-¿Cambia el pronóstico para la segunda vuelta luego del debate? ¿O es solo un cambio de temperatura, nada definido?
-Es difícil hacer cálculos. Existe una sensación térmica que viene de los debates, y los debates muchas veces derivan en percepciones y en encuestas, que son hechas en base a la opinión pública. Pero los que resuelven la vía política son los electores. Son tres niveles, no necesariamente son los mismos. Si me dices: “¿Sichel va a pasar a segunda vuelta?” No tengo idea, porque no sé ni nadie sabe quiénes son los votantes que van a ir en noviembre a sufragar.
-¿Los debates son una parte de la ecuación, no son definitivos?
-Los debates generan opinión pública. La opinión pública es eso: una opinión, que es distinto a una conducta electoral. O sea, en abril Pamela Jiles estuvo como la primera opción para ser candidata presidencial y luego bajó a la misma velocidad que subió. Eso es opinión pública, es espuma: la espuma te eleva pero no es consistente. Mientras que tener fondo electoral es otra cosa: es tener electores que van a ir a votar por ti. Los debates pueden generar electores o pueden generar espuma que después se transforma en electores o se desvanecen. Estamos justo en ese juego, en que no sabemos qué es opinión y qué es conducta.
-¿Cómo viste a Yasna Provoste, crees que fue la más consistente?
-Ella fue la que más mejoró. Pero en general la performance de los candidatos fue bien discreta. Yasna Provoste tenía más clara la película. Se preparó, sabía que no iba a atacar a Gabriel Boric, sino más bien se iba colgar de él. Tenía claro quiénes eran los adversarios, no entró a pegarle a todo el mundo. Tenía claro el discurso y la encerrona que le hizo a Sichel. Y lo buscó y este reaccionó muy mal y con eso logró generar un contraste muy bueno para ella. No habló sobre el feminismo sino que habló desde la mujer, que es algo más consistente que hablar sobre feminismo. O sea, cuando Sichel la trata mal, le dice “tú no entiendes nada”, está generando un punto feminista fuerte, porque en el fondo lo que hace Sichel es maltratar desde un machismo. Ella logró empatizar mucho desde el afecto y las ideas. Por eso le fue mucho mejor que al resto.
-El otro que había expectativas era Kast después de las encuestas que lo ponen segundo. ¿Se vio más incómodo, no es tan fácil ser segundo?
-Lo que pasa es que Kast no está acostumbrado a tener presión, que es otra cosa. El ser marginal, ser el cuarto o quinto siempre desde el 2017, es distinto a ser el segundo y pasar a segunda vuelta. Es decir, es como lo que le sucede a los equipos chicos, que pierden las finales porque no están acostumbrados a jugarlas. Y Kast sintió la presión, sintió que tenía cuidarse en lo que decía y le sucedió lo que le pasa a quienes no manejan la presión: se paralizó, se endureció y salió de sus casillas con Boric por el tema de Panamá. Evidentemente, eso no estaba en el libreto de él. Un candidato que va segundo no puede picar o reaccionar ante una acusación aunque la considere injusta. Porque estamos eligiendo a un presidente que tiene que tomar decisiones relevantes, claves, porque el gobernar no es una cosa fácil. Gobernar es improvisar y tomar todo el día decisiones complejas. Entonces si alguien lo acusa de algo que cree que es injusto y reacciona de esa manera, es una muy mala señal al electorado.
-Por otro lado Boric no arriesgó mucho…
-A Boric no le llegó ningún combo amenazante, nunca estuvo en una posición incómoda, se administró bien y lo ayudó mucho Yasna Provoste, Marco Enríquez y sobre todo Artés. Lo que hace Artés es que saca a Boric de la extrema izquierda y lo pone en el centro. Lo cual para Boric es muy cómodo. Ante Artés todos son moderados. Los candidatos de derecha tratan de poner a Boric en la extrema izquierda y viene Artés y dice: “Ese es igual a ustedes”. Boric no brilló, pero tampoco pasó zozobras. Aparte que las temáticas con las cuales le pueden pegar a Boric son bastante conocidas: la alianza con el PC, la inexperiencia, la gobernabilidad y un par de temas que tienen que ver con la economía. Pero no hay ningún “esqueleto en el closet”, como se dice.
-Sichel le recordó un tuit antiguo.
-El famoso tuit que le sacaba Sichel, quien se notaba que estaba como fuera de sí porque no lo pescaba. Boric se ha encargado de decir que ha evolucionado. Los últimos diez años de Boric son cuando era muy joven. Alguien que a los 20 años no comete errores es raro, nadie nace siendo viejo. Que es distinto a la acusación de Boric contra Kast, de haber hecho esta transacción de US$ 21 millones en Panamá, sin pagar impuestos, ahí hay algo parecido a lo que se le está acusando Piñera. No hubo mayores turbulencias para Boric, nadie lo apretó.
-¿No cambió el piso el debate?
-Yo creo que sí cambió. Puede consolidar a Sichel como un cuarto, que no logra despegar y que viene de arriba. Es decir, eso es lo más difícil en una carrera presidencial: normalmente las tendencias tienden a generar una sola dirección. Es muy difícil que alguien que esté arriba y vaya bajando logre subir. Eso es bastante complejo. Lo que suele suceder es que alguien suba lentamente o baje lentamente. Pero una vez que está abajo, para que suba otra vez tendría que haber algún tipo de milagro o algún tipo de hecho esencial que cambiara esa dirección. A lo mejor si los partidos de Chile Vamos se tomaran en serio la campaña de Sichel y lo traccionaran, a lo mejor podría lograr un despliegue mayor en términos territoriales y remontar, es lo que uno espera. Detrás de Sichel hay tres o cuatro partidos, dos de los cuales son de los más grandes que hay en Chile, y detrás de Kast hay un partido que recién comienza. No hay nada definitivo respecto a estas percepciones que aparecen en el debate. La campaña propiamente tal se inicia el 21 o 22 de octubre y ahí empieza a jugarse en el área chica con los Cores, con los candidatos a diputado y al senado, todo el despliegue territorial, y ahí los partidos tienen importancia. Si Sichel no levanta es porque la UDI está en otra.
-¿Dirías que no hay que confundir la efervescencia por los debates con las tendencias electorales?
-Hay que poner paños fríos, lo peor es confundir electores con decir “está líquido”. Los escenarios van cambiando. Lo que pasa es que ahora hay muchas más encuestas y yo diría que el fenómeno nuevo es que los debates han adquirido una importancia que antes no la tenían, esencialmente por este complemento que encontraron con las redes sociales. El año 2017 esto todavía estaba verde, estaba empezando: había memes, productos, pero los debates no generaban la cantidad de interacciones que hay hoy día. Y tampoco los candidatos cometían los errores que se cometen ahora. Es decir, errores como los de Jadue, Lavín, o los de Sichel, no se veían tan seguido. Y esta interacción más suelta también genera una mayor diferenciación en los candidatos que el mundo de las redes sociales y del consumo de media lo traduce en contenidos distintos. Eso es un fenómeno que genera opinión pública y se puede traducir en electores.
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