“Morir en la arena”: las sinuosas formas de la ruina. Por Héctor Soto

Ex-Ante

En su más reciente novela, Leonardo Padura vuelve a lo mejor de su literatura, para contar una historia de familia que tiene contornos trágicos, alcances generacionales y correlatos respecto de lo que viene ocurriendo en Cuba desde hace décadas.


No sólo porque vengo de leer tres novelas decepcionantes, ninguna de las cuales por supuesto recomiendo, es que Morir en la arena me ha parecido un libro fuera de serie. Esas novelas fueron Serpiente, de Alfredo Andonie (Alfaguara), un manojo de lugares comunes previsibles y sobreescritos sobre la vida de un prostituto en Santiago; La península de las casas vacías, de Daniel Uclés (Siruela), una españolada sobre la guerra civil que llegó tarde, muy tarde, a la repartición de premios del realismo mágico y, como remate, La anomalía, de Hervé Le Tellier (Planeta), premio Goncourt, no se pierdan, cuyo gran mérito radica en ser ingeniosilla, que es posiblemente lo peor que puede decirse de una novela.

Morir en la arena, claro, está en otra dimensión y tiene estatura literaria de verdad. Es la historia de un parricidio narrada por un escritor que maneja y tributa como pocos a la majestad del idioma. Hace bien leer de vez en cuando a autores no traducidos. Es otra cosa; en este caso, estamos hablando del autor de un libro ya canónico, El hombre que amaba a los perros. Su nueva novela de seguro no tiene la misma densidad histórica o política de esa obra maestra. Pero tiene una trama que igual se engasta en lo que ha pasado a ser la marca de fábrica de Leonardo Padura: el horror de una sociedad dominada por el miedo y la pobreza (en ese orden) y que desde hace años viene en caída libre, remontando una crisis para caer en otra peor que la anterior. En eso lleva décadas: crisis todas inagotables, todas insufribles y todas terminales, aunque sin término, porque los países no quiebran y después de todo, como alguien alguna vez lo recordó, siempre se puede estar peor.

En esta historia de un hijo que mata a su padre y que regresa a casa después cumplir una larga condena por su crimen, resuenan varias de las vicisitudes de la sociedad cubana del último medio siglo. Está el fracaso de quien, siendo un chico rebelde aunque de buenas notas en el colegio, iba a tener un futuro radiante estudiando en la RDA con miras a incorporarse después a la también radiante planta de energía nuclear que se iba a construir en la isla y que quedó en nada. Está el derrumbe de los socialismos reales a partir de la caída del Muro. Está la aventura cubana en Angola, inscrita en la forma de trauma en la conciencia del hermano del parricida. Está la sordidez cada vez más desesperada de la pobreza, que va acorralando poco a poco a la familia a un callejón sin salida. Están las brechas que separan a los que tienen acceso a dólares y los que deben arreglárselas hurgando en la basura o extremando el ingenio, la trampa y la degradación moral.

Más que de situaciones, Morir en la arena es una novela de personajes. Ninguno es monolítico o de una sola pieza. Todos tienen doble fondo, capas de vulnerabilidad, de crueldad, de furia y resentimiento. Ninguno es enteramente santo ni enteramente demoniaco. La mayoría pasa por el escrutinio de un escritor amigo de la familia, un gran personaje, que es quien cuenta la mayor parte de la historia, bajo claves freudianas, culturales y políticas, y en quien Padura se proyecta sin tapujos ni rubor.

La narración podrá ser a veces un tanto reiterativa, pero el poder evocativo que hay en la prosa de Padura, el ritmo y la belleza de su fraseo y, sobre todo, la densidad emocional que la historia va acumulando en el intertanto convierten la recurrencia y de los puntos ciegos en otra dimensión más de la fatalidad de una familia, de una generación y en último término de todo un país. De lo que Padura está hablando, en concreto, es de vidas despedazadas por distorsiones conectadas a las ruinas de una revolución fallida y a la larga pesadilla en que esa experiencia terminó. Suponiendo, claro, que éste sea el final, cosa que es bien improbable.

