Patricio Fernández: “Si la Convención necesita más tiempo no sería una tragedia”

Marcelo Soto

El escritor y convencional Patricio Fernández, de la Lista del Apruebo (centroizquierda), desdramatiza la posibilidad de alargar el plazo de la Convención. “De momento no estamos atrasados, pero sí sumamente presionados. Esa es la realidad”, dice. Este domingo el Presidente señaló que extender el tiempo es una salida indeseable.


-¿Te has sentido frustrado con el resultado del proceso constituyente?

-Ha sido un proceso arduo y difícil. Porque no responde a los tradicionales moldes de la política, no arranca con grupos sólidos ni coherentes. Tampoco tiene liderazgos. Acarrea deudas y rabias del estallido social. Nace en un momento en que están apareciendo nuevas causas como derechos de la mujer, ecología y pueblos originarios. O sea, es un ámbito complejo, donde la Convención está experimentando e inventando maneras de resolver estos nuevos temas. Y no siempre acierta. Por lo tanto, ¿es interesante? Sí. ¿Es cansador? Extraordinariamente.

-¿Estás de acuerdo con que se aumente el plazo?

-Los plazos están muy apretados, pero yo invitaría a poner la carreta detrás de los bueyes. Debemos decidir si falta alguna instancia para mirar en conjunto el proyecto constitucional entero, si necesitamos alguna instancia de diálogo político que nos permita levantar la cabeza y salir de los temas muy puntuales en los que cada convencional está metido. Para darles coherencia, para armonizarlos.

Esta última palabra permite pensar que esa instancia podría ser la comisión de armonización. Pero al día de hoy, la comisión no tiene las atribuciones requeridas para hacer esto. Es posible que se requiera una instancia que no tenemos para aunar, afinar, cohesionar el texto constitucional. Si la Convención necesita más tiempo no sería una tragedia. De momento no estamos atrasados, pero sí sumamente presionados. Esa es la realidad.

-Decías que estaban inventando nuevas soluciones. ¿No se está inventando demasiado quizá?

-Fórmulas novedosas se están buscando en tanto hay nuevas realidades culturales y sociales. Esa es la razón de una nueva Constitución. ¿Vale la pena volver a inventar la rueda respecto de soluciones largamente encontradas y experimentadas? No. Pero tenemos problemas que no han sido abordados. Esas nuevas realidades formarán parte del acuerdo que muchos desean.

-¿Debería mirarse más la tradición constitucional chilena y la experiencia comparada?

-Muchas de las cosas de la tradición constitucional chilena van a continuar. Pero en cualquier lugar de Occidente, donde hoy se viva un proceso constituyente se van a tener que abordar temas como los que estamos abordando. Es la razón por la que tantos desde afuera de Chile están mirando con interés nuestro proceso. A mí me toca conversar con politólogos, profesores universitarios, periodistas, etc. de Europa y América Latina de manera permanente. Nos miran porque estamos haciendo un proceso que se da en un tiempo de gran transformación cultural.

-¿Cuál es la responsabilidad del presidente Boric con la Convención?

-El gobierno de Gabriel Boric es un gobierno cómplice de este proceso, el mandatario se la jugó por su existencia en contra de muchas fuerzas de su propia coalición. El presidente Boric representa y encarna este cambio epocal. Su juventud representa un mundo que irrumpe y otro que va quedando atrás.

En paralelo se produce la discusión constituyente. La gran tarea de Gabriel Boric es justamente iniciar este nuevo pacto, este nuevo acuerdo, la incorporación de estos nuevos temas, un nuevo ciclo político en Chile. De manera que no es indiferente para el gobierno lo que acontezca en la Convención. Ciertamente no tiene atribuciones para mandar en la Convención, pero sí puede ofrecerse para colaborar en muchos ámbitos.

-¿Cómo está la relación entre las distintas fuerzas políticas al interior de la Convención? ¿Es fluida o está un poco fracturada?

-Una de las cosas que echo de menos es que haya más espacio para esa relación entre las distintas fuerzas políticas. Muy pocos se dan cuenta de esto: el funcionamiento real de la Convención está produciéndose de tal manera, por el apuro, por la prisa, por la entrega de informes de las comisiones, por la cantidad de plenos que estamos teniendo cada semana para votar, por las jornadas muchas veces de 15 horas de votaciones ininterrumpidas, que le está dejando muy poco espacio a esa interacción entre las fuerzas políticas.

