Marzo 5, 2022

Noam Titelman (RD): “El principal peligro de frustración de expectativas de Boric es con los militantes”

Marcelo Soto

El economista Noam Titelman, candidato a doctor en la London School of Economics and Political Science y uno de los fundadores del Frente Amplio, aborda la llegada de Boric a La Moneda, el próximo 11 de marzo, y dice que en la Convención “a ratos le ha costado a la izquierda ser un ganador astuto, un buen ganador, que le permite al adversario tener victorias simbólicas”.

-Se dice que los primeros cien días de un gobierno son claves para comunicar el estilo y las prioridades. ¿Qué debería hacer Gabriel Boric?

-En general, es verdad que no hay una segunda oportunidad para dar una primera impresión. Sin embargo, creo que hace tiempos no tenemos un presidente que viene con una imagen tan cargada en la opinión pública, por su trayectoria y lo espectacular de su camino a la Moneda. En ese sentido, creo que estos 100 días sería ideal que el foco estuviera en los ministros. Sobre todo, que la atención esté en consolidar el liderazgo de Siches con algunas victorias rápidas. Un hito importante, en este sentido, podría ser presentar el plan de manejo de la crisis migratoria en el Norte y los primero pasos para fortalecer el control fronterizo.

-Un tema complejo es el de las expectativas. ¿Hay que bajarlas? ¿Cuál es la manera de hacerlo?

-Tengo la impresión de que la mayoría de las personas son bastante más realistas de lo que los análisis en general suponen. Si el gobierno logra sacar adelante una buena reforma de pensiones y salud, la enorme mayoría de la ciudadanía reconocerá el importantísimo avance que eso implica, sobre todo si hay algún avance en la situación migratoria en el norte y el conflicto en la Araucanía. El principal peligro de frustración de expectativas es, más bien, con el grupo más activo políticamente, los militantes y la sociedad organizada. Ellos podrían ver como un fracaso no alcanzar las otras 51 prioridades que se incluyeron en el programa. Sin embargo, con 5 senadores y 37 diputados, más que moderación, es simple realismo darse cuenta de que va a tener que haber un proceso de priorización. Como dijo el presidente electo en su discurso de victoria, se va a tener que avanzar paso a paso para no desbarrancarse

-La última encuesta de Criteria concluyó que el tema económico es una preocupación central. Ha empeorado la percepción sobre el futuro y el salario mínimo de 500 mil pesos surge como una de las principales demandas. ¿Habrá una presión constante al ministro Mario Marcel, quien defiende la disciplina fiscal?

-Me parece que la responsabilidad fiscal es un consenso transversal en el gobierno, aunque obviamente le toca al ministro de Hacienda jugar el rol del pesado con la billetera. El compromiso de equilibrio fiscal que estableció el presidente electo implica que la recaudación viene de la mano con el gasto público. Es decir, la reforma tributaria va a definir en gran medida el margen de acción del gobierno, más allá de la figura de Marcel.

-Izkia Siches es la primera mujer que será ministra del Interior. Y asume una de las carteras más difíciles. ¿Debe ser el orden público uno de los ejes del nuevo gobierno? ¿Cómo lidiar con las protestas de los viernes en Plaza Italia?

-Siches ha terminado asumiendo el ministerio más difícil y, quizás, el más decisivo para el éxito del gobierno. En ese sentido es una responsabilidad importante, que trae riesgos, pero, a la vez, grandes posibilidades si es exitosa.

No hay recetas mágicas en esto, pese a que siempre habrá políticos oportunistas prometiéndolas. Habrá que buscar orden y seguridad pública, haciendo respetar la ley y los protocolos de carabineros, con especial resguardo de que no se acometan los atropellos a derechos humanos que ocurrieron previamente, como lo consignan cuatro informes internacionales.

