El abogado, académico y ensayista, Agustín Squella, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2009, es una de las voces de la Convención y esta semana generó comentarios su intervención en la que pidió a sus colegas que se concentraran en sus “deberes”. En esta entrevista, analiza los primeros 120 días del organismo que redactará una nueva Constitución.
-La Convención lleva 4 meses. Si miramos el vaso medio lleno, logró dotarse de un reglamento y ahora avanzan las comisiones específicas en su primera semana. Si lo miramos medio vacío, hay polémicas como la de Rojas Vade y poca confianza de la ciudadanía. ¿Cuál es su apreciación?
-El vaso se está llenando lentamente. Lenta, pero también progresivamente. En esta fase, la principal, habrá que apurar el tranco y abrirnos a la participación popular y a los desplazamientos territoriales, aunque de una manera que no ponga en riesgo el deber principal que aceptamos el 4 de julio: elaborar y proponer al país una nueva Constitución, y eso dentro de un plazo mínimo (9 meses) y máximo (12 meses).
-En su intervención del miércoles fue enfático en decir que los constituyentes no pueden olvidar que ¡tienen deberes! ¿Cuál fue la intención de esa afirmación? ¿Los convencionales se han dado gustos innecesarios o han hecho muchos discursos que escapan a sus atribuciones?
-Por momentos nos mostramos muy celosos de nuestras competencias, de nuestros derechos, de que somos o no somos un poder constituyente originario, lo cual no está mal, siempre que lo combinemos con una clara conciencia de nuestros deberes. Al decir cada uno de nosotros “Acepto” en la ceremonia del 4 de julio asumimos una gran responsabilidad, una gran tarea, y esta tarea es con plazos que no podemos alterar.
-Usted es parte de la comisión “Sobre principios constitucionales, democracia, nacionalidad y ciudadanía”. Son temas de alta relevancia. ¿Cuál es su visión sobre ellos y cómo le gustaría que quedaran en la carta magna?
-Me gustaría que la primera de las disposiciones de la nueva Constitución declarara que la dignidad es el valor superior del orden constitucional, que en ella se basan ciertos derechos fundamentales que todos tienen sin excepción, y que en nombre de ese parejo valor que nos reconocemos unos a otros debemos ser tratados con similar consideración y respeto.
-Hay un grupo de convencionales que acentúan su identidad en aspectos como el feminismo, los pueblos originarios, cuestiones de género, etc. ¿Cree que deberían intentar llegar a acuerdos, pensar en el colectivo nacional antes que en la pura identidad?
-La individualidad y la pertenencia a colectivos que abrazan determinadas causas es perfectamente comprensible, aunque no al precio de que nos dificultara la necesaria visión de conjunto. Constitución en perspectiva de género, en perspectiva de pueblos originarios, en perspectiva democratizadora, en perspectiva de derechos de las personas, en perspectiva descentralizadora, y así, todas legítimas y necesarias, sin duda, pero admitiendo que la causa y tarea de los convencionales es una nueva Constitución y que todas las perspectivas deben confluir en eso. Esa es la bandera común que todos llevamos juntos: una nueva, justa y completamente nueva Constitución.
-¿Se ha sentido en algún momento decepcionado de la Convención o arrepentido de haber postulado? ¿Por qué?
-Ni decepcionado ni menos arrepentido, lo cual no significa que mi ánimo deje de oscilar a veces entre el entusiasmo y la preocupación, y esto según van ocurriendo las cosas.
-A veces, al escuchar los discursos, pareciera que muchos hablan para escucharse a sí mismos. ¿Cree que falta diálogo? ¿La idea de ceder algo para alcanzar un consenso está subvalorada en la Convención?
-Es verdad, a todos pudo ocurrirnos eso, aunque en diferentes medidas. Estar en la Convención no es un logro personal, sino una responsabilidad, y lo que pienso es que en este momento, cuando nos aprestamos a discutir y aprobar normas de la futura Constitución, no importa tanto quiénes somos, sino dónde y para qué estamos.
-Alfredo Joignant hacía notar que la ultraizquierda se hacía escuchar mucho en la Convención. Al mismo tiempo, el convencional Rodrigo Álvarez reconocía que la derecha era una simple espectadora. ¿Hay cierto ultrismo?
-No hay dominio, aunque sí, posiblemente, mayor presencia, más ganas de mostrarse de la ultraizquierda. Derecha e izquierda extremas son minorías dentro de la Convención y hacen lo que todas las minorías: alardear para que se fijen en ellas.
-¿Qué piensa del caso Rojas Vade, que aún no se resuelve? ¿Debería volver a la Convención?
-Volver en ningún caso. Seguir fuera, sí, y si se le continuaran transfiriendo mensualmente los recursos públicos de la dieta, no percibirlos, no utilizarlos y reintegrarlos de algún modo.
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