La respuesta real no es si las normas están buenas o malas, sino que requieren más espacio de diálogo para producirse. Si hay un ámbito luminoso que se puede reconocer en la Convención es la actuación del pleno. El pleno con sus dos tercios es el que pone la pelota en el piso y muchas de esas ideas que a veces rompen con el sentido común, que producen escándalo, que generan titulares, muchas de ellas han quedado en el camino abandonadas por el pleno. Dicho eso, lo que produce el pleno tiene poco espacio de traducción en el resto de las instancias de la Convención.

-¿En qué sentido? ¿No se respeta la voluntad de la mayoría cuando una norma vuelve a la Comisión?

-Se rechaza algo en el pleno, vuelve a la comisión y esa comisión no sé cuántas posibilidades tenga de buscar honestamente la traducción de lo que quiso decir el pleno. Faltan espacios en la Convención para traducir las normas según la voluntad de la mayoría. Esa es mi preocupación, más que el plazo.

-Por ejemplo, en tu comisión de Derechos Fundamentales la mayoría de las normas fueron rechazadas. ¿A qué se debe?

-En todas las comisiones la mayoría de las normas ha sido rechazada. En el caso de nuestra comisión, hubo un bloque completo que la comisión había acordado rechazar, porque al momento de entregarlas había faltado el tiempo y las instancias para repararlas y desarrollarlas como le hubiera gustado a la comisión. Todo lo que se refiere al debido proceso. Terminó interrumpido porque hubo malentendidos y una manera de hacer indicaciones que no correspondían y todo ese bloque fue decidido por los mismos miembros de la Comisión rechazarlo y ahora se está discutiendo que ese bloque que pase a otra comisión, porque no vamos a tener el tiempo de hacerlo con los plazos existentes.

Lo mismo pasó con las normas que se refieren a propiedad indígena, no tuvimos tiempo para discutirlas. Y se acordó que las íbamos a rechazar y bajo condición de que los miembros de los escaños originarios no la iban a festejar, porque el acuerdo tomado es una discusión abierta y no es esta la norma que lo soluciona. Y así sucesivamente.

-La norma del aborto fue aprobada en general, ¿no crees que debería ser materia de ley?

-Pienso que el aborto puntual es materia de ley. Pero una de las más grandes fuerzas que hay al interior de la Convención y yo diría la mayor fuerza de transformación social que estamos viviendo en estos tiempos es el avance en los derechos de las mujeres. Es algo equivalente al fin de la esclavitud.

Por lo tanto, en esa fuerza que irrumpe la capacidad de las mujeres de decidir sobre su cuerpo es esencial. Si yo desde un pupitre tuviera que decidir su lugar a mí me parece bastante evidente que el tema del aborto debiera ser una norma legal y que el tema constitucional incluya un principio mayor.

-Desde fuera se ve que el tema de los pueblos originarios tiene mucha presencia. ¿Hay una sobre representación?

-Hay un desequilibrio, pero que es hijo de desequilibrios anteriores. Entonces se produce evidentemente una sobre reacción. Es uno de los temas que vamos a tener que ir ecualizando y que también requeriría un tratamiento en esta instancia que insisto que necesitamos de mirar a la Constitución en su conjunto, entre distintas fuerzas políticas que tienen que constituir un espacio de diálogo. Porque por supuesto que cada norma no necesita la especificación del matiz indígena. Y eso lo saben muchos de los miembros de los escaños originarios. Pero empiezan aparecer de manera reiterativa como una manera de visualizar algo que ha sido invisibilizado.

Por lo tanto es un tema que relampaguea, como con una presencia desequilibrada respecto a lo que es la sociedad chilena en su conjunto. Yo comparto esa impresión, entiendo de dónde viene, y tengo la preocupación de que veamos cómo establecerlo de modo coherente.

-¿Te inquieta que aumente la opción Rechazo en algunas encuestas?

-Seguimos siendo por lejos la institución con más respaldo en la sociedad chilena. La institución política que genera más simpatía. Por supuesto que me preocupa cualquier atisbo de aumento de Rechazo porque la Constitución que estamos preparando se la vamos a ofrecer y proponer a los chilenos. No es una Constitución que nosotros les estemos imponiendo a los chilenos. Por lo tanto va  ser efectiva, va a cumplir su función de constructora de estabilidad, cohesión, y paz social, en la medida que concita las más grandes mayorías de apoyo.

 

 

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