-Sin duda, uno de los temas más relevantes es la situación en La Araucanía. Uno de los desafíos es cómo conciliar la seguridad en la zona con un proceso de paz. ¿Boric debe liderar un diálogo con todos los implicados, aun si apoyan la violencia?

-Primero, la situación en la Araucanía está tan mal hoy, que cualquier avance, por mínimo que sea, tiene el potencial de ser una victoria significativa para la gestión de gobierno. Segundo, es importante tener la capacidad de hacer dos cosas simultáneamente.

Por un lado, hay que recordar que la paz se hace con enemigos, no con amigos. Eso quiere decir que hay que estar disponible a dialogar con todos los que estén dispuestos a seguir un camino de paz. Todos. Esas conversaciones pueden comenzar con acuerdos de corto plazo de diálogos que se dan en el marco de treguas temporales y avanzar hacia acuerdos permanentes.

Por otro lado, a la vez que se muestra un decidido esfuerzo por el dialogo, se debe tener una mano firme para detener la violencia política y, sobre todo, la derechamente delictual, que se aprovecha del contexto, sin interés en avanzar en las demandas mapuche. En este sentido, el gran desafío es generar un trabajo de inteligencia que realmente impacte estas orgánicas, en lugar de la fuerza bruta que reprime sin distinción y que, muchas veces, termina debilitando a los actores interesados en dialogar. Cada comunero mapuche muerto es una inyección de fuerza a los que no quieren llegar a acuerdos y un golpe a los que sí lo quieren.

-La Convención es otro tema candente. ¿La suerte del gobierno está de alguna manera atada al éxito o fracaso del proceso constituyente?

-La firma de Gabriel Boric está en el acuerdo que dio origen al proceso constituyente. Si todo sale bien, su firma estará en el nuevo texto constitucional. Por cierto que su trayectoria política está íntimamente ligada a la de la nueva constitución.

Ahora discrepo de los que llaman a que el presidente asuma una posición en las discusiones sobre el contenido constitucional. En estos momentos hay una serie de convencionales de la derecha que está haciendo ese llamado porque asumen que sus posturas serán más cercanas a las suyas. Sospecho que mañana si las posiciones del presidente no son las de esos mismo convencionales, estos pondrán el grito en el aire por el “intervencionismo presidencial”. No. Es una muy mala idea que el presidente Boric se involucre en la discusión sobre el contenido constitucional.

Otra cosa es la discusión por las formas y procedimiento del proceso constituyente. Por ejemplo, si se llega a la conclusión de que una extensión de plazo es necesaria para el proceso, podría tener sentido que el presidente asuma una posición al respecto. Sobre todo, dado que esa discusión se trasladaría al congreso.

Giorgio Jackson dijo en Uruguay que algunas ideas de la Convención eran “loquísimas y caricaturizables”. ¿Estás de acuerdo?

-El sistema de definición de normativas constitucionales fomenta que se presente una gran diversidad de propuestas y, dado que en las comisiones no se pide 2/3, que varias lleguen al pleno. El problema es que algunos constituyentes han aprovechado esa instancia para validarse ante sus bases, poner temas de discusión en el debate público y acrecentar su presencia mediática. Todo esto con plena conciencia de que no hay ninguna posibilidad de que las propuestas maximalistas pasen el filtro de 2/3 en el pleno. Piénsense en la propuesta de la constituyente que quería disolver todos los poderes del Estado y que fue rechazada unánimemente en la comisión o el informe de la comisión de medio ambiente que fue rechazado casi en su totalidad en el pleno, ya sea en la votación general o en particular.

El problema de eso es que en el proceso han generado un daño comunicacional importante, abriendo la puerta para una reacción que apunta a esas propuestas como excusa para apoyar el rechazo. Además, no tengo duda que estos episodios serán una parte central de la campaña del rechazo cuando sea el plebiscito de salida, aún cuando ninguna de esas mociones será aprobada.

