El presidente electo hará sentir de inmediato que liderará “un gobierno de emergencia”: sorprender y señalizar cambios profundos, con anuncios y actividades en terreno. Lo primero es definir rápido una agenda con sus aliados. Los ministros se conocerán oficialmente en enero, pero se sabrán antes, como ya empezó a ocurrir. Kast tenía definido un tono conciliador tras su victoria, como se reflejó en su discurso, en el que también se encargó de moderar las altas expectativas que generó en su campaña.
El relato ordenador de la agenda. Cuando entró a la carrera presidencial, en enero, José Antonio Kast anunció como lema una “política de shock”, que cambiaría en julio por el de “gobierno de emergencia”, que ahora será la espina dorsal de su gobierno. Primero, ayudará a amortiguar críticas a medidas duras, dado que las urgencias implican sacrificios. Segundo, servirá para consensuar una agenda con sus aliados focalizada en las principales demandas ciudadanas (seguridad, inmigración, economía, vivienda, salud y educación), esquivando temas que siempre división, como los valóricos.
90 días con acelerador a fondo. En línea con lo anterior, Kast y su equipo anunciaron que los primeros 90 días, contados a partir de su victoria electoral, serán vertiginosos para marcar con fuerza el cambio. Están contempladas iniciativas como ir a Colchane a anunciar dónde será construido un albergue para inmigrantes irregulares y otras giras similares. Además de hacer sentir el cambio, se trata de asumir que las lunas de miel son más cortas y el mayor poder de un presidente es entre su victoria y su llegada al cargo.
Expectativas: luz amarilla. Un problema no menor para el presidente electo es el exceso de expectativas que generó su campaña, que ahora serán mayores con el 58% obtenido. Es margen es una gran fortaleza, pero también es una barrera muy alta, difícil de superar y fácil de bajar. Por eso en su discurso enfatizó, como lo hizo Milei, que el primer año de gobierno será duro.
Cambio de época. La elección de Kast rompió un tabú de 36 años: que en Chile jamás llegaría a La Moneda alguien que votó SÍ en el plebiscito de 1988. Ahora el eje pasó a ser el primer plebiscito constitucional, como se reflejó en la votación de la segunda vuelta. Kast, señalan cercanos, quiere aprovechar esa oportunidad, y para eso tiene que erradicar la imagen de sectario del Partido Republicano y repartir el poder con generosidad con los partidos aliados, otro énfasis del discurso.
Estilo: ni Trump ni Milei. Si bien Kast tiene una cercanía ideológica con ambos, su estilo de gobernar no será caudillesco, sino institucional, como lo demostró en su diálogo con Boric y en su discurso, con un tono impensable en Trump o Milei. Busca mostrarse el de líder de una causa, en línea con su idea de forma una coalición cohesionada y con proyección más allá de su gobierno.
Quiroz, el zar de la Economía. El senador electo Rodolfo Carter se sumó a la campaña republicana en junio y le recomendó a Kast a reclutar a Jorge Quiroz como jefe económico de su campaña. No se conocían, pero la confianza que forjaron ahora se va a traducir en que Quiroz, como ministro de Hacienda, tendrá gran poder sobre otras carteras (Economía, Minería, Medio Ambiente, Agricultura, Obras Públicas), además de otros organismos. Su foco estará en atraer inversiones por medio de la convergencia fiscal, desregulaciones y ajuste del gasto público. Quiroz tiene un carácter frontal y escasa experiencia política, una mezcla complicada.
El primer anillo de Kast. El senador electo Arturo Squella, el asesor estratégico y comunicacional, Cristián Valenzuela y su jefa de gabinete, Carolina Araya, forman el grupo más cercano y más influyente. Squella, de estilo dialogante y nexos transversales, es considerado el factótum del presidente electo y será su voz en el Congreso. Valenzuela carece demasiado de aversión al conflicto, pero maneja sus temas. Se le menciona como posible jefe del segundo piso. Carolina Araya, que controla la agenda de Kast, ha demostrado eficiencia como su jefa de gabinete y se dar por seguro que ocupará esecargo en La Moneda.
Seguridad, un cargo crítico. Todavía el nombre del ministro es una incógnita. Se sabe que no puede ser un ex militar -por el fantasma de la dictadura- y que los requisitos, además de expertisse en el tema, son experiencia política y buen manejo comunicacional. Es tal vez el puesto más crítico: si es exitoso, también lo será el gobierno, su fracaso sería letal. Pero también es un gran oportunidad: el éxito en esa cartera lo convertiría en un candidato fuerte a la sucesión de Kast.
Alvarado, el coordinador político. Hay muy pocas dudas que Claudio Alvarado (UDI) será el ministro secretario general de la Presidencia y principal coordinador político de la nueva administración. Fue subsecretario y ministro de esa cartera, donde se destacó como un gran negociador en el Congreso. Además, es muy cercano a Kast. Fue el primero en abogar por la migración de votos UDI hacia el actual presidente electo cuando el partido apoyaba a Sebastián Sichel el 2021. En la actual campaña también sacó la voz antes que nadie contra Evelyn Matthei, por usar argumentos de la izquierda en sus críticas a Kast.
El elenco femenino. Una de las lecciones que Kast y su equipo aprendieron de su derrota ante Gabriel Boric, el 2021, fue que era urgente redefinir su discurso ante el público femenino, donde su adversario le sacó una ventaja muy amplia. Esta vez, además de eludir los temas valóricos, integró un fuerte elenco de mujeres a su campaña. La de mayor visibilidad fue Mara Sedini, carta fija para asumir la vocería de gobierno. A ella se suman Carmen Soza, candidata natural al Segundo Piso; Ruth Hurtado, brazo derecho de Squella; Carolina Araya, que integra el triunvirato de Kast; y María Jesus Wulf, redactora del capítulo social del programa, entre otras.
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