ONU: Por qué solo un Gobierno de derechas podría salvar a Bachelet. Por Jorge Schaulsohn

Ex-Ante

Lo más inexplicable de la precipitación y torpeza con la que actuó el presidente Boric es que lo único que podría viabilizar la opción de Bachelet es un diálogo constructivo con EE.UU. en un gobierno de derechas, de Kast o Matthei. La puesta en escena del mandatario en la ONU, y también de la candidata, tampoco ayudaron.


Mal comienzo. El lanzamiento de la postulación de Michelle Bachelet a secretaría general de Naciones Unidas, por el presidente Gabriel Boric , fue un grave error político que complica aún más la precaria situación que enfrenta la candidata.

  • Al efectuar el anuncio ante la Asamblea General, sin diálogo previo con la oposición chilena ni una estrategia concertada, la transformó, de facto, en la candidata oficial de su gobierno y de su sector, en circunstancias que a lo que se debe aspirar es que se proyecte como una figura de consenso amplio, avalada por su trayectoria y desempeño en la misma organización.
  • Así, quedó instalada en el ambiente internacional como una candidatura “progresista” que toma distancia de la administración norteamericana.
  • Lamentablemente, la candidata tampoco ayudó mucho al participar como invitada estelar en un encuentro sobre la “defensa de la democracia”, similar al que se celebró en Santiago hace unos meses, junto a mandatarios de izquierda, tales como Petro, Lula y Sánchez.
  • La reunión que fue coordinada nada menos que por Giorgio Jackson, el “gurú en el exilio” del FA con redes profundas con la ultraizquierda española representada por Podemos, cuyos lazos con el chavismo y Cuba son ampliamente conocidos.

Panorama electoral. En el papel, la expresidenta posee atributos innegables; fue la primera mujer en llegar a la presidencia dos veces, sirvió como alta comisionada para los derechos humanos de la ONU y su figura respetada en foros internacionales.

  • Sin embargo, cuando se pasa del currículo a las variables geopolíticas, el panorama se torna mucho menos favorable.
  • La elección del secretario general es formalmente realizada por la asamblea, pero en la práctica es el Consejo de Seguridad quien tiene la llave. Cualquiera de los cinco miembros permanentes, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido puede vetar un nombre.
  • Washington ha sido históricamente decisivo para frenar candidaturas que percibe como hostiles a sus intereses, incluso cuando provienen de países amigos. Ejemplos sobran.
  • En 1981 vetó a Kurt Waldheim para un tercer mandato por considerarlo demasiado independiente, lo que abrió el camino a Javier Pérez de Cuéllar. En 1996, bloqueó la reelección de Boutros Boutros-Ghali a pesar del apoyo mayoritario, acusándolo de mala gestión. En 2006, hizo saber que no apoyaría a Surakiart Sathirathai, el candidato tailandés respaldado por China, por considerarlo demasiado cercano a Beijing.
  • Esos antecedentes muestran cuán activa-y letal- puede ser la diplomacia estadounidense.
  • Todo lo cual se multiplica bajo la administración actual que, como sabemos, está en una especie de “guerra santa” en contra de todo lo que representa, desde un punto de vista cultural, político, ideológico y valórico el gobierno de Boric y Michelle Bachelet.

Boric no ayuda. Desde luego el que Gabriel Boric haya lanzado la propuesta es, literalmente, partir con el pie izquierdo. Sabido es que nuestro presidente viene “tocándole la oreja” Trump, criticando de la manera más acerva su gestión en el tema migratorio, arancelario, e internacional, insinuando, no sin fundamento-como dijo Lula- que estamos ante un “aspirante a dictador”.

  • Además, lo hizo como parte de un “encendido” discurso, en el que exigió, hablando en primera persona, cárcel para Benjamín Netanyahu, partiendo aguas con Estados Unidos en un tema crucial.
  • Esa puesta en escena, como era de esperar, cayó muy mal  en el Partido Republicano, en la poderosa comunidad judía estadounidense y en el gobierno israelí, que ostentan un nivel   de cercanía y complicidad con Trump nunca antes  visto.
  • Tampoco ayuda que la ONU atraviese una crisis de relevancia, con un Consejo de Seguridad paralizado por el enfrentamiento entre Occidente y Rusia por Ucrania, y por el ascenso de China.
  • En un mundo cada vez más polarizado no solo en el frente geopolítico, sino que también en el económico, donde EE.UU. cuestiona abiertamente el libre comercio, imponiendo aranceles, e interviene a favor de las derechas en la política europea y latinoamericana, no es razonable pensar que aceptará que una figura que encarna los valores y principios de la izquierda se apropie del “pulpito” de la ONU.
  • Es cierto, Bachelet podría encontrar apoyos significativos; Europa que valora su perfil de centro izquierda y su defensa de los derechos humanos; África y Asia podrían ver con simpatía a una mujer del Sur Global con experiencia ejecutiva y también algunos países latinoamericanos.
  • China y Rusia incluso podrían jugar la “carta Bachelet” para incomodar a Trump. Pero sin su visto bueno o, al menos, su abstención, no hay elección posible.

El frente interno. Bachelet podría terminar convirtiéndose en una figura útil para expresar descontento con el statu quo, una candidatura testimonial; que, salvo un giro “copernicano” de Donald Trump, pareciera estar destinada a al fracaso.

  • También hay que considerar la política interna; estamos ad-portas de una elección parlamentaria y presidencial y ya han surgido voces que acusan al presidente de hacer el anuncio para “convertir a Bachelet en munición de campaña” “para golpear a la derecha” y darle un protagonismo mediático en la recta final de la campaña electoral.
  • La apuesta del gobierno es presentar la postulación una empresa “patriótica” presionando los candidatos presidenciales para que la apoyen, poniéndolos en un aprieto del que se pueda sacar alguna ventaja electoral.
  • En resumen, Bachelet tiene credenciales de sobra y un prestigio internacional indiscutible, pero sus posibilidades reales de resultar electa son bajas mientras EE.UU. mantenga el veto. Para que su candidatura pudiese prosperar se necesitaría una operación diplomática de alto nivel, capaz de tender puentes con Washington y reducir la percepción de sesgo ideológico.
  • Pero para este gobierno es misión imposible. De lo que surge una gran paradoja, que hace aún más inexplicable la precipitación y torpeza con la que actuó el presidente: lo único que podría viabilizar la opción de Bachelet es un diálogo constructivo con EE.UU. en un gobierno de derechas, encabezado por Kast o Matthei.
  • Ahí la “llave” la tendrían justamente aquellos a los decidió ignorar.

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