Hay mucho de melodrama en el relato de esta familia quebrantada. Hay amores que quedaron suspendidos en el tiempo, hay odios que jamás se superaron, hay rivalidades que nunca se asumieron, hay sueños que no se cumplieron. También hay nebulosas que nadie en su momento se encargó de aclarar y jóvenes que prefirieron escapar antes que la podredumbre dominante los capturara para siempre. Son los atajos que discurre Padura para que la novela se abra a los viejos temas del bien y el mal, de las ilusiones juveniles y los desencantos de la madurez, de la fatalidad y el libre albedrío, del que es malo por haber sido agraviado en su infancia y del que lo es por culpa de demonios circunstanciales.

Uno cierra la última página de Morir en la arena y vuelve a la pregunta que ya es recurrente: ¿cómo es que Padura sigue viviendo en Cuba? Se entiende su conexión con la patria y con su entorno emocional. Se entiende que le sea difícil escribir en otros contextos. Se entiende que muchas de las restricciones cotidianas que tienen los cubanos en su día a día a él no lo afecten. Pero aún así la duda no se despeja del todo, más todavía cuando Padura ha venido endureciendo sus observaciones críticas. Sí, lo ha hecho. Esta novela efectivamente corre las líneas grises de la crítica.

Sin embargo, cuando leo por ahí que Padora dice que “en Cuba habrá un futuro mejor cuando un médico pueda vivir dignamente de su salario”, la verdad es su declaración me parece más un chiste que una ingenuidad. Si es por eso, también mejorarán cuando no haya mendigos y la gente deje de andar rastrojeando en los basurales. O cuando todos puedan expresarse libremente. Así las cosas, ¿no serán éstos más que tibios eufemismos para evitar decir que las cosas en realidad mejorarán cuando comience el desmantelarse la dictadura que Castro instaló en la isla hace 65 años?

 

Morir en la arena. Leonardo Padura. Ed. Tusquest. 2025. 384 pp.

¿Busca contenido similar? Clic aquí.

 

Publicaciones relacionadas

Ex-Ante

Julio 3, 2026

La decadencia de la política en tiempos del TikTok. Por Jorge Schaulsohn

La política se ha convertido en una actividad dominada por la inmediatez, donde la visibilidad importa más que la coherencia y cada aparición está diseñada para generar titulares. Un cambio que tiene mucho más que ver con los nuevos incentivos que con la ideología. Es la dictadura del algoritmo.

Crítica de cine

Julio 3, 2026

En cines: La Invitación, una aguda y ¡desopilante! comedia. Por Ana Josefa Silva

The Invite. Créditos: IMDB.

…Y sí, con un último acto reflexivo-dramático-profundo. La película, que es un remake del que se han hecho hasta versiones teatrales (también en Chile), consigue un nuevo aire bajo la dirección de Olivia Wilde, quien también actúa junto a Penélope Cruz, Seth Rogen y Edward Norton.

Decano Facultad de Economía y Negocios, Universidad Andrés Bello/ Profesor Asociado FEN, Universidad de Chile

Julio 3, 2026

ENAP y el dilema del Estado propietario. Por Juan Pablo Torres y Francisco Sánchez

La pregunta de fondo es si el Estado está actuando como un propietario estratégico o si las prioridades cambian al ritmo de las urgencias fiscales o políticas de cada momento. La paradoja es evidente. El mismo propietario que exige mayores dividendos demanda, al mismo tiempo, más inversiones, mejores controles, mayor transparencia y una transformación profunda […]

Investigador del Centro de Estudios Públicos

Julio 2, 2026

Seguridad: una agenda necesaria para el crecimiento de largo plazo. Por Roberto Cases

Lo que el Gobierno espera ganar con la megarreforma es, en magnitud, casi exactamente lo que el país ha estado perdiendo por el canal de la inseguridad.

Escuelas Protegidas: La oposición y la “tercera cámara”. Por Natalia González

Sería muy delicado que el TC elevara la gratuidad a la categoría de derecho fundamental —o humano—, con efectos que excederían con mucho este proyecto. Ya conocemos los costos de ciertas interpretaciones judiciales expansivas que, privilegiando consideraciones sociales o morales, terminaron incidiendo severamente en diversas políticas públicas y resolviendo materias propias del legislador. Cabe esperar […]