-¿Cuál es tu opinión general sobre Javier Milei: va en la dirección correcta o es demasiado radical?
-El diagnóstico que hizo hace unos meses, Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central de la República Argentina fue que había miles de regulaciones que estaban mal diseñadas o había que eliminarlas. Y él está detrás de las medidas anunciadas por Milei hace dos días, que es un shock bastante radical, pero radical en sentido positivo para la economía argentina y para su perspectiva de desarrollo.
Si en Chile tenemos un problema con la permisología, con un sistema de evaluación ambiental mal diseñado, implementado con permisos excesivos y kafkianos, eso hay que multiplicarlo por diez para entender lo que pasa en Argentina. En Argentina no se puede hacer nada sin coimear a un funcionario público, sin saltarse las reglas, con el riesgo de ir a la cárcel o expulsado del país. No se puede emprender nada en forma ordenada y de acuerdo a las reglas de una democracia abierta y transparente. Entonces esto necesitaba un shock grande.
-¿Y qué medidas son las que te parecen más rescatables del paquete?
-Un tema es la desregulación de precios y de tarifas a las importaciones. Milei desmantela una oficina en el Ministerio de Economía que fijaba precios, otro reglamento que regulaba los precios en las góndolas de los supermercados. Y todas esas leyes y regulaciones, impuestas por los gobiernos peronistas básicamente, provocaban una hiperinflación.
Otro punto positivo es sincerar el tipo de cambio oficial al tipo de cambio de mercado que es el así llamado dólar blue, que funcionaba en el mercado negro y unificar los tipos de cambio. Un control de precios es el de los arriendos. El gobierno fijaba los cánones de arriendos de las casas de departamentos y eso también se va a liberalizar, lo que es correcto.
Segundo, un aspecto que tiene que ver con los permisos. O permisología, como se dice en buen chileno. Y ahí hay 12 medidas distintas para simplificar los trámites correspondientes.
-También anuncia privatización de empresas públicas.
-Sí, hay otro conjunto de medidas que dicen relación con el rol del Estado en la producción directa. Por ejemplo empresas públicas. Hay mucha empresa pública en Argentina, algunas que fueron siempre públicas y otras que pasaron de manos públicas a manos privadas; y nuevamente se estatizaron bajo los gobiernos peronistas, como Aerolíneas Argentinas. El decreto permite la privatización o el traspaso de las empresas públicas a sus trabajadores, como ya anunció en el caso de Aerolíneas Argentinas.
Yo diría que fundamentalmente esos son los principales puntos: desregulación, liberación de precios, privatización parcial o total o entrega de empresas públicas a sus trabajadores. ¿Son necesarios esos tres conjunto de medidas? Sin mencionar la factibilidad política de hacerlo, en el caso argentino es ultra necesario. Si Argentina en algún momento quiere volver a crecer, a desarrollarse, a solucionar sus problemas, más allá de la macroeconomía, más allá de la hiperinflación, tiene que tomar estas medidas microeconómicas sectoriales, de desregulación económica bastante radicales.
-¿Cuáles son los riesgos y oportunidades de lo que está pasando en Argentina?
-Creo que esto tendría un impacto microeconómico fantástico, una inyección a la vena para crecer más. Los riesgos son que no sea aprobado, por oposición política en el Congreso, por oposición en las calles o de los sindicatos que están todos tomados por el Partido Peronista.
Pero yo creo que es lo necesario en Argentina hoy en día: tratar de hacer todo en materia de mejor regulación y desregulación; y privatización de empresas públicas, que son un antro de ineficiencia y corrupción en Argentina. Tratar de hacerlo todo para llegar a hacer algo. Esa es como la máxima que está detrás.
-¿Y hay alguna de estas ideas que podrían ser llevadas a la práctica en Chile?
-En Chile existe un consenso súper horizontal, súper transversal, de economistas de izquierda, de centro y de derecha, desde el gobierno hasta la oposición, a favor de las medidas que anunció Nicolás Grau, ministro de Economía y Mario Marcel, ministro de Hacienda, de reducir ordenar y reformar toda la regulación de permisos y de evaluación de impacto ambiental.
Eso tiene un apoyo completo y acá mi sugerencia al gobierno sería sacar esta parte pro crecimiento del pacto fiscal y pasar todas las leyes necesarias, hacer todos los cambios regulatorios lo más rápido posible para poder incentivar nuevamente la inversión y el emprendimiento y el desarrollo productivo en nuestro país.
-¿Esa parte del pacto fiscal es una buena señal?
-Esto es una señal potentísima que ha dado el Gobierno. Muy positiva. Por supuesto, hay que ver los detalles, pero los anuncios son muy buenos. Yo no entiendo por qué Mario Marcel y Nicolás Grau no mandan los correspondientes proyectos de ley, separándolo del resto del pacto fiscal. El resto del pacto fiscal no tiene tanta adhesión política como lo tiene esto. Y acá hay un apoyo transversal completo y arrancaría aplausos de todos, desde el gobierno a la oposición.
-¿Cuál es tu evaluación del resto del pacto fiscal?
-Tiene muchos regalitos este árbol de Pascua que se llama pacto Fiscal. Algunos de ellos son súper necesarios, importantes como los que acabo de decir. Desregulación en Chile para reducir permisología y eficientar los trámites. No reducir los estándares, pero racionalizarlos y hacerlos de mejor forma. Hasta ahora no he visto luces certeras de una buena reforma tributaria. Pero las medidas pro crecimiento, avaladas además por la comisión Marfán, son todas correctas.
-¿Y Milei te parece un modelo a seguir en Chile?
-Muchas cosas que él propone, no tienen mucho sentido en Chile. Por ejemplo, él propone reducir los aranceles a las importaciones. En Chile no tenemos virtualmente aranceles de importaciones, son cercanos a cero con los países que tienen un tratado de libre comercio.
¿En Chile hay sobrerregulación? Sí, hay sobrerregulación y mala regulación, como correctamente identifican los ministros Grau y Marcel. En algunos casos lo hacemos mucho peor que en Argentina. Nuestro sistema de impacto ambiental es más lento, más ineficiente, más kafkiano y más malo que el argentino. Lo hacemos muy mal ahí. Y lo mismo con varios otros permisos.
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