Por estos días, la atención nacional se centra en el tornado en Puerto Varas y la poca preparación que existía para enfrentarlo, y el escándalo de las licencias médicas, ejemplo de la falta de rigurosidad del Estado, que es el llamado a cuidar los recursos de todos los chilenos. En el intertanto, hay sectores que entienden y se adelantan a los problemas futuros, y tratan de actuar de la mejor forma posible. Y esto es lo que, desde hace años, está haciendo el sector minero en relación al cambio climático; entiende que no es un tema de futuro, sino de presente.
Según el World Resources Institute, Chile es uno de los 25 países expuestos a stress hídrico extremadamente alto. Por otra parte, el sexto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), señala que los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de frío y calor, sequías y ciclones, se han incrementado como nunca antes. Y si estos fenómenos ocurren en la Zona Norte de Chile, donde se concentra mayormente la producción minera, que representa aproximadamente el 10% del PIB y el 60% de las exportaciones chilenas, el problema para el país es mayor. Es decir, esto es más que un fenómeno ambiental, es un problema económico. Si la minería se ve afectada, ya sea por paralizaciones o destrucción de su aparato productivo, se afecta todo el país.
Pero el sector ha hecho su tarea. No ha esperado señales de alerta, sino las ha leído con anticipación. Como la minería chilena produce los minerales que se requieren para la transición energética, es vital que el proceso productivo también sea limpio, esto es, bajo en emisiones de efecto invernadero.
Así, la industria se ha preocupado de contribuir a la lucha contra el cambio climático, trabajando en su resiliencia y adaptación, tienen compromisos de considerar los riesgos del cambio climático en su planificación, incorporándolos, junto a criterios de adaptación, en el diseño y operación de las faenas. Muchas de ellas tienen meta de alcanzar la carbono-neutralidad el año 2040, yendo más allá de la meta país que es al 2050. El uso de hidrógeno verde es una de las medidas que contribuye a esta ambiciosa meta.
El respaldo de instituciones internacionales también ha sido importante. El año 2023, el Banco Mundial aprobó un crédito por 150 millones de dólares, destinados a fortalecer la resiliencia frente al cambio climático, con un foco especial en la gestión del agua y en hidrógeno verde, para descarbonizar. También existe apoyo por parte del BID.
Pero tan importante como el financiamiento es la señal de compromiso serio y técnico, no solo de estas instituciones, sino también de parte del International Council on Mining and Metals (ICMM), el gremio de compañías mineras mundial, que hace años está trabajando en la resiliencia al cambio climático por parte de las compañías en el mundo.
Por otro lado, porque se desarrolla en una Zona desértica, hace años que la industria comenzó a adaptar su matriz hídrica con políticas que incluyen la inversión en plantas desalinizadoras y la recirculación de aguas. Esta última alcanzó al 74% el año 2023, según el último Informe de Consumo de Agua en la Minería del Cobre, de Cochilco, pero en muchas grandes mineras alcanza más del 90%. Incluso en la mediana minería, cuyo financiamiento es muy distinto al de la gran minería, alcanza niveles cercanos al 60%.
Hoy, el 36% del agua fresca extraída para las operaciones mineras proviene del mar, y Cochilco proyecta que al año 2034 esa cifra aumente a 70%. Y todos los proyectos mineros futuros consideran el uso de agua de mar, salada o desalada, para abastecerse de este insumo crítico. Esto es, no se trata de una moda ni de marketing verde, es una estrategia para proteger activos y, por sobre todo, para garantizar continuidad de operación.
Es aquí donde vale la pena recordar algo esencial. Las industrias que manejan grandes capitales y responden ante dueños concretos no se dan el lujo de improvisar, se ocupan de una gestión e inversión anticipada. Donde hay millones de dólares en riesgo, la planificación es una necesidad. La minería chilena ha entendido esto y ha actuado en consecuencia.
En tiempos en que la retórica le gana al oficio, hay algo profundamente republicano en hacer las cosas bien y en silencio. Esto es una demostración más de que, con sus virtudes y defectos, como decían por ahí, la minería no le falla a Chile.
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