-La Convención sacó un 24% de confianza, casi empatada con Carabineros. ¿Está en juego la existencia misma de la Convención como deslizó Agustín Squella? Por otro lado Correa Sutil dijo que había incurrido en una infracción constitucional al aceptar votar por mayoría simple las reglas constitucionales.
-En un sentido Squella tiene toda la razón. Muchos de los que votamos Apruebo, y de hecho fuimos promotores de la elaboración de un nuevo orden constitucional antes del estallido social, lo hicimos en el entendido que operarían ciertas reglas. Cambiar esas reglas es una torpeza en al menos cuatro dimensiones: jurídica, porque viola la reforma constitucional que le dio origen al proceso constituyente.
¿Por que?
Es política, porque olvida que los acuerdos constitucionales deben ser lo más amplios posibles para ser legítimos y sustentables en el tiempo; ética, porque rompe la civilidad de los compromisos pactados; y estratégica, porque la derecha no tiene 1/3 y así se esfuma su capacidad de veto. Si la Convención comete estas cuatro torpezas juntas, no veo como seguir apoyando el proceso. Pero confío en la inteligencia política y rectitud de la mayoría de los convencionales. Deposito también esperanzas en parte del Frente Amplio y el Colectivo Socialista que se han transformado en eje de la Convención. Ellos saben que el éxito de este proceso depende en parte importante de ellos, y en su madurez para frustrar a los extremos que no tienen nada que perder.
-¿Crees que el caso de Rojas refleja un desprecio por la verdad, una visión pobre de la política donde el fin justifica los medios?
-El caso de Rojas es la guinda de la torta del aceleradísimo proceso de descomposición de la Lista del Pueblo. Ellos se presentaron como los herederos de la energía política liberada en el estallido social, y creo que esa asociación es genuina. Sin embargo, como cada vez que un grupo se presenta a sí mismo como virtuoso y justiciero, como antagonista de las elites corruptas, ese discurso explota en la cara cuando se descubre que ese grupo opera con prácticas similares a las de cualquier organización que persigue el poder. En sus inicios el Frente Amplio cometió el mismo error: no le bastó con la crítica ideológica a la Concertación y pertenecer a una generación post Pinochet, quisieron además posar de castos y virginales. A la primera que les pillaron quedaron de farsantes.
-Fuiste candidato a convencional, pero perdiste por poco. Siempre has analizado las candidaturas ajenas, esta vez te tocó estar en la acción misma. Pasado el duelo por la derrota, ¿qué aprendiste de esa experiencia electoral?
-Lo primero es que soy un mejor estratega para otros que para mí: en 2012 fui a pedirle a Josefa Errázuriz que compitiera en la primaria de Providencia y ahora llamé a Patricio Fernández para que se sumara a la lista que llevaríamos en el distrito 11. Es decir, fui a buscar a los que me ganaron. Fuera de bromas, advertí en la campaña que lo más importante para construir un perfil electoralmente atractivo era identificar un buen antagonista o bien articular un relato desde una experiencia de opresión. Por las características de mi discurso y mi perfil biográfico, esencialmente programático y de sensibilidad liberal, tuve dificultades insalvables en esa tarea.
-Hablando de campañas, ¿cómo ves la performance de Sichel, le falta relato?
-El relato de Sichel es el relato de Golborne mejorado. Golborne era el hijo de una familia de ferreteros en Maipú, que estudió en una escuela con número, fue al Nacional, fue a la U. de Chile, salió para afuera, volvió para ser ejecutivo top, empresario, se transformó en ministro, sacó a los mineros. Lo siguiente era ser presidente. Era el sueño americano a la chilena.
Lo de Sichel es relativamente similar, él fue exitoso en persuadir a parte importante del electorado de que él no provenía de la elite, de que no nació en cuna de oro, se encargó de reiterarlo en forma majadera, de que su biografía es más bien sufrida. Y eso creo que empalma con un momento en el cual ponerse en el lado de los oprimidos es un activo político. Entonces buscó un aspecto en el cual podía transmitir que no era de la elite y lo explotó. En ese sentido es un legítimo heredero de la narrativa Golborne, pero mejorada… Yo creo que la tiene muy difícil, porque tiene todas las de ganar Boric.
-¿Dices que Boric tiene la pole position?
-Si seguimos el patrón, el que gana la primaria más masiva es el próximo presidente de Chile. Por lo tanto hoy esa posición la tiene Boric. Además, Boric va a cosechar los escombros del mundo de la ex concertación y de los hijos de la ex concertación. Tal como Sichel es heredero de la narrativa Golborne, creo que Boric es el que va a traer el equilibrio de la fuerzas en la izquierda y centro izquierda.
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