Diciembre 5, 2021

Boric en la cuerda floja: la moderación y el peso de los compromisos. Por Kenneth Bunker

Ex-ante

Una administración de Boric sería un gobierno tensionado por el realismo de los compromisos y el Congreso, por una parte, y por la presión política y el voluntarismo, por el otro. Sería un gobierno amenazado por ser amarillo, socialdemócrata y tradicional (criticado por el hipotético oficialismo) o extremo, expansivo y populista (criticado por la hipotética oposición). Sería un gobierno que tendría que lidiar con más fuego cruzado que cualquiera de los gobiernos anteriores.

La moderación

En las últimas dos semanas tanto Kast como Boric han buscado moverse al centro. Probablemente más como stunt publicitario que como cambio genuino, han sumado a todos los nombres que han podido en un intento por aparecer más moderados de lo que realmente son. Curiosamente, sin embargo, han hecho poco para dejarlo escrito en papel. De hecho, ninguno de los dos ha publicado un programa nuevo.

Quizás lo más interesante ha ocurrido en el campo de Boric, cuyas señales han sido más potentes (y quizás certeras) que las de Kast. Efectivamente, después de entender rápidamente que debía transitar al centro lo hizo sin trepidar, aunque significará dejar atrás buena parte de lo que ha dicho y hecho en su vida política hasta ahora. Si bien es una estrategia arriesgada, parece ser una estrategia que está dando resultados.

Ninguna encuesta que se ha publicado en las dos semanas desde la primera vuelta ha sugerido que Boric puede perder. Todas muestran que gana o empata. Eso no necesariamente implica que la estrategia de ir hacia el centro ha sido exitosa, pero si es una indicación de que va por el camino correcto. Si es exitoso, le será difícil volver atrás a atrincherarse, pues los lazos y compromisos que está haciendo quedarán grabados como seguros contra los excesos.

La suma de compromisos

Si algo se ha aprendido hasta ahora es que las elecciones no se ganan con las bases. Se ganan con las masas. No se ganan en los extremos, se ganan en el centro. En el comando de Boric, eso se aprendió a fuerza bruta. Pues, fue solo tras conseguir el mismo 1.8 millón de votos de la primaria de julio, que los estrategas se dieron cuenta que tendrían que ceder más de necesario, más de lo inicialmente presupuestado.

En estos días, el comando oportunamente ha intentado estrechar lazos. Quienes se han ido sumando a la candidatura se han ido sumando por las promesas y los sueños que se les han ido ofreciendo. Quienes se han cambiado a Boric lo han hecho para darle la oportunidad y quienes han decidido entrar por primera vez, lo han hecho luego de haber sido convencidos que su candidato es el mal menor.

A medida que aumentan las puertas que se tocan, aumentan los votos, y a medida que aumentan los votos, aumentan los compromisos. Si gana Boric, será gracias a su movilización hacia el centro, pero también a lo que ha estado dispuesto a entregar. Si gana será por la suma de compromisos que ha adquirido. Será por la magnitud de las promesas y la esperanza que ha transmitido.

La tensión

Las expectativas que vendrían con un gobierno de Boric serían significativamente altas y tendrían que coexistir con las demandas que la izquierda considera intransables. Pues bien, sería parcial omitir el hecho de que la mayoría de quienes han apoyado a Boric hasta ahora no son precisamente quienes han estado dispuestos a negociar. Basta recordar que para el Partido Comunista el programa de Boric es inmodificable.

En el fondo, una administración de Boric sería un gobierno tensionado por el realismo de los compromisos y el Congreso, por una parte, y por la presión política y el voluntarismo, por el otro. Sería un gobierno amenazado por ser amarillo, socialdemócrata y tradicional (criticado por el hipotético oficialismo) o extremo, expansivo y populista (criticado por la hipotética oposición).

Un gobierno de Boric no sería un gobierno fácil, precisamente por esa tensión. Sería un gobierno que tendría que lidiar con más fuego cruzado que cualquiera de los gobiernos anteriores. Salvo, por su puesto, si la Convención Constitucional interviniera drásticamente para cambiar el balance de poder (como, por ejemplo, si adelanta elecciones o elimina el Senado). En ese caso, todo se volvería impredecible.

Los nuevos reclutados

Con las instituciones, partidos y movimientos ya alineados (en su mayor parte), los nombres de los reclutados independientes son fundamentales. Pero no solo como piezas estratégicas para ganar votos de centro, sino que también para gobernar. De nada sirve agregar nombres a la campaña para ganar votos si no ocuparán posiciones fundamentales después. Si Boric gana, será precisamente por la incorporación de esas personas.

En honor a los compromisos, que son componentes integrales de los estándares de exigencia, los nuevos nombres debiesen ocupar roles más trascendentes en la campaña de Boric, pavimentando el camino desde ya. Hasta ahora, los cambios han sido los esperados, escondiendo a los que hablaron demasiado y promocionando a los ya alineados. Pero en la ecuación final falta el complemento. Falta la novedad.

No haber movido una coma del programa hasta ahora es una mala señal. Pues, recuerda la sombra del Partido Comunista sobre el comando y su potencial presencia en lo que podría ser el gobierno. Pero haber incorporado a los moderados al comando en lo nominal pero no en lo factual es un error imperdonable. Representa lo que muchos diariamente condenan de la política: el doble discurso de darlo todo cuando se está en campaña y nada cuando se está en el gobierno.

Gobernabilidad

Con una votación de 1.8 millones de un padrón de 15 millones, Boric llegaría al poder en jaque, y con poco espacio para cometer errores. En esta foto, la gobernabilidad se volvería un tema central. Entre los compromisos, la presión política, y la alienación de una porción importante de ciudadanos que elige no votar, existe la posibilidad de movilizaciones inesperadas, ya sea por no hacer lo suficiente o hacer más de lo posible.

Boric se ha movido al centro acertadamente, y ha incorporado a varias personas de gran calibre que lo podrían ayudar a pulir su posición y su programa. Pero no los ha ocupado hasta ahora. Ha insistido en profundizar su estrategia de primera vuelta reforzando posiciones originales por medio de liderazgos fuertes pero redundantes. Una estrategia arriesgada en tanto supone que el candidato tiene una capacidad de convocar masas que simplemente no ha demostrado tener.


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