El compromiso democrático y los intereses de nuestra nación no se transan por un simple vuelo de deportación. El líder de la narco dictadura Nicolás Maduro hace y deshace en lo que respecta a la definición de ciertos ámbitos de nuestra política doméstica e internacional, porque su colaborador más leal en territorio nacional, el Partido Comunista, atraviesa por la fase de mayor acumulación de poder e influencia en el Gobierno.
En primer lugar, el PC es el partido más grande de Apruebo Dignidad, la coalición original y predominante de esta administración. Y como si fuera poco, han accedido -tras una negligencia inexcusable de la oposición- a la testera de la Cámara de Diputados, por primera vez en su historia.
Se trata de una situación inédita en el orden democrático internacional ¿Qué democracia robusta tiene a un miembro del Partido Comunista presidiendo una de las ramas de un poder del Estado? Ninguna. Sólo Chile.
Porque, sólo en Chile un dictador como Maduro puede desafiar y vulnerar las fronteras, inteligencia e institucionalidad al batir por encargo a un ex teniente disidente como Ronald Ojeda, quien poseía estatus de refugiado político concedido por el Estado de Chile.
No se trata de “teorías conspirativas” ni “especulaciones terribles” como algunos cuadros de gobierno definieron. La tesis del Ministerio Público en Chile, cuya investigación lidera el Fiscal Héctor Barros, es que el crimen se organizó y se solicitó desde Venezuela, siendo la opción de un móvil político la más fuerte y vigente.
Tras el asesinato de Ojeda, cuando todo apuntaba al evidente rol de Nicolás Maduro, hubo dos acciones que permitieron prospectar cuál iba a ser la lamentable línea política de nuestras autoridades.
Primero, el Partido Comunista descartó toda influencia del Gobierno de Maduro en el crimen. Basta recordar las palabras de Lautaro Carmona, presidente del PC: “No hay nada que diga que esto tiene que ver con una intromisión con Venezuela“. Luego, el Presidente Boric, tras días de silencio, en lugar de abordar el fondo del asunto, puso su capital político a disposición de una defensa corporativa del PC, declarando: “El anticomunismo visceral de algunos sectores políticos y sus medios afines en nuestro país es demasiado evidente…”.
Primer acto: El PC blinda a Maduro. Segundo acto: Boric apoya al PC. Tercer acto: Maduro ejerce su derecho a ser socio controlador de nuestra política exterior.
El Gobierno, pese a conocer la tesis que maneja la Fiscalía, ha abierto un canal de diálogo con la narco dictadura liderada por Maduro, apostando recientemente a la “colaboración” del gobierno venezolano en el esclarecimiento de los hechos. Una actitud, a lo menos ingenua. Mientras tanto, los intereses de Chile se transan por migajas: la expulsión de 150 venezolanos del país que fueron enviados en un avión a Caracas.
Como si fuera poco, hace algunos días Nicolás Maduro se dio otro “gustito”: enlodar el honor del recientemente fallecido ex Presidente Sebastián Piñera, acusándolo de que él fue quien trajo delincuentes venezolanos a Chile, tras “conocerlos, contratarlos y apoyarlos en Cúcuta para supuestamente invadir Venezuela”. Una afrenta diplomática, desde todo punto de vista, a la que el Presidente Boric respondió de manera débil: “Las diferencias entre chilenos las resolvemos acá”, acogiendo, a renglón seguido, el llamado al diálogo ofertado por Maduro.
Entremedio, el Apparátchik del Partido Comunista Juan Andrés Lagos, un colaborador histórico de los regímenes de Cuba y Venezuela, el tercer miembro en la jerarquía del PC tras su Presidente Lautaro Carmona y la Secretaria General Bárbara Figueroa, ejerce un influyente rol como asesor del Subsecretario del Interior, Manuel Monsalve.
Cuando Monsalve ha debido dar respuesta a la pregunta relativa a si el régimen de Venezuela es o no una dictadura, ha mostrado nerviosismo, ha titubeado y ofrecido respuestas oblicuas del tipo “Venezuela no tiene un Estado de derecho como el nuestro”. Es evidente. La sombra de Juan Andrés Lagos merodea por los pasillos del Ministerio del Interior y la influencia de Nicolás Maduro, su controlador, se hace notar. Cada vez más.
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