El último plan para reconvertir el Club de la Unión y salvarlo de la quiebra

Una especie de centro urbano, con gimnasio, restaurantes y sectores comerciales en tres pisos, dejando los  otros dos pisos para un club social moderno. Esa es la propuesta que se está negociando. La idea es potenciar el casco histórico junto a la nueva Bolsa de Comercio y otros proyectos como un gigante sector de Bandera remodelado para departamentos.


Qué saber. El futuro del Club de la Unión ya no se discute únicamente en los salones de uno de los edificios más emblemáticos de Santiago. Tras la quiebra de la histórica institución, el debate se trasladó a empresarios, inversionistas y actores ligados al mundo gastronómico, que ven en el inmueble una oportunidad para recuperar no solo un patrimonio arquitectónico, sino también parte de la vida del centro de la capital.

  • Las propuestas todavía circulan de manera confidencial, pero todas apuntan en una misma dirección: abrir el edificio a nuevos usos. Restaurantes, espacios para eventos, actividades culturales e incluso servicios comerciales aparecen como alternativas para devolverle movimiento a un lugar que durante más de un siglo fue símbolo de la elite santiaguina.
  • Uno de los empresarios gastronómicos que ha seguido de cerca la situación reconoce que han habido conversaciones y recuerda que hace unos quince años comenzó a organizar eventos y fiestas para recaudar recursos. Incluso existió la posibilidad de instalar un proyecto gastronómico dentro del edificio. La idea no prosperó.
  • “Nosotros vamos a seguir impulsando todo lo que permita darle vida al centro de Santiago”, afirma. Por eso no descarta desarrollar una propuesta gastronómica en el Club de la Unión si las condiciones lo permiten.
  • El Club atraviesa por una severa crisis financiera. Deltek I SpA es el mayor acreedor con un monto de $928.791.802 (representada por el ex-presidente del club, Miguel Zegers Vial). Le siguen Unión Inmobiliaria, sociedad dueña del histórico inmueble, con un crédito adeudado de $115.713.093, y Carlos Riquelme Corrales, por un monto de $97.028.409.
  • Trabajadores y extrabajadores reclaman pasivos laborales por cerca de $1.100 millones.

El evento. Una idea, según personas que han participado en las negociaciones, es vender el edificio y crear un centro parecido al MUT, con tres pisos dedicados a restaurantes, eventos y negocios, y el resto -dos pisos- a un nuevo club, menos restrictivo y moderno. El proyecto tendría una sinergia especial con la nueva Bolsa de Comercio, que será convertida en mercado urbano por la empresa Territoria.

  • Una de las propuestas es transformar todas esas pequeñas calles del distrito comercial en paseos peatonales, con grandes terrazas, a la manera de ciudades como Roma o París.
  • En el mismo Club, comentan que un escenario esperable sería que el lugar mantuviera su prestancia patrimonial, con socios, pero abierto a todo público en los pisos de negocios especializados. No se cierran a eso.
  • Cercanos a las tratativas cuentan que un evento internacional, que será anunciado en los próximos días, buscará posicionar a Santiago como un destino gastronómico y vitivinícola de nivel mundial. La iniciativa espera reunir a cerca de mil invitados, muchos extranjeros, y convertirse en un punto de inflexión para la imagen de la capital.
  • La motivación surgió luego de comprobar que Santiago sigue fuera de los principales circuitos internacionales de turismo culinario. Hace poco salió una ránking internacional de las mejores ciudades para gastronomía y vinos. La capital chilena no apareció. Lo mismo sucede en la reciente lista de la conocida revista Time Out. Otra vez Chile brilla por su ausencia.

Renacimiento. Desde el mundo inmobiliario la mirada es similar. Un emprendedor que conoce el sector cree que la venta del inmueble es una posibilidad concreta y que podría abrir la puerta a un plan de gran escala.

  • “No estamos hablando de una remodelación. Esto requiere una restauración”, sostiene. El edificio, agrega, posee un valor patrimonial excepcional que debe preservarse, pero también necesita adaptarse a las nuevas formas de habitar la ciudad. “Tiene demasiada historia, pero después de más de cien años necesita evolucionar hacia un club moderno”.
  • En esa modernización también deberían revisarse algunas tradiciones. Menciona como ejemplo las restricciones de acceso por vestimenta. “A veces he querido entrar y no he podido porque exigen chaqueta y corbata. Son cosas que ya pasaron”, comenta.
  • El empresario, experto en flipping (transfornar sitios deteriorados en oportunidades), observa además que el momento parece propicio.
  • La renovación del entorno de la Bolsa de Comercio y otros proyectos en el casco histórico (como las inversiones inmobiliarias en antiguos edificios de calle Bandera) permiten imaginar un renacer del sector. En ese contexto, el Club de la Unión podría convertirse en uno de los motores de esa recuperación.
  • Cercanos al proceso dicen que hay conversaciones avanzadas. Pero por ahora evitan hacerlas públicas. Lo que sí parece instalarse es una idea compartida: el histórico edificio ya no puede vivir únicamente de su pasado.
  • Fundado en 1864, el Club fue diseñado por Alberto Cruz Montt. Entre otras cosas, cuenta con 120 pinturas de grandes maestros chilenos y europeos, avaluada en $2.700 millones y que está en el centro de la batalla legal.

Leer a continuación