Marzo 11, 2022

Entrevista: Eugenio Tironi y la llegada al poder de la generación de Gabriel Boric

Marcelo Soto

El sociólogo Eugenio Tironi dice que hay interés en el nuevo gobierno, porque representa un modelo distinto. “Yo creo que se ve con cierta expectativa que a partir de Boric emerja una nueva izquierda latinoamericana, diferente a la que han representado en este último tiempo los Kirchner o Castillo o Morales, para qué decir Maduro y Ortega”.


-Hay expectativas altas sobre Boric, no sólo en Chile sino también afuera. ¿Es un punto de quiebre en los últimos 30 años?

-Yo creo que sí. Esta es una generación millennial muy bien formada, muy cosmopolita. Es el fruto más exquisito de los 30 años, que hoy asume el gobierno.

-¿En qué sentido?

-En el sentido que son jóvenes que egresaron de universidades mucho mejores, mucho más masivas; que pudieron estudiar afuera o hacer magísteres en Chile, todo esto apoyado por el Estado. Que se empaparon de las grandes tendencias del pensamiento más contemporáneo y que hoy asumen las riendas del poder.

Esta no es la llegada de Pedro Castillo ni de Evo Morales, que vienen de zonas periféricas. Esta es la emergencia de un núcleo de poder que es intelectualmente muy potente.

-¿Qué los hace diferentes?

-La dimensión feminista: un gobierno que abraza esta causa de manera profunda, lo que implica una forma diferente de ejercer el poder. Lo que uno vio en la transmisión del cambio de mando tiene un tono distinto que se observa en todos los detalles, una cierta horizontalidad, más humana y menos protocolar, más cálida, más informal.

También es muy fuerte la dimensión ecológica, y una nueva relación no solo con los pueblos originarios, sino con los saberes precientíficos, otras ontologías.

-¿Eso te parece positivo, no es algo anticientífico?

-Me parece positivo. Yo creo que el valor de la ciencia ha sido sobre estimado. Hay una necesidad de reencontrarse y de revalorizar los saberes pre científicos. No con el fin de negar el valor de la ciencia, pero sí establecer un diálogo igualitario con esos otros saberes. Está muy presente en el debate de las ciencias sociales actuales, lo que llaman el pluralismo ontológico. No aceptar el monopolio de la  forma científica. Eso está muy presente en esta generación que asume el poder.

También es protagónica la agenda de los DDHH, en esto el presidente ha sido bien tajante, con respecto Venezuela, Nicaragua, ahora Ucrania. La elección de Antonia Urrejola como canciller es una señal potentísima porque se coloca allí a una figura que ha sido líder en la defensa de los DDHH en América Latina.

Entonces, tiene muchos componentes que lo hacen atractivo para cualquier observador internacional. No es lo más relevante la dimensión económica, el dilema mercado Estado. Ese dilema está subordinado a los otros valores. El objetivo de esta nueva fuerza es avanzar hacia una economía verde, pero no tiene ningún complejo en hacer alianza con el sector privado y darle espacio en función de esa meta. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, el dilema fundamental no es cuánto Estado, cuánto mercado.

-¿Cómo has visto el liderazgo de Boric?

-Es un liderazgo que no monopoliza el escenario, que no opaca a sus ministros, sino que los empodera. Un liderazgo que va a estar muy centrado en mantener el vínculo afectivo, emocional, incluso moral, con la ciudadanía. Va a estar presente en los grandes temas, arbitrando, pero la gestión misma la va dejar en manos de sus ministros. En ese sentido es la antítesis de lo que fue Sebastián Piñera. Va a ser mucho más parecido a lo que fue el gobierno de Patricio Aylwin, donde el protagonismo estuvo fuertemente en manos de los ministros y el presidente Aylwin dejó para sí los temas sensibles: verdad y reconciliación, comisión Rettig, presos políticos. Hay mucha similitud.

-¿Qué te ha parecido la mirada de la prensa extranjera?

-Muy buena. Es cosa de mirar, a pesar de la preminencia que tiene Ucrania, la cantidad de periodistas extranjeros que han venido a la transmisión de mando. Yo creo que se ve con cierta expectativa que a partir de Boric emerja una nueva izquierda latinoamericana, diferente a la que han representado en este último tiempo los Kirchner o Castillo o Morales, para qué decir Maduro y Ortega.

