Agosto 11, 2022

La gran cocina por el Apruebo: Ganar a toda costa. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante
Crédito: Agencia Uno.

En todo lo de fondo, el acuerdo es malo. No toca todos los temas importantes y aun si se implementara, tal como se propone, tampoco garantizaría funcionalidad. Como dice el viejo refrán: “muchos cocineros estropean el caldo”. En este caso, es evidente que se podrían arreglar algunas cosas puntuales después del plebiscito, pero el texto definitivo solo resultaría en algo más incoherente, confuso y contradictorio de lo que ya es.


Una de las cosas que queda clara después de la presentación del acuerdo oficialista por el Apruebo es que la nueva Constitución es mala. A nadie le gusta, ni a los jefes de los partidos políticos que redactaron el documento. El chiste se cuenta solo, si la propuesta fuera mínimamente aceptable, los partidos del gobierno no se estarían poniendo de acuerdo para cambiar sus pilares fundamentales.

En el fondo, lo que están diciendo los presidentes de los partidos, los senadores, los diputados, los alcaldes, los concejales y todos los demás dirigentes políticos que redactaron el acuerdo o sonrieron para la foto en su presentación, es que la propuesta constitucional no solo es deficiente en lo fundamental, sino que además es peligrosa para el país. Admiten que es tan peligrosa, que de aprobarse tendría que modificarse de inmediato.

Lo que no dicen, pero que es obvio, es que quienes harían las modificaciones serían ellos mismos. Es decir, quienes hace tan solo dos semanas decían que el texto había que aprobarlo sin modificaciones, hoy dicen no solo que tendría que hacerse con modificaciones, sino que dicen que las modificaciones las tendrían que hacer ellos mismos. Dicho de otra forma, piden que las personas voten por un texto malo para que luego lo arreglen ellos.

No dicen que tienen que participar expertos (la opción favorita de los ciudadanos), ni tampoco dicen que tienen que participar los vecinos (lo que fue la condición sine qua non para comenzar con el proceso). Dicen que lo harán ellos mismos. Es decir, en la cocina política. Increíble pero cierto. Sugieren que los arreglos fundamentales se harán entre cuatro paredes, entre gallos y medianoche, en un gran negociado político a costo de quién sabe qué cosa.

El problema no es si uno está a favor o en contra de que sean las instituciones vigentes las que contribuyan a arreglar el problema, sino que es el asunto de fondo: ¿por qué se les ofrece a las personas una solución que ya se descartó, y que evidentemente no quieren? Si lo que condujo al estallido social fue la poca confianza en las instituciones políticas, ¿por qué ahora solo se les ofrece eso como salida?

La verdad es que quienes buscan empujar la mala propuesta constitucional están arrinconados y sin opciones. La lista de temas que prometen arreglar no es lo que genuinamente quieren arreglar, es una lista de supermercado de lo que creen podría ser útil prometer para ganar la elección. El acuerdo oficialista por el Apruebo no es más que un truco que refleja todas las preocupaciones que enumeran los chilenos cuando admiten que están por el Rechazo.

El acuerdo oficialista es marketing, puro y duro. Una promesa de resolver demandas con una oferta inexistente. Si se aprueba el documento, ¿quién asegure que se reparen todos los temas que están en la lista de supermercado? Pues bien, nadie. Es una promesa que volará con el viento apenas gane el Apruebo. Nadie puede asegurar que se llegará a acuerdos en la cocina, ni menos que si se llega a un acuerdo, los senadores y diputados se alineen con aquello.

Además, es evidente que el esfuerzo no apunta a mejorar el documento para evitar que la nueva Constitución conduzca al país al descalabro. Es evidente que apunta derechamente a ganar la elección. El presidente del PC, Guillermo Teillier, así lo confirma. El lunes, en una entrevista, dijo que “el 99% de la nueva Constitución se debe mantener”, y el jueves, en la presentación del acuerdo oficialista, dijo que “no se puede garantizar que los cambios se hagan”.

En todo lo de fondo, el acuerdo es malo. No toca todos los temas importantes y aun si se implementara, tal como se propone, tampoco garantizaría funcionalidad. Como dice el viejo refrán: “muchos cocineros estropean el caldo”. En este caso, es evidente que se podrían arreglar algunas cosas puntuales después del plebiscito, pero el texto definitivo solo resultaría en algo más incoherente, confuso y contradictorio de lo que ya es.

La gente rechaza el texto porque es malo. La gente entiende los problemas que traería. Y sobre eso, sobre los problemas de fondo que traería la nueva Constitución, no se ha dicho nada. El acuerdo solo busca ganar la elección prometiéndole a la gente lo que quiere que le prometan. Incluso si el acuerdo logra mover la aguja, y el Apruebo gana al final, los problemas que arrastraría el documento serían paralizantes.

Cuando una obra pública, como un puente, una casa, o una carretera, se hace mal, se demuele, se desmantela o se destruye y se hace de nuevo. Esa es la norma, pues el costo de dejar algo deficiente en su lugar es mucho más alto que comenzar a hacerlo de cero. Excepto, al parecer, en el caso de la nueva Constitución, la cual a pesar ser una obra peligrosamente mal hecha, podría confirmarse en su lugar.

Pedirle a la gente votar Apruebo, sabiendo que el texto está mal hecho, es prácticamente una negligencia a este punto. Si los políticos dijeran que el texto está bueno, que está perfecto, y que sirve para llevar al país al desarrollo y la igualdad, esteraríamos en otro lugar. Pero considerando que hasta el oficialismo considera que el texto está mal hecho, estamos aquí. Por lo mismo, probablemente a este punto conviene echar todo abajo y partir de cero.

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