-Por su parte, el analista Cristián Valdivieso plantea que a Boric no le conviene una constitución que sea vista por la ciudadanía como un texto de la izquierda y los pueblos originarios. ¿Se debe evitar ese sesgo en el texto?

-Lo importante es que nadie sienta que en el texto perdió tanto que no tiene sentido competir en las próximas elecciones y, de la misma forma, que nadie sienta que ganó tanto que da lo mismo lo que pase en las próxima elecciones. Es decir, un texto que permita que buena parte de la cancha esté abierta para la política y el debate democrático. Que el gobierno de cualquier signo pueda desplegar plenamente su agenda.

Ese es el desafío que se le presenta a los constituyentes. Una constitución tiene que ser de todos los chilenos y chilenas y eso implica que, a veces, hay que saber querer a ese pueblo incluso más de lo que se quiere a la ideología propia

Ahora bien, quiero matizar con algunas voces más alarmistas. Hasta el momento, no hay nada que haya alcanzado los 2/3 que pueda decirse que pone en riesgo que esta constitución abierta, en que cualquier gobierno puede desplegar plenamente su agenda. Lo que sí ha ocurrido en el pleno es que a ratos le ha costado a la izquierda ser un ganador astuto, un “buen ganador”, que le permite al adversario tener victorias simbólicas.

Un gran ejemplo de esto es todo lo que ha ocurrido con los cambios de nombres instaurados en la constitución. Es evidente que cambiar el nombre del poder judicial a “sistemas de justicia” no tiene ningún impacto real. Cuando algunos constituyentes de derecha empezaron a alegar por ello, un fuerza política que sepa ganar, se habría dado cuenta que entregarles a los adversarios el nombre del sistema –mantenerlo como “poder judicial”– no costaba nada y validaba los cambios sustanciales. Claramente no fue eso lo que ocurrió.

Todavía confío que la regla de 2/3 asegurará un texto que sea sustancialmente equilibrado, pero es importante que también tenga un equilibrio simbólico. Por suerte hay muchas oportunidades todavía para entregar esas victorias simbólicas, que creo que será fundamental para que la derecha se siente reflejada en el texto constitucional.

-La asunción de Boric en el gobierno representa la llegada de una nueva generación. ¿Qué experiencias o definiciones la caracterizan? ¿Qué han aprendido en estos años en que varios han ejercido puestos de poder o en la academia?

-Ojo con sobredimensionar lo generacional. Un gobierno no puede o no debiese ser un proyecto generacional. De hecho, un gran acierto del gabinete es que buscó encontrar un equilibrio entre varias generaciones, como se ve reflejado en el hecho de que la edad promedio sea 49 años, la misma edad promedio del gabinete de Piñera y más alta que la de Lagos.

Por otro lado, lo que es innegable es que hay una renovación de la dirigencia política materializada en ese gabinete, con una gran presencia de dirigentes que tienen un perfil académico o de militancias sociales. Tal vez ese sea el mayor aporte o aprendizaje que pueden hacer desde su trayectoria. Incorporar en una política que ha tendido a ser bastante endogámica una perspectiva que combine los conocimientos técnicos de la académica con los saberes de la movilización social. En cualquier caso, también fue un acierto no menospreciar el valor de la formación política, incluyendo personas bastante fogueadas en política.

-Algunos cientistas políticos recomiendan que un nuevo gobierno debe tener gestos conciliadores con el anterior, para generar un mejor clima político. ¿Qué rescatas del gobierno de Piñera?

-Además de lo obvio, en términos de manejo de la adquisición y gestión de las vacunas, creo que en Chile no dimensionamos lo valioso que es tener transiciones de gobierno de signos opuestos llevados a cabo no solo pacíficamente, sino que ordenadamente, con un sello republicano que antepone el bien nacional, por sobre los intereses personales o de sectores políticos. Por cierto, rescato esa disposición del gobierno de Piñera que desde el día mismo de las elecciones se puso a trabajar para que la transición se haga como corresponde.

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