Una nueva izquierda, claramente democrática, alineada con la causa de los DDHH, con las fuerzas que hoy rechazan la invasión a Ucrania y eso incluye a EEUU. Una nueva izquierda que usa a Chile como terreno para experimentar, porque esto tiene mucho de experimental, probar formas nuevas de desarrollo. La noción de Chile como un laboratorio o un prototipo es un destino que nos persigue. Nuevamente se vuelve realidad. Eso es visto con interés en el resto del mundo.

-¿Dices que pasó con la UP y los Chicago boys?

-Claro. En el caso de la dictadura fue el prototipo neoliberal, pero eran reformas exógenas, vinieron enteramente de teorías elaboradas en el midwest de EEUU. A partir de un grupo muy pequeño se intentaron en Chile. Lo que estamos viendo es algo distinto, aquí vienen ideas no tan novedosas como fueron las ideas de Chicago boys en su momento. Ideas que hoy nos parecen naturales fueron híper revolucionarias y extravagantes.

Lo interesante es que son ideas que han estado ancladas en movimientos sociales, presentes en las aulas universitarias y que han alimentado un movimiento social muy potente, que nació el 2006 o 2011. Los Chicago Boys fueron un puñado de economistas. Pero ahora están aterrizando cientos y cientos de jóvenes que se han formado juntos por años, en la lucha estudiantil  o en los movimientos. Son organizados, se conocen entre ellos.

Eso va a ser una fuente de fortaleza del nuevo gobierno. Y de complejidad porque esa es una gran tarea de Boric: cómo administrar la heterogeneidad y la presión que va a recibir de grupos que son muy empoderados.

-¿Hay un riesgo que fracase la Convención?

-Si las normas son demasiado extravagantes y novedosas, por muy bien intencionadas que sean, van a terminar siendo inútiles. Al final del día van a terminar siendo rechazadas, estigmatizadas, si chocan violentamente con la cultura. Esa es una de las peticiones que uno le haría a la Convención. Que tengan en cuenta la relación que hay entre sus aspiraciones y sus deseos y la realidad, que está sostenida por la cultura, la historia, la inercia.

El gobierno no puede ser indiferente, porque gobierno y Convención son hermanos siameses. No es posible hacer una separación entre la suerte de uno y suerte del otro. Si la Convención fracasara, si su propuesta fuera rechazada, o lograra ser aceptada después de un proceso muy polarizado, muy traumático, por muy escasos votos, eso representaría un problema mayúsculo para las aspiraciones de este nuevo gobierno y esta nueva generación.

Dejaría al nuevo gobierno en condiciones bastante precarias. Ahora, ¿serán los convencionales más radicales capaces de darse cuenta de esto y están dispuestos a hacer un esfuerzo para evitarlo? No estoy nada seguro. ¿Tiene el gobierno herramientas para influir? Son bajas. En esta materia hay una gran incógnita.

-Los primeros cien días son claves, ¿qué debería hacer Boric para afianzar el gobierno?

-Creo que en los primeros cien días es importante marcar un estilo, una impronta nueva. Ya lo está haciendo en estas horas. Así como Bachelet por el hecho de ser mujer, por la forma en que ella desde el primer minuto ejerció su cargo, produjo un acercamiento muy fuerte entre la ciudadanía y el gobierno, una empatía, una identificación.

Es importante que Boric haga lo mismo, en el sentido que disponga de un gobierno muy potente, con una población muy identificada con él. Eso le va a dar espaldas, para encarar temas difíciles, como la misma Convención. La voz de un gobierno poderoso va a ser más influyente en la Convención que la voz de un gobierno débil.

Los ejes serían: 1. Fijar un estilo. 2. Mostrar una actitud resuelta a los temas de orden público y migración. 3. Presentar una hoja de ruta en La Araucanía. 4  Una primera reforma tributaria apoyada transversalmente, por parte de la oposición y empresarios.

Sumaría una tarea muy particular del presidente, que es inevitable: tener una presencia internacional fuerte. Boric está en condiciones de jugar un papel importante.

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