“Discutí el problema (constitucional) con el ministro de Economía chileno, Nicolás Grau, en una sesión abierta en la Universidad Queen Mary de Londres, a principios de mes”, escribió el ex economista del Fondo Monetario Internacional, Thorvaldur Gylfason, en una columna publicada el 20 de octubre en el sitio Social Europe.
“Espero que el ministro haya llevado a casa el mensaje de que es posible atraer votantes a una nueva constitución con visión de futuro, si los partidos y especialmente los grupos de intereses especiales son mantenidos a una distancia razonable”.
El tema era familiar para el economista. En 2010 fue elegido para integrar la asamblea constitucional que Islandia realizó para reformar la versión de 1944 de una carta fundamental que, dijo, mantenía la impronta de la impuesta por el rey de Dinamarca en 1849.
La convención islandesa se creó tras las protestas de 2008 en que “los islandeses salieron a las calles a cacerolear demandando que las autoridades se hicieran responsables del colapso financiero en que se encontraban, y una nueva Constitución”.
La propuesta que elaboraron fue apoyada por un 67% de la población en un plebiscito nacional. Sin embargo, no se implementó, ya que no fue ratificada por el Congreso, en medio de una mejora de las condiciones económicas producto del “rescate económico” del Fondo Monetario Internacional, dijo Gylfason, quien también es profesor de economía en la Universidad de Islandia.
Apoyado en esa experiencia, realizó sus análisis y advertencias a Grau. Planteó que, pese a la barrera de los 2/3 impuesta para aprobar las normas en el pleno de la Convención, “inesperadamente un 62% de los votantes rechazaron la propuesta constitucional, que había sido levantada como bandera por el recientemente electo presidente de izquierda, Gabriel Boric, y el movimiento que lo catapultó a la presidencia”.
Planteó que “la Convención Constitucional en Chile (…), dada la forma en que se conformó, se dividió en facciones políticas, con la izquierda teniendo la ventaja. Luego, los opositores de derecha del borrador argumentaron, en parte correctamente, que está estaba sesgada en favor de la izquierda”, dijo. “(Esto) tuvo mucho que ver con la derrota en el plebiscito”.
“Tampoco ayudó que la Convención fuera ampliamente percibida como un órgano que trató de abarcar demasiado produciendo un borrador muy largo, muy detallado y muy intrusivo, con 388 artículos, en comparación con los 114 artículos de la versión islandesa”.
La columna no detalló cuál fue la respuesta de Grau. Este medio se contactó con el ministerio de Economía para conocer de la participación del secretario de Estado en el encuentro, sin obtener detalles hasta el cierre de esta publicación.
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