Enrico Berlinguer fue posiblemente el dirigente comunista más popular de la historia de Europa occidental. Cuando falleció en 1984, más de un millón de personas participaron en su funeral. Hasta el día de hoy su figura es gravitante para la política italiana y los debates de las izquierdas en el mundo.
Berlinguer se convirtió en secretario general del Partido Comunista Italiano (PCI) en 1972. En 1973, inspirado por el golpe de Estado chileno, escribió tres artículos que muchos consideran el núcleo germinal del eurocomunismo: Reflexiones sobre Italia, Tras los hechos de Chile y Tras el golpe.
A partir de la experiencia chilena, el dirigente comunista italiano concluía que la unidad de la izquierda no sería suficiente. Sería necesario realizar un “compromiso histórico” con otras fuerzas políticas, en particular con la Democracia Cristiana, pues solo así se podría asegurar la pervivencia de la democracia ante la respuesta reaccionaria que traerían las reformas económicas y sociales.
El socialismo democrático requeriría tanto de la capacidad de acumular como perder fuerza, generando compromisos con sectores democráticos no revolucionarios. En este sentido, Berlinguer hacía referencia a la necesidad de una “ciencia de la retirada”, como parte de una estrategia democrática.
En este proceso, Berlinguer rompió -uno tras otro- algunos de los presupuestos de lo que se entendía que sería el espacio político de la izquierda. No solo quebró sus vínculos con la URSS, sino que, además, denunció fuertemente sus invasiones imperialistas (“la tragedia de Praga” como la denominó).
Además, con Berlinguer el PCI hizo un llamado abierto al acercamiento con los grandes empresarios y la jerarquía de la Iglesia Católica. A su vez, Berlinguer puso especial atención a la gestión y el ejercicio del poder municipal y regional, buscando demostrar que “los trenes pueden llegar a su hora” bajo el mandato de la izquierda.
Tras todas estas medidas estuvo la firme convicción de que un socialismo que se tomara en serio sus principios democráticos no podía anteponer los dogmatismos ideológicos a la voluntad popular. Es más, Belinguer estaba convencido de que las mayorías sociales para gobernar exitosamente eran necesariamente mayores que las requeridas para ganar elecciones: “Sería ilusorio creer que, incluso si los partidos de la izquierda obtuvieran una mayoría del 51% en votos y escaños…esa mayoría sería suficiente para garantizar la supervivencia del gobierno”.
Aunque la principal preocupación de Berlinguer en aquella época era la posibilidad de un golpe de Estado fascista, era consciente de que una estrategia errada de las fuerzas democráticas podía incluso generar un apoyo mayoritario en la población a estas fuerzas.
A casi 40 años de su muerte y 50 de sus reflexiones sobre el “compromiso histórico”, sus palabras resuenan con inusitada fuerza. No es solo por la llegada del “neofascismo” o “postfascismo” al poder en Italia, sino por las discusiones similares que han reflotado en el debate público y en los proyectos de la izquierda democrática del mundo, incluido Chile. Es casi imposible evitar preguntarse qué habría escrito Berlinguer hoy, si hubiera visto los resultados del plebiscito constitucional.
En momentos en que, al decir de Pablo Stefanoni, parece que el antiprogresismo está logrando instalar un nuevo sentido común y la izquierda está perdiendo la iniciativa, bien vendría la pena volver a releer las advertencias del histórico dirigente.
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