El diputado Johannes Kaiser y el Partido Nacional Libertario, han ganado relevancia en la campaña chilena, obteniendo alzas en diversas encuestas. Su comunicación es directa y recibe respaldo por parte de sus seguidores, aunque no cuenta con experiencia y preparación para asumir la presidencia. Si bien no es el único candidato que presenta este perfil, destaca en el escenario actual por su falta de realismo.
Recientemente, en un discurso en Osorno, lanzó una amenaza torpe y alarmante, en el estilo del Presidente Boric: “Les puedo asegurar que en la Paz lo van a pasar muy mal”. Y añadió: “Le van a tener que cambiar el nombre a la capital, porque la Paz no va a ser”. Este tipo de declaraciones no solo evidencian una preocupante falta de prudencia y mesura en su discurso político, sino que también refuerzan la percepción de improvisación y carencia de visión estratégica que caracteriza su liderazgo.
No se espera que un Presidente sea experto en todo, pero sí que sepa distinguir entre decisiones informadas y ocurrencias improvisadas. Kaiser sigue la Escuela Austriaca de Economía, cuyas ideas esenciales, a diferencia del monetarismo o keynesianismo, es marginal. La falta de rigor formal y simplicidad argumental de la Escuela Austriaca suele atraer a políticos autoritarios, ya que su mensaje es fácil de comprender y malinterpretar.
Esta escuela destaca más por sus principios filosóficos que económicos. Rechaza métodos matemáticos y cuantitativos en su análisis, lo que dificultó el reconocimiento académico de figuras como Hayek y Mises durante años. Además, no reconoce a la macroeconomía como área relevante de política, priorizando la microeconomía y el libre mercado y su orden espontáneo, sin intervención estatal. Algunos como Víctor Espinosa, jefe del programa económico de Kaiser, son partidarios de eliminar el banco central. Una herramienta fundamental para nuestra economía.
La política exterior de Kaiser es rústica. El primer principio de ésta es el de “la supremacía de la soberanía chilena por sobre el transnacionalismo”. Siguiendo su lógica, Chile debería rechazar todos los tratados internacionales para recuperar soberanía ya que por definición siempre éstos conllevan algún grado de pérdida de soberanía.
Su programa se centra principalmente en temas de migración, seguridad y relaciones vecinales, sin abordar en profundidad el contexto global actual ni considerar la complejidad de las relaciones internacionales contemporáneas. Su propuesta prioriza las relaciones bilaterales y cuestiona el multilateralismo, adoptando una política exterior orientada hacia adentro.
Kaiser ha manifestado críticas hacia las Naciones Unidas (NU) y su oposición a iniciativas como la Agenda 2030. Esta última constituye un esfuerzo multilateral orientado a superar la pobreza y promover la equidad, respaldado por los países miembros de las NU y organismos internacionales tales como el Banco Mundial, el FMI y la OCDE, entre otros. Es relevante señalar que cada nación conserva autonomía para definir cómo abordar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este sentido, la Agenda 2030, al no ser un tratado internacional, no implica los riesgos señalados por Kaiser, ya que sus políticas son voluntarias y no poseen carácter vinculante.
Kaiser ha expresado objeciones al Tratado de París, que busca la cooperación internacional contra el cambio climático y planea denunciarlo. Esta postura solo se entiende si niega este fenómeno, lo que indicaría falta de conocimiento. Además, no pondera el impacto que tendría salirse de este tratado con algunos de nuestros socios comerciales más importantes.
Es esencial considerar las consecuencias de privilegiar discursos novedosos y antisistémicos sobre la experiencia y el conocimiento, especialmente en tiempos de desafíos nacionales e internacionales. La tendencia hacia soluciones simples y líderes sin experiencia, que abundan en estas elecciones, puede llevar a incertidumbre y polarización, afectando la gestión pública.
Por ello, el electorado chileno debe priorizar una elección reflexiva y crítica de sus representantes. Optar por propuestas radicales y cambios inmediatos puede comprometer el desarrollo sostenible del país. Enfrentar los retos actuales requiere tanto voluntad política como experiencia, conocimiento y capacidad para construir consensos.
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