Montes, cuando le echó la culpa a los conejos por los incendios en el sur. En una frase, burda, puso en juego décadas de reputación. Quizás por lealtad al presidente o quizás por minimizar los ataques de la oposición, pero seguramente sabiendo lo absurdo de la propuesta. ¿Qué credibilidad le queda después de eso? Mientras que para algunos no pasará de ser una anécdota, para otros quedará plasmado como un recordatorio del nivel hasta el cual se está dispuesto a llegar.
Esto podría ser un problema que el Presidente Boric aún no ve. Quizás buscando lealtad impertérrita de sus ministros no ve que el verdadero objetivo de traer a ministros moderados se está perdiendo si no les exige ser moderados. Si trae a ministros moderados, pero estos comienzan a actuar igual que los ministros que están reemplazando, se pierde de entrada toda oportunidad de optar por conseguir resultados tangibles a largo plazo. En tanto, habrá sido todo para nada.
La advertencia es la misma para todas las líneas del gobierno: la estrategia original fracasó. Los ministros que están entrando son moderados. Si los de segunda y tercera línea no acusan recibo, eventualmente serán reemplazados. Y si sus reemplazos no acusan recibo, el gobierno seguirá fracasando. En fin, el gobierno será sólo tan fuerte como lo sea su honestidad de moderación. Cambios cosméticos acabarán en los mismos resultados fracasados. El gobierno necesita a ministros moderados en la práctica, no solo en la teoría.
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