Febrero 27, 2021

Ex ministro neozelandés encargado de pactar con los maoríes: “Las negociaciones han sido pacíficas”

Pedro Schwarze
Christopher Finlayson

Christopher Finlayson, ex parlamentario del Partido Nacional (centroderecha), ocupó entre 2008 y 2017 el cargo de ministro para las negociaciones del Tratado de Waitangi desde donde debía impulsar las conversaciones —que se extendieron por décadas— con las tribus maoríes para intentar poner fin a una historia de abusos y discriminación.

Finlayson, quien visitó Chile en 2018 para hablar sobre los acuerdos alcanzados en Nueva Zelanda, asegura que en su país un 70% de los pactos ya fueron alcanzados y que fue necesario un consenso político y nacional para llevar adelante el proceso. El ex ministro, que tiene listo un libro sobre el proceso negociador pero que no ha podido salir a la venta por la pandemia, cree que “existen oportunidades reales para que nuestros países aprendan unos de otros sobre el tema de los pueblos indígenas”.

  • A comienzos de la década de 1970 surgió el movimiento de protesta maorí, que se caracterizó por manifestaciones y tomas de terrenos. Las protestas volvieron a resurgir a mediados de la década de 1990, incluido el ataque a estatuas de la era victoriana.
  • En 1975 el gobierno estableció los Tribunales de Waitangi para recibir las reclamaciones de los maoríes por, lo que decían ellos, el incumplimiento del Tratado de Waitangi. Aunque sigue funcionando, su mayor actividad fue hasta 1984, período cuando llevaron a cabo investigaciones y se abordaron reclamos históricos.
  • El tribunal emite un reporte y se inicia el proceso de negociaciones entre el gobierno —a nombre de la Corona— con uno o varios grupos, se alcanzan acuerdos y pactan compensaciones, traspaso de tierras y reconocimiento de aspectos culturales. El acuerdo queda establecido por escrito y se convierte en ley para que sea efectivo.
  • Todas las tierras que se le han devuelto a los maoríes eran terrenos de la Corona. No se puede involucrar tierras de privados en este proceso.
  • Aunque inicialmente se estableció como tope para la entrega de recursos económicos a los maoríes unos 700 millones de dólares, se considera que al final del proceso se habrán entregado en torno a los 2.000 millones de dólares.

¿Cuáles son los elementos de la experiencia neozelandesa que pueden ser útiles en América y en Chile?

El contexto es muy diferente, principalmente porque en 1840 se firmó el Tratado de Waitangi entre la Corona británica y los líderes maoríes. La Corona acordó proteger los tesoros de los maoríes y falló en casi todos los aspectos. Se tomó una decisión a mediados de la década de 1970 para abordar estos asuntos y este ha sido un ejercicio intergeneracional, que cuenta con el apoyo bipartidista en el Parlamento de Nueva Zelanda. Creo que sería difícil replicar la situación de Nueva Zelanda exactamente igual en Chile porque la historia es diferente. Probablemente sea problemático decir que se podría trabajar en firmar tratados con los pueblos indígenas, pero es posible que Chile avance hacia un proceso similar de reconciliación, que implicaría abordar la historia de lo sucedido, reconocer la culpa donde la culpa debe reconocerse, y proporcionar compensación económica y cultural.

¿De qué manera las protestas y la violencia de algunos maoríes impulsaron el proceso de negociación?

Las negociaciones han sido un proceso pacífico. Las protestas de los maoríes por las injusticias del pasado obligaron a los gobiernos a tomar medidas sobre cuestiones como el idioma maorí y las tierras maoríes durante el último medio siglo.

Usted ha hablado de la importancia del perdón, de ofrecer disculpas. 

Siempre que la disculpa esté respaldada por un compromiso de cambiar el comportamiento pasado, de lo contrario no es más que un ejercicio equívoco. Una disculpa es solo una parte de la ecuación: el compromiso con la cooperación futura es muy importante. Podría hablarle de muchas disculpas que he dado en nombre del gobierno que han sido amablemente aceptadas por los indígenas, pero esperan cambios, no solo palabras.

Usted negoció con los maoríes. Pero ellos no tienen un solo mando o un liderazgo. Uno de los problemas en Chile es que los mapuches no tienen un liderazgo unitario. ¿Cómo se resuelve ese problema?

Es fundamental que cualquier pueblo indígena que esté negociando con el gobierno tenga el mandato de hablar por su pueblo, para que el gobierno sepa que, si se llega a un acuerdo, se acabará el asunto. En Nueva Zelanda, los pueblos indígenas que negocian con el gobierno votan para aprobar a sus negociadores.

¿Las negociaciones en Nueva Zelanda fueron acompañadas de una investigación histórica y de trabajo con la comunidad? 

Sí. Esto es muy importante tanto para los pueblos indígenas como para el gobierno. Puedo pensar en muchas negociaciones en las que los historiadores de ambos lados entablaron un animado debate porque hubo una disputa sobre qué sucedió exactamente. El trabajo con la comunidad es fundamental, especialmente para obtener datos de la tradición oral. Una vez que se cuente con los hechos, es más fácil diseñar una reparación significativa que aborde los hechos reales que sucedieron en el pasado. También es importante sumar a todo el país a este proceso, particularmente si va a haber transferencias de tierras al grupo de los indígenas, así como el cambio de nombre de pueblos y localidades.

Las negociaciones fueron impulsadas por los principales partidos de Nueva Zelanda. ¿Es necesario un acuerdo nacional y político para tal proceso?

Sí. Este es, como dije, un ejercicio intergeneracional y bipartidista. No puede ser un ejercicio de un partido político. Tanto la centroizquierda como la centroderecha deben estar unidos en la necesidad de un proceso así.

Como negociador, ¿de qué manera luchó contra la desconfianza de todos lados?

Como sabrá, el racismo y los prejuicios no se evaporan de la noche a la mañana. Algunos neozelandeses europeos se molestan mucho con este trabajo y a menudo recibí cartas ofensivas. La mejor manera de lidiar con tales actitudes es enfrentarlas. No tiene sentido sermonear a la gente, sino explicar con paciencia los hechos y por qué el trabajo es de interés nacional.

¿Qué aspecto queda por resolver?

Aproximadamente el 70% de los acuerdos ya están hechos. Todavía quedan algunos grandes convenios por venir. Ahora también está la cuestión de trabajar junto a los maoríes en un sentido contemporáneo.

¿Considera que el proceso de negociación podrá cerrarse o es un camino sin fin?

Las negociaciones históricas terminarán en algún momento de los próximos años. Pero, como dije, siempre habrá temas contemporáneos que abordar también, con un espíritu de generosidad y optimismo.


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