El abogado Jorge Schaulsohn cree que el presidente electo no tiene mucho espacio para la moderación. Dada la contundencia de su triunfo, la ciudadanía “le exigirá que cumpla las promesas hechas durante la campaña y si no lo hace le pasarán la cuenta”, afirma el exdiputado.
-Gabriel Boric tuvo un giro importante hacia la moderación en la segunda vuelta. ¿Debe mantenerlo como futuro presidente?
-El aplastante triunfo de Gabriel Boric, con una extraordinaria participación superior a la del plebiscito de octubre, lo pone entre la espada y la pared. Me explico: La ciudadanía le entregó un mandato categórico para un proyecto de cambios profundos en todos los ámbitos (social, político y económico) y le exigirá que cumpla las promesas hechas durante la campaña y si no lo hace le pasarán la cuenta.
Así las cosas, y más allá de las buenas intenciones del presidente electo, no tendrá mucho espacio para la “moderación” ya que ello necesariamente implica hacer concesiones programáticas importantes, sobre todo dada la naturaleza refundacional del proyecto del Apruebo Dignidad. Boric no se puede dar el lujo de hacer las cosas en la “medida de lo posible”, pues si lo hace podría tener una crisis dentro de su coalición y generar frustración de quienes votaron por él.
-Kast reconoció rápido la derrota. ¿Qué tipo de oposición debe ser la derecha?
-La derecha, mas allá de las palabras de buena crianza, está herida en el ala y no la veo ayudando al presidente electo ni al Partido Comunista a tener éxito en la implementación de un proyecto totalmente incompatible con sus ideas.
-El candidato de izquierda logró una diferencia mayúscula. ¿Hizo una campaña casi perfecta y Kast cometió errores no forzados?
-José Antonio Kast era el peor candidato que la derecha pudo presentar para competir con Boric por sus posturas reaccionarias y ultra conservadoras, sobre todo en temas valóricos que son transversalmente compartidos por la abrumadora mayoría de los chilenos. Sin duda eso contribuyó a la derrota. Dicho eso, la diferencia es tan grande que da para pensar que le habría ganado a cualquiera. “El horno no estaba para bollos”, para que la derecha se repitiera el plato, sobre todo por la pésima evaluación del gobierno de Piñera. Después de todo, las elecciones son siempre un referéndum sobre el gobierno saliente.
-¿Qué se puede esperar de un Boric fortalecido en su relación con la Convención?
-En la partida Boric no tiene las mayorías necesarias para cumplir su programa y como he señalado no veo a la derecha facilitándole las cosas. La única forma que tiene para poder materializar la agenda es cambiar el sistema político, cosa que hoy se debate la Convención Constituyente. Para que pueda avanzar tendría, como mínimo, que eliminar los quórum calificados por que es mucho más fácil lograr una mayoría simple en el congreso; y terminar con el control preventivo de constitucionalidad que hoy ejerce el Tribunal Constitucional.
Tampoco se puede descartar que la nueva Constitución en un artículo transitorio convoque a nuevas elecciones parlamentarias que le permitan al gobierno modificar la correlación de fuerzas en el Congreso capitalizando el enorme respaldo popular que obtuvo en la presidencial. Las relaciones entre el nuevo gobierno y la Convención serán estrechas y podría encontrar eco para que las normas de la nueva Constitución le ayuden viabilizar la implementación de su programa. La izquierda no se puede permitir un fracaso.
Todo dependerá del grado de acuerdos que Boric sea capaz de conseguir en un Congreso empatado y con visiones ideológicas tan distintas, donde la magnitud de las concesiones mutuas que se requieren son extremadamente exigentes.
-¿Cómo crees que será el rol de la “calle” en los próximos cuatro años? ¿Va a ser uno de los dolores de cabeza del nuevo presidente?
-Boric es el producto de la movilización social, por lo que le va a penar al momento de hacer concesiones; existirá en todo momento la posibilidad de que la gente salga a la calle a exigirle que cumpla lo que prometió y no derive en un gobierno parecido a los de la Concertación. El mismo en su discurso así lo pidió; además, no creo que el Partido Comunista, que lleva décadas empujando los cambios que ofreció Apruebo Dignidad, se vaya a exponer a perder su capital político en la vilipendiada democracia de los acuerdos
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