Queda sólo una semana para que se cierre definitivamente el plazo de inscripción de candidaturas presidenciales y parlamentarias para la elección que tendrá lugar 90 días después del lunes 18 de agosto.
662 personas continúan solicitando patrocinios para presentar sus candidaturas presidenciales en calidad de independientes y sólo uno de ellos -Marco Enríquez-Ominami ya consiguió superar los 35.361requeridos y otros dos -Harold Mayne-Nichols y Eduardo Artés- dicen estar muy cerca de la meta.
Jeannette Jara, luego de ganar categóricamente la primaria oficialista con 60,2% de los votos, quedó oficialmente inscrita como candidato del pacto presidencial de los partidos de gobierno, a los que luego se sumó la Democracia Cristiana. Con su victoria en la primaria, que rápidamente la instaló en la pole position en las preguntas cerradas de primera vuelta en prácticamente todas las encuestas, se despejó definitivamente toda posibilidad de ocurrencia de una segunda vuelta entre las dos derechas. Porque logró aglutinar todo el voto pro-gobierno y anuló la perspectiva de candidaturas relevantes a su izquierda, de manera que puede esperarse una votación en torno al 30% y su paso a segunda vuelta. Incluso, su candidatura recibió ya el apoyo del Partido Popular y de Igualdad, formaciones políticas de izquierda críticas del gobierno actual.
Aunque parezca contraintuitivo, su trayectoria e identidad comunista le permitirán moverse con mucha soltura hacia el centro, pues no necesita dar demasiadas señales de izquierdismo, le bastan 37 años de militancia en el PC y el electorado de izquierda no tiene cursos razonables de acción alternativa para enfrentar su temor al triunfo de la derecha radical. Claro que al vertiginoso ascenso de su adhesión después de la primaria le siguió el estancamiento actual, reflejo de su dificultad para ir más allá del electorado pro-gobierno, desafío imprescindible para abrir alguna esperanza de triunfo en segunda vuelta. Y como hemos visto, su partido y su programa original constituyen una mochila pesada de sostener.
José Antonio Kast, candidato oficial de los partidos Republicano y Socialcristiano, se ha consolidado como el principal contendor de la oposición en la disputa presidencial y comparte la posición de liderazgo en las encuestas con la candidata oficialista, ello a pesar de la presencia de otras tres candidaturas que se reclaman de franca oposición al gobierno. Logró revertir la pérdida progresiva de adhesión posterior a su derrota en el plebiscito de la propuesta constitucional liderada por su partido. Resistió a pie firme, igualmente, el embate de la emergencia de Johannes Kaiser, que llegó incluso a superarlo en las encuestas y que, finalmente, lo terminó por favorecer permitiéndole situarse entre Matthei y Kaiser, al centro de la derecha. El apego al diseño estratégico de campaña y su concepto de gobierno de emergencia, su focalización en los temas centrales de la próxima elección -seguridad, migración y crecimiento económico- dejando en muy segundo plano la dimensión conservadora que predominó en su campaña de 2021, y la definición del gobierno y su candidatura como únicos adversarios, le han permitido capitalizar la pérdida de dinamismo de las demás candidaturas opositoras, posicionándose como el principal rival de Jeannette Jara, a quien hoy vencería ampliamente en segunda vuelta, de acuerdo a todas las encuestas.
Lo que suele ocurrir en las elecciones presidenciales es que los electores, enfrentados a múltiples opciones, terminan concentrándose en las dos candidaturas que aparecen con opción de ganar. Ocurrió en la primaria oficialista, que una carrera inicialmente a tres bandas terminó polarizada entre Jara y Tohá, prácticamente desapareciendo la opción del candidato frenteamplista. Ocurrió en 2021 entre Kast y Boric, al punto que el tercero tenía menos de la mitad de sus votos. Apuesto a que ocurrirá nuevamente el 16 de noviembre y las dos candidaturas que lleguen a la recta final -después del 18 de septiembre- disputando el primer lugar, van a terminar concentrando entre 60 y 65% de los votos. A menos que ocurran hechos de envergadura telúrica en los próximos 45 días, esa posición será ocupada por Kast y Jara.
