Desde paltas a 4 mil pesos el kilo a zapatillas Puma a 40 mil, el mercado Lo Valledor vende casi todo lo que uno pueda imaginar. Por estos días se ha transformado en un lugar frecuentado por consumidores agobiados por la inflación tras el alza de los precios de los combustibles. Recorrimos el lugar a las 6 de la mañana: un mundo paralelo que siempre está activo y tiene sus propios códigos.
Qué observar. El Mercado Lo Valledor, al sur de Santiago, es un universo en sí mismo. Un laberinto de voces, razas y colores al que es fácil entrar, pero no tanto salir. El novato se pierde fácilmente. Es el mayor mercado en su tipo del país, con un movimiento anual de 2.500.000 toneladas de productos agrícolas. Además se venden carnes, abarrotes y ropa; hay farmacias, restaurantes y tiendas de tecnología.
- Con una superficie de 33 hectáreas, se compone de 1500 locales. Más de 30 mil personas y 7 mil vehículos lo visitan cada día. Hoy se ha vuelto un lugar imprescindible debido a la subida de 1 % del IPC, producto principalmente de la guerra en Irán. El tomate, por ejemplo, aumentó un 17%. Como en Lo Valledor se vende por cajas es una alternativa de ahorro.
- Llegamos a las 6 de la mañana de un martes. La primera impresión recuerda a esos mercados de Estambul, interminables, infinitos. Lo Valledor nunca duerme y se puede hacer prácticamente de todo. Es como una ciudad paralela. Perfectamente uno podría quedarse y vivir acá sin necesidad de ir al exterior.
- Mientras la noche aún no se acaba el lugar bulle de actividad. Una gran cantidad de camiones más unos pequeños automóviles que se parecen a los carros de golf llegan o se van con mercancía. Hay olores de todo tipo, principalmente de frutas pero también de las cocinerías.
- Es un mundo aparte, cosmopolita. Se sienten decenas de acentos diferentes. Cuando aún no llega el día muchos están acabando su jornada: llegaron en la noche del día anterior.
El matadero. Cristián lleva 40 años trabajando en el mercado, fundado en 1968. Cuenta que antes había un matadero en la parte norte. “Yo crecí ahí al lado, había un campamento. Era un barrio muy duro, un barrio bravo. Había delincuentes que andaban con cuchillos”.
- “Cerraron el matadero y ampliaron el mercado en ese terreno. Desde chico uno veía cómo mataban a los animales. Era tremendo”.
- Empezó como carretonero, a los 8 años, que es la persona que hace fletes a la gente que viene a comprar. “Clientes de Peñaflor, de Melipilla, de la isla de Maipo. Y le hacíamos la carga, y la trasladábamos a sus camionetas. Me pagaban unos 500 pesos”.
- Dice que el sistema fue cambiando porque se privatizó. Ahora arrienda un espacio. “Soy bodeguero. Yo tengo esta fruta a granel por ejemplo, después esos chicos las distribuyen en cajas para venderlas a otros que hacen la venta directa al público”
- Trabaja desde las 6 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Gana unas 50 lucas al día. A veces un poco más. Al mes obtiene menos de un millón. “En el verano es bueno porque llega la fruta de temporada, el durazno. Ahí gana más uno”.
El sistema. Aunque es algo enrevesada, la estructura funciona por la ley de la oferta y la demanda. Los precios se igualan a similar calidad. Cuando hay mucha oferta, el precio disminuye.
- René León lleva cuarenta años trabajando acá. Su papá también trabajaba en el mercado. Dice que tiene que pagar ciento cuarenta mil pesos diarios por un local. Vende cuatro millones de pesos al mes. Pero para él le quedan setecientos mil pesos.
- René dice que la fruta se puso muy cara. Una caja de mango nueve mil pesos, una caja de piñas dieciséis mil pesos. Una caja de frutillas diez mil pesos, una caja de manzana quince mil pesos.
- “Yo compro y la vendo aquí mismo. La cosa funciona así: llega la fruta del campo. Aquí la envasan y me la venden a mí. O sea, vengo a ser la tercera mano en el proceso”.
- “El negocio ha cambiado. Han llegado muchos inmigrantes. Ellos compran camionadas de verduras y las venden aquí mismo”.
Amanecer. A las 8.30 de la mañana, la actividad mantiene su intensidad. Pero algunos parten. Jaime está sentado en una escalinata, quiere ducharse pero le robaron su billetera. Se dedica a la venta de zapallo y sandía y gana 80 mil o 100 mil pesos al día. Cuenta que ha llegado “mucha gente mala, que es peligrosa, que te puede asaltar”. “De hecho, mi papá es agricultor y cuando tenemos que trasladar 80 o 100 millones de pesos, hacemos todo un aparataje para confundir a los posibles ladrones”.
- Un problema es que en los locales se usa mayormente efectivo. En enero sujetos que usaban ropa similar a la de Carabineros asaltaron a un comerciante, robándole $1.500.000 y una máquina para pago con tarjetas. El 30 de julio de 2022 hubo un asesinato justo afuera del mercado. En 2024 fue formalizada por triple homicidio frustrado una mujer que disparó e hirió a tres personas. El mismo año asesinaron a dos productores de tomates procedentes de la zona.
- Mientras sale el sol, que no alcanza a entibiar, varios trabajadores toman desayuno. El Restaurante Al Paso, que nunca cierra, está lleno. Se ofrecen generosos sándwiches, tostadas con palta y pailas de huevo. La vida continúa en el mercado Lo Valledor.
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