Todas las cartas sobre la mesa, cerrar los ojos y esperar el impacto. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante
Gabriel Boric durante la cuenta pública de 2023. Foto: Agencia UNO.

Si Gabriel Boric se contiene y ofrece un discurso realista, su flanco izquierdo lo desacreditará por insuficiencia servil. Si extrema su posición y ofrece un discurso expansivo, será deslegitimado por los moderados que entienden bien que nada bueno puede nacer de promesas imposibles. Esta es la última vez que la gente estará dispuesta a escuchar al Presidente con atención. Después del primero de junio, se dará vuelta la página, y lo menos importante pasará a ser la agenda del gobierno.


El tercer discurso del presidente Gabriel Boric será el último relevante. Después del primero de junio se dará vuelta la página y se abrirá el debate sobre las elecciones que vienen. Primero se hablará sobre las primarias del 9 de junio, luego sobre la elección de gobernadores, alcaldes, concejales y consejeros regionales de octubre, y después sobre las presidenciales y senatoriales de 2025.

Apenas Boric finalice su discurso, se comenzará a cortar el paño. Con sus excusas y anuncios, los partidos comenzarán a tomar posiciones para lo que viene. Pues solo con el papel en mano, podrán diferenciar entre lo factible y lo imposible, y comenzar a definirse. Así, las diferentes coaliciones y los distintos sectores políticos empezarán a transferir sus prioridades a lo que viene, dejando atrás lo que fue.

Como efecto, todo lo que anuncie el Presidente pasará sin pena ni gloria sobre el escenario político nacional.

Cualquier anuncio de una reforma tributaria o al sistema de pensiones será más relevante para entender las elecciones que vienen que para entender lo que el gobierno dejará atrás. Por ejemplo, en el caso de la reforma tributaria, es evidente que la oposición no dará los votos para cualquier reforma relevante, y en el caso de la reforma de pensiones es obvio que cualquier cambio no será en la dirección prometida en la campaña.

Otro ejemplo tiene que ver con la condonación del CAE que se prometió en campaña, que se anunció antes del discurso, y que tiene cero posibilidades de ser transformada en ley. Es un proyecto vacío, en tanto si se materializa será tan lejano a lo que originalmente se prometió, que no servirá ni como legado ni como logro.

Lo único que hará anunciar una (nueva) reforma tributaria, o una (nueva) reforma al sistema de pensiones, o la condonación del CAE es darle buenas razones a la oposición para demostrar por qué el gobierno es incapaz de conseguir avances relevantes. Es permitirles a los críticos demostrar exactamente por qué se habla de un Presidente que se viste con una ropa en época de campaña y con otra cuando le toca gobernar.

Pero los anuncios y las excusas no solo serán importantes para entender cómo se posicionará la oposición, pero además para entender lo que pase dentro del oficialismo y la coalición de gobierno, que lejos de ser la alianza unida y disciplinada que ganó la elección de 2021, se encuentra dividida y a punto de entrar en una paz armada para definir la sucesión de Gabriel Boric.

Por lo mismo, se vuelve tanto más importante tener una posición clara sobre el desempeño y las prospectivas del gobierno. Si Boric no va a dejar sucesor, entonces no es necesario prometer continuidad. Por el contrario, es suficiente prometer un cambio de dirección. Si lo que hizo Boric no funcionó, hay que cambiar de dirección.

Así, hay dos caminos que pueden tomar los partidos oficialistas a partir de las excusas y los anuncios que hará el Presidente en su cuenta pública: o interpretarlos como insuficientes o como imposibles.

Si los radicales del PC y el FA tienen ambición de poder, tomarán una posición drástica y se alinearán con la lectura de insuficiencia. Solo así podrán presentar una visión crítica sobre el período de Boric que les permitirá presentarse válidamente ante sus votantes en los ciclos electorales que vendrán.

Si los moderados del PS, el PPD y la DC tienen visión de largo plazo, tomarán una posición pragmática y se presentarán desilusionados con lo hecho. Si se conforman y alinean con el cuatrienio, no podrán escapar del estigma de haber formado parte de un gobierno fracasado.

La alternativa es quedarse inerte, sin respuesta ante una cuenta pública que claramente se debatirá entre lo insuficiente y lo imposible.

Quizás a los únicos que les podría convenir mantenerse neutrales son aquellos que trabajan en el gobierno. Pero, aun eso sería una lectura cortoplacista, que daría cuenta de que o no entienden o que no quieren entender que el gobierno va en ruta directa sin escalas a chocar de frente con la realidad, y que el hoyo que dejará la administración en materia económica, social y política será tan grande que será difícil de ignorar aun para los más ingenuos.

Por lo mismo, lo racional es que todos aquellos con ambición de poder o visión de largo plazo, que entiendan lo que viene, salten del barco cuanto antes. Claro, es noble hundirse con la nave, pero marinero que se ahoga no asciende a capitán.

Todo esto es sumamente problemático para el Presidente, que presumiblemente entiende que no tiene muchas alternativas que hacer exactamente lo que se anticipa: tirar todas las cartas sobre la mesa en la cuenta pública, cerrar los ojos y esperar el impacto. Si se contiene y ofrece un discurso realista, su flanco izquierdo lo desacreditará por insuficiencia servil. Si extrema su posición y ofrece un discurso expansivo, será deslegitimado por los moderados que entienden bien que nada bueno puede nacer de promesas imposibles.

Esta es la última vez que la gente estará dispuesta a escuchar al Presidente con atención. Después del primero de junio, se dará vuelta la página, y lo menos importante pasará a ser la agenda del gobierno. Y con justa razón, si ha sido incapaz de entregar ni lo más mínimo de lo prometido ni lo más mínimo de lo esperado.

Es lamentable, pero es la cosecha de lo sembrado.

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