Así como los seres humanos somos volubles, cambiantes en función de los sentimientos de turno, también las sociedades son sensibles a las pasiones dominantes. Así como hombres y mujeres orientamos nuestras opiniones y conductas a partir de nuestras emociones, las sociedades también perciben, opinan, compran y votan, en gran medida, en función de lo que “la guata” les dice sobre el presente y el futuro.
En 2019 “la guata” mayoritaria estaba rabiosa, sedienta de culpables y en busca de los causantes de esa rabia, sociológicamente descrita como malestar. La rabia se dirigía a las élites políticas y empresariales, al gobierno piñerista, a Carabineros y, en lo grueso, a los pilares de la Transición, los famosos 30 años.
La rabia daba vida a un relato verosímil que decía que durante los 30 años había aumentado la desigualdad e incluso la pobreza, que habíamos tenido un crecimiento económico a costa del sufrimiento del pueblo, el medio ambiente y en beneficio de los más poderosos.
También, la rabia, expresada en encuestas, mostraba una mala evaluación de las FF.AA. y Carabineros dejando espacio a que muchos se pasearan frívola y orgullosamente por las calles portando la imagen de un perro con pañuelo rojo al que llamaban “Matapacos” mediante el cual simbolizaban su odio hacia Carabineros.
Toda esa “guata social” de 2019, está debidamente documentada por encuestas y, por lo mismo, es que resulta tan llamativo el cambio en la emocionalidad social que se viene observando hace ya un tiempo.
Hoy, la emoción dominante en la sociedad es el miedo. Miedo a la delincuencia, miedo al crimen organizado, miedo a que terminemos devorados por el narcotráfico, miedo a los inmigrantes. Miedo y más miedo.
Es esa emoción de base la que explica el giro en 180 grados de las subjetividades sociales mayoritarias en materia de seguridad. No son cambios estructurales (refundación) de Carabineros ni en las FF.AA. los que explican la legitimidad y la confianza que hoy les otorga la sociedad y nos les entregaba hace pocos años.
Según Criteria, un 60% de la población hoy en día está de acuerdo en “pedirle al Ejército que salga a las calles para hacerse cargo del control social”; un 85% avala “reforzar la presencia de Carabineros en las calles”; y casi la mitad de la población (46%) expresa su conformidad con “implementar toques de queda”. Números significativamente superiores a los observados en 2019.
Visto así, es que cabe la pregunta sobre la deriva política del actual contexto emocional. ¿Será que estamos viviendo una revalorización social de la Transición? O, ¿más bien lo que experimentamos como sociedad es una restauración autoritaria?
Lo más probable es que haya una mescolanza de expectativas en ambos sentidos. Sin embargo, y aun cuando temas tan característicos de la Transición como el crecimiento económico, la movilidad social y la política de los acuerdos han vuelto a ser centrales para la población, lo más evidente y elocuente es la demanda social por orden y seguridad.
El giro radical en la legitimidad, confianza y expectativas en torno a la labor de Carabineros y Fuerzas Armadas pone de manifiesto que la demanda central hoy es por autoridad, incluso autoritarismo a riesgo de perder libertades. Como bien dijera hace pocos días el expresidente español Felipe González, “la libertad no existe sin seguridad”, una idea que luego repitió insistentemente el presidente Boric en su entrevista con ARCHI.
Miedo y más miedo será la emoción de base que acompañará la próxima elección presidencial. Así las cosas, si usted lector quiere saber quién será el próximo o próxima presidenta de Chile, más que embriagarse con la encuesta del momento, conjeture quién llegará en un año y medio más a representar mejor la esperanza de acotar el temor ciudadano.
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