El ingeniero y fundador de Panel Ciudadano analiza las dos semanas de Kast como presidente electo. Dice que en cuanto a puesta en escena ha sido casi impecable, pero que su desafío es no olvidar que no ganó por su ideología y ser consecuente con su concepto de gobierno de emergencia.
-El presidente electo comenzó con un ritmo muy intenso. ¿Es sostenible en el tiempo?
-Era un riesgo que se debía tomar. Una transición más lenta no es compatible con la idea de un gobierno de emergencia. Pero sí, es difícil mantener un ritmo tan intenso. La señal de la OPE (Oficina del Presidente Electo) es una innovación que no había hecho otro presidente y que sirve para darle una estructura institucional al periodo de transición.
-También llama la atención que haya una vocera antes de asumir el mandato…
-Lo relevante de la vocería de Mara Sedini es que demuestra que Kast empezó a delegar. Es una buena señal. Saber delegar es la clave de todo. Además tiene un relato muy bien armado respecto a que va a estar trabajando 24/7. No va a perder dos horas en traslado todos los días, sino que va a dormir en La Moneda. Todo el paquete parece bastante redondo.
-¿Recuerdas un comienzo tan intenso de un presidente electo desde el retorno a la democracia?
-Yo no recuerdo algo tan potente.
-Le ha quitado toda la tribuna posible a Boric, que ya estaba con el sídrome del pato cojo.
-Exactamente. Kast salió electo por saber leer muy bien el contexto de esta elección. Y principalmente, a los votantes obligados, a los 5-6 millones que votaron por primera vez en una elección presidencial. En ese mismo electorado se tiene que enfocar. No debe perder ese foco.
-¿Es un votante inédito que escapa a las definiciones tradicionales?
-Kast ganó porque entendió a un elector que no vota por la ideología, sino por las soluciones pragmáticas. Ese votante no está interesado en discursos ni en palabrería, quiere ver al presidente en acción, haciendo cosas. Es lo que Kast le está entregando. Y aunque sea prematuro eso forma un relato. Dirigido a los 6 millones de votantes que voluntariamente están fuera de la política. Es el principal legado que Kast podría entregar.
-Además, ¿ha sorprendido con acciones como su reunión con Bachelet?
-Esa reunión con Michelle Bachelet la apoya un 52%. Kast vino a ordenar la casa y a hacer crecer a Chile de nuevo. Y desde ese punto de vista, en una posición de estadista, es importante tener a un chileno o chilena en la ONU. Sería un orgullo, aunque a un público republicano no le parezca bien.
-Y a los nacional libertarios tampoco.
-A los libertarios menos. Pero con estos episodios muestra un carisma de estadista, porque tener a Bachelet en la ONU sería algo virtuoso para el país.
-Es complejo el tema del gabinete. Algunos han criticado que haya ido a Argentina sin tener la respuesta definitiva de Daza para ser ministro.
-En los 15 días que lleva, podría ser su mayor traspié. Pero en ningún caso es un error grave. Y ensució su viaje a Argentina. Pero la gran mayoría de la población ni siquiera supo que existía esa oferta a Daza. Deja al presidente en un grado más bajo, como suplicando por un cargo.
-Otro tema complicado es el rol de Johannes Kaiser. Sus hermanos le recomendaron que no entre al gabinete. ¿Compartes esa idea?
-Cuando Kaiser tenía los peores números de su carrera, siguió en su aventura personal. Creo que dentro de él, en cierta manera, pesa bastante más la aventura personal que el proyecto político. Piensa igual que sus hermanos. No lo puede decir porque quedaría mal. Pero es verdad que tiene mucho más que ganar estando fuera que estando dentro.
-¿El corazón del gobierno va a estar en la UDI, en la ex-UDI y en los seguidores de Jaime Guzmán como planteó Longueira?
-Parece la transición de un presidente de la UDI más que de un presidente republicano. Como dijo Longueira, son los Guzmán boys. Pero Kast no puede olvidar que no ganó la elección por su ideología, sino por sus planteamientos para salir de la crisis. La agenda valórica queda eventualmente para después y solo si se da el momento.
-¿Cuáles crees tú que van a ser los grandes desafíos en lo que viene para Kast?
-Él ha sido elegido para un gobierno de emergencia. Y no debiera salir de ahí. Los votantes obligados, que conocen menos de política, tienen expectativas realistas. Saben que las soluciones toman tiempo. Mientras Kast pueda demostrar que está trabajando en avanzar, es suficiente para mantener a la opinión pública de su lado. Tiene que ser transparente e informar si no está cumpliendo con la expulsión de los inmigrantes, con la baja de la tasa de delincuencia o que no esté aumentando el empleo. La transparencia es clave.
El desafío que me parece más relevante tiene que ver con que la élite está leyendo mal a la población, como demostraron las elecciones. Por lo tanto Kast tiene que tener cuidado de no caer en el influjo de la élite. Es decir, no dejarse llevar por la élite, el Chile real es muy distinto a lo que la élite está leyendo.
-¿Qué errores ha cometido? ¿Qué nota le pones?
-Sobre seis. Un error fue la foto con Milei y la motosierra. En comparación a las transiciones anteriores, probablemente sea la mejor en cuanto a la puesta en escena.