Evelyn Matthei, que mantuvo el liderato exclusivo y excluyente desde el primer trimestre de 2024 hasta mayo pasado, está instalada en todas las encuestas a considerable distancia de Jara y Kast y más cerca de Parisi. Su error fatal, a mi juicio, fue haber dejado pasar la opción de planificar con antelación las primarias posibles con Rincón, Carter y algún liderazgo RN, que le habrían permitido mantener su protagonismo, poner en movimiento sus ventajas comparativas de apoyos parlamentarios, municipales y de equipos de gobierno, y hacer campaña legal en todo el territorio, incluido los espacios radiales y la franja televisiva, pudiendo seguir vigente como la principal alternativa opositora frente al oficialismo en primarias, y con toda seguridad, reafirmarse como la candidatura con más apoyo electoral el 29 de junio pasado. Si a eso se le agrega el carácter reactivo de su comportamiento de estos últimos meses, la pérdida de su posicionamiento al centro de la escena como el liderazgo con mayor potencialidad para articular una mayoría que diera gobernabilidad, el craso error de presentar una candidatura de dos caras -Evelyn y Matthei-, la reaparición de su impulsividad y carácter conflictivo, las acciones que la pusieron episódicamente a la derecha del impertérrito Kast, en fin, su falta de diseño estratégico definido, y si éste existía, entonces la ausencia de disciplina táctica para ceñirse al guion de ese diseño.
Todo lo anterior la ha llevado a que, a sólo una semana del cierre de las inscripciones, parte importante de los electores que la apoyaban se ha desplazado a Kast, que en algunas encuestas se vea amenazada por el crecimiento de Parisi, que ya hayan aparecido voces dentro de Chile Vamos que cuestionan su campaña y otras que derechamente han declarado su apoyo al que la reemplazó como favorito de la oposición, lo que anticipa lo que podría ocurrir con el elenco de candidaturas a la Cámara y al Senado después del 18 de agosto, una vez ratificados por sus partidos. Y no se trata sólo de un cambio en la intención de voto, ha caído abruptamente su valoración positiva -hace dos meses era muy superior a la negativa y hoy ésta la supera- y la valoración de sus atributos, tanto los blandos como aquellos que aluden a la capacidad para enfrentar la delincuencia, el descontrol migratorio y la recuperación económica, siendo superada ampliamente por Kast en todos ellos.
Los partidos de Chile Vamos y Evelyn Matthei están frente a una disyuntiva dramática. El próximo lunes la candidata debe confirmar si acepta el riesgo real que existe de una suerte de “sichelización” de su campaña, repitiendo el cruel y doloroso proceso de abandono progresivo del entusiasmo primero y derechamente del apoyo después por parte de los elencos parlamentarios, apoyos territoriales y profesionales. Los partidos de centroderecha, del mismo modo, deben confirmar si aceptan el riesgo real de una derrota de proporciones frente a la lista parlamentaria de Kast, pues como se sabe, buena parte de los electores tiende a votar por la lista del candidato presidencial de su preferencia.
Franco Parisi, que en 2013 llegó cuarto con 10,1% y en 2021 tercero con 12,8% superando por 1.072 votos al candidato de Chile Vamos, Sebastián Sichel, ha vuelto nuevamente al ruedo apoyado en su partido, el PDG. Esta vez complementará su exitosa campaña virtual con presencia y despliegue en el territorio nacional. Su partido, que fue la sorpresa de 2021 al elegir 6 diputados, no representa la fuerza emergente que fue, pues todos sus parlamentarios y buena parte de sus adherentes lo abandonaron.
Parisi se posiciona como una candidatura opositora al gobierno, sin alineamiento ideológico expreso en el eje izquierda-derecha, convocando desde la rabia contra el poder político y económico, invitación que encuentra un potencial de acogida igual o mayor que en 2021 por la ampliación del padrón a todos los mayores de 18 años y el voto obligatorio, que sumará a la decisión a más de 5 millones de personas que no votan siguiendo un marco de referencia ideológico ni una posición política, sino más bien desde la desconfianza en el Estado y la política y desde sus problemas acuciantes, en posición de consumidores a la espera de lo que ofrece el mercado. Y Parisi no escatima ofrecimientos populares. A no mediar errores monumentales a los que su presencia en Chile lo expone, Parisi puede aspirar, a mi juicio, a una franja en torno al 15% del electorado. Para ello, el joint venture con Pamela Jiles y Pablo Maltés es un aporte relevante.
