Julio 23, 2022

Errores administrativos: Borrón y cuenta nueva. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante

Es inaceptable que el gobierno, en vez de aceptar sus errores, para enmendarlos y prevenirlos, busque a chivos expiatorios solo para proteger a su primera línea, y así mantener a sus mecenas políticos a raya.


Es increíble el número de errores no forzados que comete el gobierno de Gabriel Boric. Casi todos los días ocurre uno. Casi no hay semanas aburridas, sin omisiones o negligencias. Se ha vuelto costumbre ver al gobierno actuar decididamente en una dirección solo para echar pie atrás al poco andar. Ocurre que cuando encuentra resistencia a su voluntad, por parte de la oposición, de los medios, o incluso de la gente de a pie, simplemente se lo adjudica a algún malentendido burocrático, a un “error administrativo”, y deja su decisión original sin efecto, se retracta, y sigue en su camino como si nadie hubiese pasado.

Quizás el ejemplo más notorio de uno de estos “errores administrativos” sea el primero, cuando a pocos días de haber asumido, la ministra del Interior Izkia Siches decidió inaugurar el plan de dialogo, anunciado por el presidente Boric, para la macrozona sur, solo para terminar parapetada en una comisaría de Carabineros en el corazón de Ercilla. Evidentemente fue un error de diseño y estrategia, pero, por el revuelo que causó el incidente, y el lapidario juicio de la opinión pública, no se pudo presentar como tal. El gobierno, por lo tanto, tuvo que asignarle la culpa del error a algún subalterno, clasificarlo como un desacierto administrativo, y seguir adelante.

El incidente habla mucho de cómo opera el gobierno cuando se equivoca. Pues, en este caso, nunca hubo un mea culpa por parte de la ministra. Nunca hubo siquiera una explicación detallada de lo que ocurrió tampoco. Lo que sí hubo fueron despidos, seguidos de un borrón y una cuenta nueva. Luego del “error administrativo”, el gobierno pasó de la estrategia del dialogo de Boric a la estrategia del Estado de Excepción de Piñera en una cosa de horas como si siempre hubiese sido parte del plan. Lo que queda en limpio después del incidente de Ercilla es que los problemas que se originan arriba se solucionan abajo.

Cada vez que ocurre un error que claramente tendrá repercusiones públicas, se emplea la misma solución. Se identifica como un “error administrativo”, y si es necesario, a un subalterno para pagar las costas de las consecuencias. Fue, por ejemplo, lo que ocurrió con el caso del sargento Francisco Benavides, luego de que el gobierno no presentará una acusación como querellante a tiempo. Si fue premeditación o negligencia nunca se sabrá, pero lo cierto es que el gobierno falló. Se dieron explicaciones de todo tipo, desde que “el abogado se enfermó” a que “el abogado se quedó dormido”, pero finalmente, se presentó como un mero “error administrativo”.

Algo similar ocurrió con el mismo abogado en el caso Huracán. Otro “error administrativo” para la lista. En este caso, el error condujo a que el gobierno quedara fuera de la querella por malversación de documentos públicos y falsificación de pruebas contra miembros de la comunidad mapuche por parte de Carabineros. Que el mismo abogado querellante haya cometido el mismo “error administrativo” dos veces obliga a pensar sobre la responsabilidad del asunto. ¿El error administrativo es del abogado o de quién contrata al abogado? Y, si ya hubo dos errores administrativos de este calibre, ¿cuántos más vendrán?

Otro ejemplo, inentendible, de un “error administrativo” es lo que ocurrió bajo el alero de Irina Karamanos, la pareja del presidente. “Inentendible” porque a pesar de que hay evidencia y documentación que sugiere que el “gabinete de Irina Karamanos” era parte de un plan premeditado por parte del gobierno desde al menos marzo, igual se hizo pasar como un mero malentendido legal cuando el tiro salió por la culata. La verdad es que, más que un error, parece ser simplemente que el gobierno se arrepintió. De lo contrario, ¿cómo se explica toda la documentación y el lanzamiento del sitio web?

Solo esta semana, hubo al menos otros cuatro “errores administrativos” prominentes. El primero fue la decisión de eliminar los “Body Scan” de los recintos carcelarios. Una decisión tan mala, tan paupérrima, que el lunes, literalmente entre gallos y medianoche, a las 1 de la madrugada, el mismo gobierno lo tuvo que dejar sin efecto. Otro incidente fue lo que ocurrió con un decreto despachado por el Congreso en mayo y que, a julio, dos meses después, aún no se terminaba de tramitar por parte del ejecutivo. Una anomalía que no ocurría desde 1972, y que el gobierno solo pudo explicar como un “error administrativo”.

Otro “error” fue lo que ocurrió con el ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, que adelantó que el transporte público debería aumentar alrededor de 100 pesos, solo para darse cuenta después que 100 pesos son 70 pesos más que los 30 pesos que causaron el estallido social. Recién allí tuvo que salir a retractarse y pasar el asunto como un error de interpretación. El problema es que en el intertanto el ministro Mario Marcel lo confirmó: “…los precios no pueden estar congelados eternamente” le dijo a la prensa. Un “error administrativo” para Muñoz, una realidad innegable para Marcel. Nadie ha explicado la discrepancia.

Pero el “error administrativo” más importante de la semana es probablemente la del propio presidente Boric, que compartió en sus redes sociales públicas propaganda a favor del Apruebo usando el rostro de un conocido cantante internacional, Chayanne, sin su consentimiento. El error fue tan grotesco, tan oblicuo, que el mismo Chayanne tuvo que salir a pedirle al presidente que no usara su imagen para hacer propaganda, pues, de lo contrario, se vería obligado a perseguir recursos legales. Aunque el presidente no ha admitido su error, si lo hace, probablemente dirá que es uno “administrativo”. Habría que preguntarle a Contraloría.

En fin, hay errores administrativos a diestra y siniestra. El gobierno hace y deshace a su pinta. Inventa, implementa, se equivoca y entierra sus planes en intervalos de horas. Cuando se equivoca, procesa sus errores como “errores administrativos” y no errores de estrategia o errores de diseño, lo que evidentemente son. El gobierno tiene todos los recursos del Estado a su disposición, y por lo mismo es inaceptable que se equivoque tanto. También es inaceptable que, en vez de aceptar sus errores, para enmendarlos y prevenirlos, busque a chivos expiatorios solo para proteger a su primera línea, y así mantener a sus mecenas políticos a raya.

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