En el arte japonés del kintsugi, una pieza de cerámica rota no se bota a la basura ni se intenta ocultar las fracturas. Se repara uniendo los trozos con una mezcla de laca y oro. Las grietas quedan a la vista y la pieza termina siendo distinta, pero más sólida y valiosa que la original. La belleza no está en negar el quiebre, sino en cómo se reordenan las piezas fracturadas.
Chile se encuentra en un punto similar. José Antonio Kast ganó la segunda vuelta con una ventaja de más de 16 puntos sobre Jeannette Jara, imponiéndose en todas las regiones, con apoyos transversales por género y edad. No se trata solo de un cambio de signo político, es un mandato claro para recomponer un país que llega con trizaduras.
Su primer discurso fue coherente con ese diagnóstico: tono prudente, distancia de cualquier impulso refundacional y un mensaje que probablemente marcará su período: “no nos pidan milagros, pídanos energía”. A eso sumó gestos relevantes, como pedir respeto por su contendora y anunciar que renunciará a su militancia en Republicanos para encabezar un proyecto país más amplio. Son señales de un liderazgo consciente tanto del mandato recibido como de la profundidad de las fracturas.
Es aquí donde la metáfora del kintsugi se vuelve útil. El país que recibe el próximo gobierno no es una pieza intacta que solo requiere pulido: es una cerámica con golpes en seguridad, crecimiento, confianza institucional y acuerdos sociales.
Dónde están las grietas y cómo repararlas
Si tomamos la imagen del kintsugi, el punto de partida es el diagnóstico de las fracturas más visibles. La primera está en seguridad y orden público: reducir la violencia, enfrentar al crimen organizado y ordenar la política migratoria serán pruebas tempranas de la capacidad del nuevo gobierno para convertir el discurso en gestión.
La segunda grieta es el crecimiento y la productividad. Chile acumula varios años de bajo dinamismo, con inversión privada afectada por incertidumbre. El mandato que recibe Kast ofrece una oportunidad para resetear expectativas, pero solo si se materializa en una agenda proinversión, simplificación de permisos y reglas estables.
La tercera fractura es la confianza institucional. Una parte relevante del apoyo al presidente electo proviene de ciudadanos distanciados de la política tradicional. Recuperar esa confianza exigirá un estilo de gobierno que combine claridad en los objetivos con humildad en la ejecución: escuchar, negociar y reconocer límites.
¿Qué tendría que ocurrir para un kintsugi chileno?
Más que el tono, la clave estará en la consistencia entre diagnóstico y ejecución. Un kintsugi político implica aceptar que la pieza original ya no existe, pero que su estructura puede reforzarse manteniendo lo que históricamente funcionó -estabilidad macro, apertura, disciplina fiscal- y corrigiendo desequilibrios acumulados en los últimos años.
Optimismo que depende de lo que hagamos con las grietas
El día después de una elección siempre invita a varios análisis, especialmente cuando el resultado es tan nítido. Pero el kintsugi recuerda algo distinto: las piezas reparadas se sostienen cuando hay decisión, paciencia y precisión en la aplicación del oro, reforzando justamente aquello que estaba debilitado.
Hoy, los datos combinan tres elementos poco habituales: un mandato electoral amplio, un discurso inicial más sobrio y unitario de lo esperado, y una reacción del mercado que expresa un optimismo estratégico respecto del nuevo ciclo. Es una base mejor de la que ha tenido Chile en otros momentos de giro político reciente.
La oportunidad está ahí: usar estos próximos cuatro años para reparar lo roto con criterio, sin negar las fracturas ni idealizar la loza original. Administrar expectativas, cuidar las instituciones y poner la seguridad y crecimiento en el centro será clave para que este período se consolide como una etapa distinta, con sus grietas a la vista, pero reforzada en los puntos donde el país estuvo más cerca de quebrarse.
Eso sería, verdaderamente, un kintsugi chileno.
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Chile ya es irrelevante en el mundo que viene… ¿Queremos seguir siéndolo en 2030? Por Gabriela Salvador. https://t.co/Ior2eWpn3X
— Ex-Ante (@exantecl) December 16, 2025
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