La expresión popular de partidos callampas es de autoría del abogado, ex ministro y actual experto Teodoro Ribera. Se ha utilizado para calificar a los partidos políticos que tienen menos de un 5% de intención de voto y los cuales están amenazados por la propuesta de los expertos, que los suprimiría. Así, en la propuesta que circula, una colectividad que no obtenga ese guarismo no puede elegir diputados, aun cuando alguien de sus filas haya tenido una alta votación.
Cuanto se presentó esta idea se hicieron variadas simulaciones, para estimar supuestamente cuantos parlamentarios quedarían fuera. Ninguna de ellas tiene fundamento real, pues la existencia de esa norma cambiaría los incentivos, y por tanto la conducta de los actores. Por ejemplo, quienes tengan liderazgos locales, y deseen ser parlamentarios, preferirán negociar con partidos que tengan seguro un 5%, a diferencia de hoy.
Chile tiene una tradición multipartidaria, pero no fragmentada. Históricamente el país vivió bajo la lógica de los “tres tercios”, con grandes partidos que actuaban como centros gravitatorios en cada mundo, y por ello las pequeñas colectividades no tenían mucho que hacer. A la vuelta de la democracia, dos grandes coaliciones dominaron la política chilena. En el primer caso la Concertación surgió de 16 partidos, que fueron agrupándose en grandes colectividades.
Hoy tenemos una fragmentación peligrosa La crisis política posterior que hemos vivido ha establecido una especie de 4 cuartos, con el surgimiento de los Republicanos. Pero también ha hecho más difícil el trabajo de la Segpres, al tener que negociar prácticamente uno por uno con líderes locales y pequeñas colectividades. El fenómeno de “pork barrel” que describen los politólogos de EE. UU. para hablar de las pequeñas transacciones regionales a cambios de votos decisivos ya es pan de cada día en quienes deben ir por parte del ejecutivo a tramitar al congreso.
Una reforma política que detenga la fragmentación puede tener poco de ciudadana, pero es muy necesaria. Pese a los reclamos de los partidos pequeños, que han ido a la Segpres y la han presionado por todos los medios, a ver si influye en los expertos, se hace necesario aprovechar este momento constitucional para resolver este punto. Una democracia débil es por cierto un factor de inestabilidad, y de pérdida de prosperidad para las personas.
La buena noticia es que los Republicanos miran con buenos ojos esta reforma. En una entrevista que dio en la tercera José Antonio Kast, tuvo palabras favorables a ello. Por desgracia la “gran Stingo” que hizo su estrella, Luis Silva, opacó la estrategia comunicacional del líder del partido. El hecho de que tendrán que gobernar este país con todas las dificultades derivadas de la crisis de representación que hemos vivido, los hace pensar en una Constitución que les ayude a ordenar las cosas. También en La Moneda no debieran tener problemas con ello, pues si la reforma obliga al Frente Amplio a unificarse en un solo partido, lo que puede quedar como un buen legado político del Presidente Boric.
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