Alfredo Jocelyn-Holt, autor de una notable Historia de Chile y de libros tan elogiados como La Escuela Tomada -que retrata el nacimiento de una generación política liderada por Gabriel Boric-, hace una reflexión sobre la excepcionalidad de la figura de Kast, a quien describe como “un fenómeno, quizás único en potencia, en nuestra historia”.
-¿Kast es el primer representante de una derecha conservadora -no liberal como la de Piñera- que llega a La Moneda desde la transición?
-Kast es muy distinto a variantes de derecha como la de Piñera. No olvidemos que Piñera se inició políticamente como demócratacristiano, lo que, para muchos en dicho sector, equivale a una traición de clase, además de su otro oportunismo imperdonable: haberse hecho rico gracias a la dictadura, de la cual renegó después.
Es más, Kast no es de los que se dejan acomplejar por el progresismo ni de los que se sienten obligados a hacer concesiones “entreguistas” ante dicha radicalización. Podrá haber sido partidario de la dictadura y, obviamente, es capitalista, pero no es que haga ostentación de su adhesión a un neoliberalismo combativo a ultranza.
Kast no es Kaiser. No anda sobregirado por el mundo, tratando de ganarle a la izquierda sus credenciales de avanzada renovadora, buenista. No presume ampararse en teorías, ni siquiera en Edmund Burke, lo cual lo vuelve un conservador a secas sin albergar complejos de liberal.
Esto último vuelve a Kast en un fenómeno, quizás único en potencia, en nuestra historia. Recordemos que Jorge Alessandri fue liberal y debió llamar a los desprestigiados radicales para que salvaran su gobierno. Por su parte, la clase alta tradicional se tornó histérica dos veces. Se plegó incondicionalmente a Frei Montalva, quien procedió a expropiarlos de forma olímpica; luego se volvió fascista y apoyó una dictadura brutal, renegando de su más extraordinaria tradición política: ser respetuosa de la institucionalidad establecida.
-¿Y por qué Kast habría de ser único en potencia?
-Porque nada en él ha dado a entender que vaya a ser autoritario, aunque sea conservador; otra cosa son los prejuicios en su contra. Es más, no agacha el moño al liberalismo porque sabe que éste siempre puede transar. Con todo, está por verse si será concesivo, en especial con Chile Vamos, en cuyo caso dejaría de ser una excepción y se sumaría a la histórica mediocridad fracasada de ese sector, así como a la de la ex Concertación. No hay que olvidar que Kast llegó a La Moneda habiendo derrotado, además de Jeannette Jara, al PC, al FA y al Socialismo Democrático, también a Chile Vamos.
-Kast citó a Portales en sus discursos de cambio de mando. ¿Hay una filiación importante o es un malentendido?
-Nada de lo que dijo Kast desde el balcón de La Moneda hace presumir que él o los asesores que le escriben los discursos o pautean con minutas saben de Portales y sus recurrentes resurrecciones ideológicas fantasmales como para preocuparse. Andar viendo a Portales en La Moneda -de hecho, su parto tuvo lugar allí- sirve para promover el autoritarismo como única forma exitosa de gobierno en Chile, lo que admite falseamientos historiográficos.
Varios hemos insistido en que eso es un mito. De igual manera que al terraplanismo, esa superstición que arrasa mentes ingenuas en EE. UU., un físico competente lo puede desmentir fácilmente. Mejor sería dejar el tema de Portales a historiadores serios que no pretenden sacar dividendos ideológicos del asunto.
-¿En ministros como Jorge Quiroz predomina la técnica sobre la política? ¿Esto es propio de la derecha histórica?
-Por supuesto que no. Desde las repúblicas oligárquicas griega y romana, así como las medievales, la política es más bien un arte retórico en un buen sentido; se sirve de la persuasión y la convicción e impide las tiranías y el poder abusivo. La derecha chilena, desde el siglo XIX y a lo largo del XX hasta 1973, ha dado más que suficiente prueba de seguir esa vieja tradición, fundamentalmente desde el Congreso y sus partidos históricos.
Ahora bien, dado que la pregunta apunta a Quiroz, me basta con señalar que no conozco ningún economista en Chile que sostenga que lo suyo no sea científico, ergo, tecnocrático, cualquiera sea su pertenencia, de derecha, de centro o de izquierda. Todos, algunos más, otros menos, están convencidos de que sus medidas son infalibles.
Dicha relativa unanimidad se debe a la revolución neoliberal y gerencial impulsada, primero, por la dictadura militar y acogida por la Concertación y sus gobiernos consensuados con la derecha hasta Bachelet. Tanto fue así que en los años 90 se decía que la política era una técnica gerencial, y he ahí los resultados: se equivocaron medio a medio.
-¿Cómo observas las primeras tres semanas de Kast? ¿Hay debilidades en el relato?
-No voté por Kast y, como con cualquier político, mantengo sanas distancias. Con todo, era esperable lo que ha sucedido. Kast no es Boric, lo cual es un alivio tras dicho desastre. Y si bien a Boric, en otras épocas, lo habrían querido sacar a patadas, y quizás se habría decretado una dictadura, al menos para ordenar las cosas, ello no ha ocurrido.
Insisto: Kast es un conservador, pero no les da en el gusto a sus detractores convirtiéndose en un gobernante autoritario. Un mérito a su favor que ojalá perdure, a pesar de las provocaciones sistemáticas de la izquierda y la derecha previas a Kast, que aún no aceptan que él es quien gobierna y no ellos. Y qué cuento esto del “relato”. Uno habla en esos términos y, de seguro, ha entrado una manga de lobistas a cargo de maquillar La Moneda para satisfacer la voracidad de intereses por todos conocidos.
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