La última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), acompañada de una ampliación de la muestra en la zona norte del país, ha destacado un aspecto crucial de la dinámica social chilena: la percepción hacia la inmigración. En un país con una historia marcada por diversos fenómenos migratorios, los últimos cinco años han presenciado una ola de inmigración sin precedentes en magnitud y velocidad. Esto ha elevado la proporción de extranjeros en la población chilena del 2% hace una década al 8%, equivalente a 1,6 millones de migrantes en la actualidad. Este aumento es principalmente atribuido al ingreso masivo de venezolanos, quienes ahora representan medio millón de personas.
Sin embargo, lo preocupante no se limita al aumento cuantitativo de la población migrante; también preocupa la percepción negativa que ha permeado entre la ciudadanía. Según el CEP, un abrumador 74% de los chilenos tiene una opinión desfavorable hacia esta última ola migratoria. ¿Cuál es la causa de esta actitud crítica? La respuesta no es simple, especialmente en un contexto de marco institucional débil, donde las interacciones locales influyen en estas percepciones (Chuaqui et al., 2024, en CEP). Sin embargo, esta encuesta reveló algunas pistas esclarecedoras. Mientras las interacciones en el barrio sugieren un mayor conflicto, en el ámbito laboral se observa lo contrario. Los focus groups realizados, con 126 participantes, revelan que los extranjeros llegan buscando oportunidades para progresar, motivación que también es reconocida por los chilenos encuestados. No es coincidencia que el perfil de los migrantes esté concentrado en personas en edad de trabajar. Por último, el cambio en la percepción económica es alentador: mientras que hace una década el 63% de los chilenos creía que los migrantes les quitaban empleos, hoy solo el 30% comparte esta visión, con un 65% de la población que reconoce el aporte de los migrantes a la economía. Es evidente que la narrativa en este aspecto está cambiando, y para mejor.
Las pistas recogidas nos indican la necesidad de redoblar esfuerzos en aspectos económicos, como la integración laboral. Aunque los migrantes tienen una tasa de participación laboral más alta que los nacionales, suelen ocupar empleos de baja calificación y enfrentan niveles más altos de informalidad (CASEN 2022). Además, es esencial promover la diversidad como un activo no solo para el desarrollo económico, sino también para mejorar nuestra cohesión social. Pues los mismos encuestados respaldan que es crucial fortalecer nuestras políticas públicas sin exclusiones: el 76% apoya derechos en educación para migrantes y el 52% en salud.
En resumen, la inmigración en Chile presenta desafíos, pero también oportunidades. Es hora de mirar más allá de las percepciones negativas y aprovechar el potencial económico y social que los migrantes pueden aportar a nuestra sociedad.
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