Johannes Kaiser, exdiputado del Partido Republicano y hoy líder de su propia formación política, el Partido Nacional Libertario, emergió con fuerza hace algunos meses, llegando incluso a posicionarse delante de Kast en la mayoría de las encuestas. Su radicalidad en la crítica al gobierno, su actitud sin contemplaciones frente a lo políticamente correcto y su desparpajo mediático conectaron provisoriamente con un electorado de derecha largo tiempo inhibido, pero a poco andar, en la medida que nos acercábamos al cierre de las inscripciones y el comienzo formal de la carrera presidencial, todo eso cedió relevancia frente a la falta de trayectoria, carencia de equipos y de solvencia necesaria para generar confianza en su capacidad de gobernar, haciéndolo regresar hacia una adhesión dura pero muy minoritaria, sin posibilidad, a mi juicio, de volver a situarse en una posición competitiva. Por lo mismo, mi pronóstico es que quedará relegado a la condición de candidato identitario, moviéndose entre 5 y 10% de los votos. Su candidatura fue una herramienta que pudo haberle permitido, cuando estaba al alza, traducir su retiro en poder político parlamentario para su partido, pero a estas alturas nadie estará dispuesto a pagar para que no inscriba su candidatura, pues su gravitación electoral es significativamente menor y a las principales candidaturas opositoras le resulta funcional su presencia, porque las ayuda a ser percibidas como menos extremas y de paso les hace el trabajo sucio frente a sus adversarios de izquierda.
Marco Enriquez-Ominami incursiona por quinta vez consecutiva en las elecciones presidenciales. Rompió el binominalismo en 2009 con un sorprendente 20,1% de los votos, resistió el regreso triunfante de Bachelet en 2013 con 11%, retrocedió al 5,7% en 2017 y en su última performance arribó en sexto lugar con 7,6% de los votos.
Ahora debió buscar patrocinios para inscribir su candidatura independiente, pues no tuvo éxito en sus intentos de reconstituir su partido y tampoco fue acogido por el oficialismo para participar en su primaria. No ha logrado hasta ahora salir del margen de error en las encuestas, pero su desempeño mediático, su experiencia de candidato, su desenvolvimiento en los debates y su eficiencia en el uso de las redes sociales pueden llevarlo a reencontrarse con parte del electorado que lo ha preferido en ocasiones anteriores. Su enfoque hoy es situarse como alternativa a la candidatura oficialista frente a la derecha, mostrando que él sí podría ganarle, pero al menos hasta hoy esa tesis carece de fundamento en los estudios de opinión, que hablan del desgaste de su figura después de 16 años prácticamente continuos de campañas presidenciales y sus secuelas legales. No puede descartarse que, de persistir el estancamiento de Jara y consolidarse la idea de que ella no tiene opción de ganar, parte del electorado de centro y centroizquierda se desplace hacia ME-O, pudiendo repetir o superar su performance electoral de 2021.
A Harold Mayne-Nichols le faltan unos pocos miles de patrocinios para concretar su inscripción y algunos liderazgos de centro han mostrado simpatía por su candidatura, pero no visualizo que, en caso de lograrlo, tenga la experiencia, preparación y condiciones requeridas para proyectar una identidad política y programática suficientemente consistente para competir con ME-O y Matthei por la adhesión del electorado que se resiste a elegir entre Jara y Kast. De estar en la papeleta, estimo que difícilmente llegará al 5% de los votos.
Eduardo Artés tampoco tiene todavía los patrocinios requeridos para inscribir su candidatura el próximo lunes, pero no está lejos. De lograrlo, será la única alternativa para los electores de izquierda descontentos con la orientación hacia el centro de la candidatura oficialista y con la mutación del presidente Boric y su gobierno. El problema es su carácter estrictamente testimonial y un anclaje ideológico y político extremadamente marginal para los tiempos que corren. Obtuvo 0,5% de los votos en 2017 y 1,5% en 2021, es muy difícil que su adhesión electoral sea mayor ahora que vota prácticamente toda la población y no sólo la mitad politizada.
Las parlamentarias
La oposición enfrentará la elección en varias listas. Republicanos ya cerró el camino a la ilusión de una lista conjunta con Chile Vamos -queda sólo la posibilidad de alguna coordinación de omisiones en las 4 circunscripciones senatoriales binominales y los 4 distritos trinominales- al inscribir su lista junto a los partidos Social Cristiano y Nacional Libertario. Su aspiración es capitalizar el apoyo a sus candidatos presidenciales -Kast y Kaiser-, para beneficiarse del factor adicional de representación en el Congreso que el sistema proporcional entrega a la lista más votada. Entre la motivación de ganar el congreso para darle mayor apoyo a su gobierno o aprovechar la fuerza actual de su candidato presidencial para ganar la hegemonía en la derecha, Republicanos está optando por la segunda motivación.
