Por estos días hemos visto a las coaliciones, partidos y candidatos defender el “legítimo” derecho a ir a la reelección en los municipios. La pauta de prensa acumula declaraciones de alcaldes y dirigentes de partidos respecto de las elecciones municipales y a gobernadores regionales. “El que tiene, mantiene” es el slogan que más se repite en las negociaciones para candidaturas.
Se habla mucho de las alianzas políticas, las amenazas de candidatos emergentes y de cómo estas elecciones municipales serán un apronte de las presidenciales del año siguiente, porque esta elección es también una medición temprana de fuerzas. Y también una elección en sí misma.
Sin embargo, lo que se tendrá que votar en octubre es una evaluación ciudadana de la forma en que determinado alcalde o alcaldesa ha enfrentado los principales temas de cada comuna. Serán los tan olvidados indicadores de gestión, o de sentido común, los que probablemente primen a la hora de depositar el voto. Como, por ejemplo, en qué y cómo gastan el dinero que recaudan en su comuna, si las calles están limpias, cada cuántos días se recoge la basura, cuántos “eventos” -hoyos- hay en las calles, si los consultorios municipales funcionan, si existen áreas verdes, cómo se encuentra la señalética vial, entre otros.
No se conocen rankings públicos que midan a los municipios por su capacidad de gestionar bien sus presupuestos, pero sí vemos a muchos alcaldes en las pantallas de TV de los matinales u organizando fiestas y festivales municipales. Sabemos también vergonzosamente de un sinnúmero de ex ediles procesados actualmente por la justicia por malversación de fondos públicos.
¿De qué se trata entonces? Los partidos políticos no parecen estar evaluando la probidad o la eficiencia de sus alcaldes en ejercicio como parte del proceso de respaldos, sino que más bien se fijan en sus habilidades comunicativas, en el conocimiento público, mal llamado liderazgo. Hay casos demasiado visibles y recientes de esa línea que conduce al cada vez mayor descrédito de la política.
Veamos primero cómo gestionan los alcaldes y después miremos si hacen muchas o pocas fiestas, o si aparecen mucho o poco en la red social de moda. Hablar menos y hacer más podría ser una buena receta a la hora de pensar en candidatos y candidatas.
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