El gobierno de Kast en un complejo orden mundial. Por Ricardo Mewes

Ex presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC)
José Antonio Kast entrando a La Moneda.

Debemos protegernos de esta ruptura del orden geopolítico y económico, tal como lo calificó el primer ministro de Canadá en su reciente discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, Mark Carney, sin transar nuestra esencia democrática, nuestros valores, priorizando a las personas, el desarrollo sostenible, y por sobre todo la solidaridad e integridad de nuestros estados.


El nuevo gobierno de José Antonio Kast deberá enfrentar un escenario geopolítico complejo, con un nuevo orden mundial marcado por la disputa entre grandes potencias como Estados Unidos y China, un evidente giro a la derecha en parte importante de América Latina y una presión creciente de Estados Unidos sobre nuestra región, según señala el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica.

El sistema internacional se está caracterizando, y lo estamos viviendo hace varios meses, por una competencia estratégica entre Estados Unidos y China, lo que obliga a países como Chile a tomar definiciones sobre temas tan relevantes como las exportaciones e importaciones, cadenas de suministro, inversión y tecnologías, entre otros, lo que se suma a que Estado Unidos, guste o no, ha vuelto a mirar nuestra región como un espacio clave para sus objetivos, condicionando su cooperación internacional a temas como la migración, crimen organizado y el alineamiento frente a China.

Es así como el gobierno de emergencia que se inicia, deberá abordar nuestra política exterior desde esta óptica, es decir, centrando nuestras relaciones internacionales en ejes como seguridad y control de la migración, en línea con los intereses de aliados estratégicos como Estados Unidos, lo que se suma a la afinidad ideológica con gobiernos del barrio como el de Argentina de Milei, lo que debería abrir oportunidades de coordinación en seguridad, fronteras y energía, incluso retomando las relaciones diplomáticas con Bolivia.

Frente a la tensión entre Estados Unidos y China, y considerando la fuerte dependencia de Chile al intercambio comercial con el gigante asiático, el próximo gobierno tiene una tarea titánica que debe plantearse desde una visión a más de cuatro años que durará el gobierno. Deberá equilibrar su discurso firme en lo ideológico con la necesidad pragmática de mantener acceso a mercados claves. Todo un desafío para nuestra política internacional.

Los pro y los contras de estas definiciones están a la vista, incluso mencionados por varios expertos en la materia. Pérdida de autonomía estratégica frente a grandes potencias, exposición a sanciones si este alineamiento es percibido como excesivo, y potencial aislamiento en foros donde predominen gobiernos de otra orientación son algunos de los riesgos.

Pero también existen oportunidades como una mayor coordinación en seguridad con vecinos, mejor posición para atraer inversiones ligadas a relocalización de cadenas de valor, y capacidad de usar el contexto de disputa global para negociar mejores condiciones en energía, minerales y tecnología.​

Debemos considerar en este puzle a Rusia y la guerra con Ucrania, el conflicto en el Medio Oriente como un todo, conflictos con efectos humanitarios irreversibles y que también inciden en áreas tan sensibles como la logística y el abastecimiento internacional, sin desconocer que también existe un trasfondo geopolítico.

Un ejemplo es que Estados Unidos dejó de venderle soja a China, por lo que este último invirtió miles de millones de US$ en el puerto peruano de Chancay y comenzó a comprar soja a Brasil en grandes cantidades, lo que apuntaló a que Perú creciera sobre un 3% durante el 2025. China, además, tiene inversiones en Chile en diversos sectores, varios estratégicos como sector eléctrico, gas, abastecimiento y obras públicas. El punto es hasta cuándo.

En el mediano y largo plazo, la pregunta es con qué nivel de dependencia o independencia podrán moverse con libertad nuestro país y el resto del mundo frente a los tres grandes imperios: Estados Unidos, Rusia y China. En este nuevo orden, surge además la interrogante sobre el rol de Europa: ¿será capaz de enfrentar situaciones como la de Groenlandia u otros conflictos que puedan emerger con estas potencias? ¿Y qué rol ocupará Medio Oriente en este nuevo mundo?

Por la declaraciones de Kast es posible visualizar que su pragmatismo en lo interno, podría también aportar en equilibrar lazos con Estados Unidos, China y nuestros vecinos más cercanos, evitando así rupturas que afecten nuestra economía. En foros como ICARE fue posible aplaudir el tono más conciliador del Presidente electo, ocasiones en que enfatizó grandes oportunidades sin ideologizar excesivamente lo internacional, que se suma a un alineamiento con Washington para seguridad y migración, fortaleciendo además nuestra relación con otros mercados como Japón, Brasil, India y Corea del Sur, todos sin excepción.

Recoger ideas de países de la Unión Europea como Italia y Hungría para replicar iniciativas de seguridad y migración, o retomar la relación con Israel, dada su importancia estratégica sobre todo en el ámbito tecnológico y de defensa, pueden ser fundamentales para nuestra posición a nivel mundial.

Si seremos capaces de aprovechar este nuevo orden mundial en favor de nuestra posición estratégica y económica, está por verse. Nuestra tradición diplomática, valorada en distintos rincones del mundo, se ha debilitado como política de Estado debiendo retomarse también como una emergencia. Ésta no se debe improvisar y como ha sido una constante en nuestra historia, debe equilibrar el respeto a los derechos humanos con el desarrollo económico.

Debemos protegernos de esta ruptura del orden geopolítico y económico, tal como lo calificó el primer ministro de Canadá en su reciente discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, Mark Carney, sin transar nuestra esencia democrática, nuestros valores, priorizando a las personas, el desarrollo sostenible, y por sobre todo la solidaridad e integridad de nuestros estados.

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