Chile Vamos inscribirá la lista de sus tres partidos y muy probablemente incorpore también las candidaturas de Demócratas. La consolidación de un polo de derecha reforzado por el favoritismo de Kast y el debilitamiento de Matthei en la carrera presidencial hacen muy difícil la mantención de la posición de indiscutido liderazgo opositor de Chile Vamos en la próxima legislatura, pues en el sistema proporcional buena parte de los electores tiende a votar por la lista parlamentaria de su candidato presidencial. Si se mantiene el escenario actual, le costará a Chile Vamos defender su condición de fuerza principal de la derecha, aunque tiene a su favor la mayor cantidad de diputados y senadores que estarán en la papeleta. Amarillos entregó su respaldo a la candidatura presidencial de Matthei, pero decidió presentar lista propia a las parlamentarias. Lo podrá hacer sólo en las regiones donde están inscritos y con elencos que no les permitirán superar el umbral de votos ni el número de parlamentarios electos requerido para mantener su existencia legal. Su eventual votación aumentará la dispersión del voto opositor, favoreciendo la representación oficialista.
El PDG también inscribirá su lista parlamentaria, asociada a la candidatura presidencial de Franco Parisi. En 2021, su candidatura logró traspasar 2/3 de su votación a la lista de diputados del PDG, lo que le permitió ganar 6 escaños. Habrá que ver si ese nivel de transferencia de votos se repetirá luego de la desintegración completa de su bancada en la Cámara de Diputados. En todo caso, el reclutamiento de la diputada Pamela Jiles viene a reforzar su posibilidad de elegir un puñado de parlamentarios en noviembre próximo. Su votación en la mayoría de los distritos no redundará en parlamentarios electos, por lo que contribuirá a la dispersión del voto opositor, favoreciendo también la eventual sobrerrepresentación del actual oficialismo en la próxima legislatura.
Los partidos oficialistas y la DC están haciendo todos los esfuerzos necesarios para enfrentar la elección en una sola lista, para beneficiarse del factor adicional de representación que entrega el sistema proporcional a quienes logran unirse. No les resultará fácil, pues los 8 partidos que están negociando su participación necesitan cupos en cantidad suficiente para obtener los votos o los parlamentarios requeridos para mantener su existencia legal, cumpliendo además el requisito de que el elenco de cada uno de ellos contemple a lo menos 40% de candidaturas de ambos géneros. La ventaja de ir unidos es tan importante frente a una oposición dispersa en varias listas, que apostaría que los partidos de gobierno harán todos los sacrificios necesarios para lograrlo y, en el peor de los casos, habrá una lista que incluya a sus principales partidos con la DC, y otra de las formaciones políticas más pequeñas. La ventaja del gobierno es que en esta ocasión ME-O no puede presentar lista parlamentaria y seguramente apoyará la lista oficialista.
La izquierda extragubernamental, eso sí, presentará seguramente una o más listas de candidaturas a la Cámara y al Senado. En la elección de concejales, compitiendo en un número limitado de regiones, obtuvieron 5,1% de los votos, ahora están inscritos en más regiones y sus candidaturas cubrirán mayor proporción del territorio nacional. Los partidos Popular, Igualdad, Humanista, De Trabajadores Revolucionarios y Alianza Verde Popular estarán en la papeleta de noviembre, algunos apoyando las candidaturas presidenciales de Jara, Artés, Ominami o ninguna, pero con candidaturas parlamentarias propias, que seguramente sumarán entre 4 y 7% de los votos.
A medianoche del próximo lunes se despejarán todas las interrogantes pendientes aquí planteadas, pues sabremos con certeza quiénes llegan a la papeleta presidencial y parlamentaria para desplegarse en los 90 días que siguen en la búsqueda de la adhesión popular, más esquiva e incierta que nunca ahora que votan prácticamente todos los mayores de 18 años, chilenos y extranjeros con más de 5 años de permanencia legal en nuestro país.
Ver esta publicación en Instagram
Publicaciones relacionadas
Nicolas Baudrand es el hombre detrás de Blue Jar, el restaurante a un costado del Palacio La Moneda concurrido por políticos, empresarios y altos ejecutivos. Acá cuenta los secretos y la historia de su icónico local.
La llegada de Martín Arrau al Ministerio de Seguridad marcó un fuerte cambio en la evaluación de la gestión del Gobierno en el combate contra la delincuencia. El militante republicano, de total confianza de Kast, ha desplegado una agenda que combina acciones en terreno y reuniones, además de un énfasis en gestión.
La ministra de Educación, María Paz Arzola, es Ingeniera Comercial y Magíster en Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue investigadora en Libertad y Desarrollo (LyD). Es una de las ministras mejor evaluadas y tiene como bandera un nuevo proyecto de admisión escolar y el plan de escuelas protegidas para enfrentar la violencia.
“Días de juego” cuenta una historia que tiene mucho de autobiografía. Su autor, estadounidense radicado en Londres y que hace poco estuvo en Chile, también jugó al básquetbol y vivió los dilemas de quien se sabe bueno para jugar, aunque no excelente para quedar a la altura de sus ambiciones.
Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y […]