Crónica: Un recorrido por la ruda y vibrante”Pequeña Caracas”, donde viven 30.000 venezolanos

Visitamos la “Pequeña Caracas”, en Estación Central, donde está la mayor concentración de venezolanos. Es un sector rudo, pero que mantiene una vibrante cultura del país caribeño.


Qué mirar. Rosa Mercado le hace honor a su apellido. Dice que es fanática del capitalismo. Que estaba feliz por la captura de Maduro por parte de Trump, pero que ahora siente amargura porque “el chavismo miserable va a continuar”. Ella es venezolana, lleva 9 años en Chile y le ha ido bien.

  • Se compró un departamento y un auto, que usa como Uber. Vive en La Cisterna pero le gusta ir en las noches a comer a “La Pequeña Caracas”. Sobre todo los perritos calientes típicos venezolanos, que llevan, aparte de salchicha en pan de hot dog, cebolla, repollo, salsa de tomates y papas fritas en trozos pequeños.
  • Rosa quiere volver a Venezuela, porque allí vive su madre, pero tiene su vida hecha en Chile. “Ser extranjera acá es muy difícil. Los trámites son un incordio. Estoy hace meses tratando de sacarle una cuenta corriente a mi hijo”, dice.

El barrio. Aunque en el Parque Almagro se suelen juntar muchos venezolanos, la mayor concentración de venezolanos en Santiago está en la Estación Central, en la llamada “Pequeña Caracas”. En apenas ocho cuadras, entre Toro Mazote y Conde del Maule, viven casi 30 mil personas, la mayoría del país caribeño, en torno a los 30 años. La mitad se dedica al comercio callejero.

  • Es un sector rudo de la ciudad, donde hay muchos edificios de departamentos de 20 o 30 pisos, los llamados guetos verticales. Hay poca sombra, escasos árboles. A las 12 del día se juntan aglomeraciones de venezolanos que van a comprar a la feria cerca de Toro Mazote.
  • Muchos venezolanos se dedican a vender fruta en la calle. Por ejemplo, Pablo Ramos, caraqueño, apenas pasados los 20 años, llegó hace 3 años a Chile. Vende frutillas y uvas en la calle. “Fue una genialidad de Trump que haya secuestrado al ladrón de Maduro. Una dulzura de noticia”, dice. “Lamentablemente todo va a seguir igual. Quiero irme de Chile cuando pueda. Ha sido duro estar acá”.
  • Su compañero, Gastón Ochoa, que trabaja al lado, también caraqueño, acusa que le quitaron toda la mercadería ayer, incluyendo sus bandejas y el teléfono celular. Se lo entregaron al día siguiente.

Ruidos molestos. En la “Pequeña Caracas” se ve el estilo de vida alegre, pero también complejo de los venezolanos. Se hacen fiestas a veces en las calles, lo que ha provocado molestia en algunos vecinos chilenos que se han terminado yendo.

  • Se calcula que un 40 % de los departamentos están deshabitados. Arrendar un departamento de dos habitaciones cuesta $ 320.000 al mes, pero el problema es que muchas veces son ocupados por una mayor cantidad de gente. Lo que provoca un hacinamiento bastante notorio en muchas partes. Largas filas de personas esperan por un ascensor en un edificio de 25 pisos.
  • En las esquinas hay muchas tiendas de comida de Venezuela que es calórica, especiada, algo pesada. En “Estación Bistró”, en Toro Mazote 51, venden platos como mollejas en coco, bistec encebollado, pechuga al ajillo, pescado frito, todo acompañado por arroz, ensalada cocida y arepitas, por $6.500.
  • Otro clásico son las hallacas, que son una especie de tamal, que en navidad se comen con pan de jamón, ensalada de pollo y lomo negro. Colombia y Venezuela se disputan la creación de las populares arepas, que han invadido Santiago y que acá se ofrecen en cada esquina.
  • Abundan las barberías y las iglesias evangélicas. También transitan muchos colombianos, haitianos y peruanos.

Delincuencia. Aparte de los guetos verticales, que proliferaron debido a vacíos legales hoy corregidos, el problema del sector es la inseguridad. Ha subido la prostitución y la migración irregular, que copa las veredas con su comercio informal a vista y paciencia de los carros municipales. En 2024 hubo más de 700 casos policiales.

  • Por ejemplo, el 30 de abril de 2025 un grupo de maleantes disparó contra dos locales comerciales en la madrugada en la calle Toro Mazotte. Los individuos dispararon en dos ocasiones contra uno de los recintos, mientras que efectuaron tres tiros al segundo establecimiento. Según información policial fue un delito de extorsión o algún tipo de ajuste de cuentas o represalias. Estos delitos están a la orden del día.

Celebración. No encontramos ningún venezolano que no esté feliz por la caída de Maduro. Pero todos guardan distancia sobre lo que va a pasar ahora. Hay resignación. Una pena profunda que les hace mirar el futuro sin la mínima esperanza. Muchos están decepcionados de Chile.

  • El sábado se hicieron virales los videos de los guetos verticales, con centenares de venezolanos ondeando banderas y cantando consignas contra el dictador. Pero la felicidad duró poco en la “Pequeña Caracas”.
  • El martes al mediodía todos vuelven a la rutina. Es una zona de vida difícil, pero que tiene energía.

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