El Lago de los Cisnes: el fracaso que hoy es “viral”. Por Carmen Gloria Larenas

“Conocer y disfrutar de uno de los ballets más famosos y apreciados en el mundo” y “en una coreografía que no da respiro”, son parte de las razones que entrega la directora del Teatro Municipal de Santiago para no dejar pasar El Lago de los Cisnes en 2025.


Varias han sido las obras de ballet y ópera que han fracasado en su estreno, para después renacer hasta ser adoradas, incluso en nuestros días en que los públicos son cambiantes, digitalizados y transversales que nos desafían.

El Lago de los Cisnes es una de ellas. Estrenada en 1877 en el Teatro Bolshoi, relata la historia de un hechicero —Von Rothbart— que embruja princesas para convertirlas en cisnes y mantenerlas cautivas. Una historia de amor, como es habitual, viene a cambiarlo todo para terminar bien o mal —hay dos finales, uno feliz y otro triste—. Dicen que ese fracaso inicial fue fruto de los desencuentros de un joven, inexperto y brillante compositor llamado P.I. Tchaikovsky que haría historia, con Julius Reisinger, el primer coreógrafo para dar vida a este encargo.

Años después en la ciudad Imperial de San Petersburgo, en 1895, la maravillosa música de Tchaikosvky encontró a su partenaire perfecto en la dupla con Marius Petipa y Lev Ivanov.

Las razones para ver El Lago de los Cisnes con el Ballet de Santiago en enero 2025 son:

  • Conocer y disfrutar de uno de los ballets más famosos y apreciados en el mundo entero.
  • Escuchar a la Orquesta Filarmónica en su esplendor interpretando una de las creaciones musicales más brillantes para ballet, dirigida alternadamente por Pedro Pablo Prudencio y Alejandra Urrutia.
  • Apreciar los llamados “actos blancos” (segundo y cuarto) con decenas de bailarinas en el escenario encarnando cisnes de brazos alados y vestidas con tutus clásicos.
  • Disfrutar del virtuosismo del Cisne Negro (tercer acto), incluidos los 32 fouettés (latigazo), paso virtuoso para la bailarina que gira 32 veces sobre una misma pierna.
  • Apreciar al Ballet de Santiago exigido al máximo en una coreografía que no da respiro.
  • Para apreciar la escenografía del destacado pintor chileno Enrique Campuzano, con follajes dorados, un lago siempre presente y un ascenso de la luna en el último acto; y un maravilloso vestuario del destacado diseñador chileno Pablo Núñez.

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