¿Qué podemos esperar hacia adelante? “Lo primero tiene que ver con el ambiente político. Está muy tóxico. La elección del presidente del Senado y las acusaciones de traición, de puñaladas por la espalda, de desafección, son serias y creo que ese ambiente tóxico va a afectar la manera en cómo se relacionarán los parlamentarios de las distintas facciones entre sí, y también con el gobierno. Y se vuelve a demostrar que la derecha está en un naufragio serio donde no hay botes salvavidas ni dónde agarrarse y eso va a afectar la manera en que se van a ir desarrollando las distintas cosas”.
Los grandes desafíos de esta administración. “El número uno es la violencia. El gobierno ha empezado con un acto simbólico que es retirar 139 querellas por la ley de seguridad interior del estado. Vamos a ver si esto va bien o mal. En el pasado han habido administraciones que entraron con este tipo de medidas de indultar o dar amnistía y esas experiencias no todas terminaron bien, esperemos que en este caso sea una excepción”.
Expectativas: “Se han manifestado grandes expectativas con este nuevo gobierno, especialmente de las generaciones jóvenes, y creo que uno de los roles más importantes que va a tener que jugar el Presidente, con su ascendencia y su articulación y la manera clara que tiene de decir las cosas, es bajar las expectativas y plantearle al pueblo chileno que un proceso de cambio y de transformaciones, como el propuesto en el programa de gobierno, es un proceso más que un cambio de una vez y para siempre. Creo que el Presidente lo entiende y casi todo o todo su gabinete también, pero hay que transmitirlo a la sociedad”.
Relación con el Congreso y estilo de negociación. “Por un tiempo, eso va a depender de qué pasa con la Convención, van a tener que operar en un Congreso donde no tienen mayoría, y donde la derecha tiene la posibilidad de trancar todo (…) Si a eso le sumamos las humillaciones permanentes y recurrentes de parte de los partidarios de Apruebo Dignidad a la Democracia Cristiana, se puede ver muy difícil la situación en el Parlamento, y aquí vamos a ver si hay capacidad de maniobra, negociación y acuerdos que sea suficientemente profunda de parte del Presidente y su gabinete, especialmente de Giorgio Jackson. Lo paradójico es que para avanzar con el programa, van a necesitar acuerdos, cuando es este un grupo político que ha surgido denunciando la política de acuerdos. Y van a tener que hacerlo. La pregunta es si algo de esto va a ser en privado o no, y una vez que suceda, como casi todas las negociaciones serias tienen que ser parte en privado, si van a ser acusados de la cocina”.
La Convención sigue su paso. “Un escenario que no hay que descartar es que este gobierno no va a poder hacer prácticamente nada relacionado con el programa para dedicarse a pasar leyes que hagan operativa la nueva Constitución. Es decir, un proceso de instalación administrativa que dure cuatro años o cinco años y que va a pasar al próximo gobierno, porque los cambios constitucionales son tan profundos, los que se están viendo, y algunos de los que ya han sido aprobados y que han ido al borrador de la Constitución, que hacerlos operativos, por medio de leyes, reglamentos, instructivos, va a tomar mucho tiempo. Los historiadores constitucionales con los que yo he hablado dicen que la del 25, que era mucho menos radical, o mucho menos profundo el cambio que la actual. Tomó siete años en ser una constitución operativa, por tanto ese escenario no se descarta”.
Extensión de plazos para constituyentes. “Mi posición es que la Convención debiera pedir un nuevo plazo, y que el Senado debiera negárselo, y tendríamos entonces una situación muy simple: ‘quiero más’ y te dicen ‘no, no pueden tener más y van a tener que arreglarlo dentro de los plazos que hay’. Se ha planteado que algunas comisiones sigan funcionando en paralelo, por lo menos por una o dos semanas, con la comisión de armonización. Pero si fuera un asesor del Congreso diría ‘no les den mas tiempo’ y si fuera un asesor de la Convención diría ‘de todas maneras pidan una extensión'”.
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