-¿Qué te pareció el cónclave oficialista que se realizó este viernes, a pocos días del final del mandato de Boric?
-En primer lugar, no lo veo como un cónclave de coordinación, como se ha dicho, sino que tiene algunos objetivos específicos que están por debajo. Es La Moneda la que cita al cónclave, y no son los partidos. Eso muestra que hay una intención de proteger a Boric personalmente. Es el Presidente quien elige el escenario, los participantes, la narrativa de lo que fue el cónclave. Hay una suerte de intención de preparar la salida para el presidente para que él termine siendo el líder de la oposición.
Y, en segundo lugar, se buscaba dibujar líneas, armar una narrativa para defender el legado del gobierno, un legado que, por lo demás, es débil. Los mejores argumentos del gobierno son todos defensivos, tiene logros modestos y lo están tratando de inflar. Se tienen que poner de acuerdo en cómo lo van a hacer, porque cuando llegue el gobierno de Kast, las cosas van a empezar a pasar bastante rápido y también va a haber hartas críticas cuando se realicen las auditorías.
-¿Crees también que el cónclave reflejó un cierto ánimo en la coalición? Hubo sillas vacías en el encuentro…
-Claro. Otra cosa que demuestra es que la coalición es débil, y es políticamente muy forzada, incluyendo el Socialismo Democrático y el eje FA-PC. Además, cuatro partidos se bajaron y hay varios problemas. A su vez, también muestra la debilidad del Socialismo Democrático, que volviendo a la mesa manifiesta que están subordinados a la izquierda y que no hay una proyección propia de ese mundo.
La intencionalidad era clara por parte de los partidos. Algunos la aceptaron, otros no. La DC, por ejemplo, no quiso aceptar entrar en esa dinámica. Los partidos chicos también. Aunque son pequeños, son bien importantes, porque son los que decoran la fauna de ese sector.
Y que no estén significa que no quieren sumarse a la narrativa impuesta. No era un momento para ser autocríticos o debatir de cómo iba a ser la futura oposición, sino para recibir instrucciones sobre cuál va a ser la narrativa de los últimos días de gobierno y, sobre todo, desde el 11 de marzo.
-A tu juicio, ¿la ausencia de esos cuatro partidos muestra que el Presidente no logró dejar como legado político una coalición sólida?
-Tiene un legado legislativo que quiere defender, que es muy modesto e inflado, pero a nivel político, si su legado fuese realmente exitoso, se hubiera consolidado un proyecto de largo plazo, y eso no se ve, no existe. Hubo quiebres hasta el último momento, en enero. El PS y el PPD volvieron a sentarse en la mesa, pero eso también parece ser porque no tienen otra alternativa.
Pero, claramente, yo creo que el Presidente tampoco pudo manejar políticamente la coalición, lo que de por sí demuestra que era un proyecto ambicioso, demasiado amplio y eso terminó produciendo quiebres y roces internos que tuvieron efecto en la gobernabilidad.
-Viendo el tono que ha habido en el actual oficialismo, ¿cómo se vislumbra la izquierda en la oposición? ¿Qué papel van a tener?
-Va a ser una oposición de trinchera, agresiva, activa, que va a perseguir, increpar y buscar inconsistencias. No van a contribuir a la gobernabilidad en la forma en que ellos le pidieron a la derecha que lo hiciera.
Ya están delineando eso, incluso en este mismo cónclave están todos los elementos conceptuales del lenguaje que apuntan a que ya tienen un problema a priori, como la idea de la ultraderecha sin límites para referirse al gobierno de Kast; o culpar a Kast de bajarse de la mesa, insultarlo y después pedirle que vuelva. No son las formas que uno esperaría de una oposición constructiva. Es muy difícil que sean una oposición constructiva, porque no está en su naturaleza.
El incentivo de ellos es repetir lo que hicieron en Piñera II, porque eso es lo que les permitió llegar al poder. Y, por lo demás, es algo que hacen muy bien. Son una muy buena oposición y un muy mal oficialismo. Van a volver a un lugar que les queda muy cómodo, despedazando todos los intentos de construcción, buenos o malos, que trate de hacer Kast. Van a entrar desde el principio cuestionando y poniendo dificultades en cada uno de estos intentos.
-¿Crees que Boric tendrá un rol fuerte como líder de la oposición?
-Este conclave apunta en esa dirección. Es una reunión con sus amigos, con el horario y los temas que él quiere, con las personas que él invita. Y, más allá de eso, hay poca oferta en este minuto de personas que puedan tener mayor peso. Creo que va a ser menos relevante para la proyección de Boric su gobierno actual que lo que él haga en los próximos cuatro años. Si vuelve a ser parecido al Boric de Piñera II, va a tener opciones de ganar otra vez.
La pelea interna es interesante, pero solamente en la izquierda, porque -como dije- el Socialismo Democrático no tiene proyección propia, está subordinado a la izquierda y no tiene una figura relevante de renovación, más allá de lo que pueda hacer la dupla Manouchehri-Cicardini. El resto -Paulina Vodanovic, Álvaro Elizalde o Carolina Tohá- son más bien senior.
La izquierda sí tiene más proyección, ahí hay figuras como Tomás Vodanovic y Camila Vallejo, que pueden renovar al sector y disputarle el espacio a Boric. Sin embargo, por el momento, Boric es quien tiene la ventaja. No necesariamente es el mejor candidato, pero entra a la oposición como el más probable sucesor de Kast.
-¿Cómo te parece que debiera lidiar Kast con la futura oposición que describiste?
-Lo primero es hacer lo que dijo que iba a hacer. Él prometió hacer un gobierno de emergencia y tiene que actuar con apremio, e ir rápido resolviendo seguridad, migración, economía y temas sociales. Pero no solamente resolver, sino comunicarlo, para que las personas sientan que el país está avanzando.
Mientras dé resultados, da lo mismo lo que pueda hacer la oposición, porque las personas son honestas en pedir que las cosas se vayan haciendo.
Pero, al mismo tiempo, la oposición va a tratar por todos los canales de mostrar que no hay avance, y va haber una suerte de guerra comunicacional sobre lo que se está haciendo y lo que no. Esa va a ser una de las primeras batallas importantes, no de lo que es sino de lo que se dice. Kast tendrá que ir demostrando y comunicando todo lo que hace.
Lo último es que tiene que tener cuidado con el retorno a las calles. En cuatro años no tuvimos ninguna marcha y el país estaba relativamente pacífico. Todas las personas que coordinaban las marchas estaban ocupadas gobernando, pero ahora van a quedar con un espacio vacío en la agenda y va a haber más cosas que hacer. Los gremios y agrupaciones afines al Gobierno van a tener incentivos para salir a marchar, pero Kast debiese ignorarlos en la medida de lo posible y enfocarse en conseguir resultados.
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