Mercado de capitales: la buena noticia que Chile no debiera desaprovechar. Por Francisco Guzmán

Que la agenda económica vuelva a la discusión pública es muy positivo. Sin embargo, para que esto se concrete, la implementación debe reconocer que proteger el mercado de capitales es también proteger las pensiones, el financiamiento nacional y las oportunidades para millones de personas.


Ya por mucho tiempo, la discusión económica en Chile ha visto con desconfianza el crecimiento, la inversión, el financiamiento a largo plazo, como si no estuvieran ligados al bienestar de las personas. Sin embargo, estos conceptos son fundamentales para dicho bienestar.

Por eso, que desde el Ministerio de Hacienda se vuelva a hablar con claridad sobre crecimiento, impulso a la inversión, certezas para grandes proyectos y fortalecimiento del crédito y del mercado de capitales es una muy buena noticia para Chile. No solo por lo que significa para la economía, sino porque toca una dimensión mucho más concreta y fundamental: la capacidad del país de generar empleo, financiar emprendimiento, ampliar acceso a vivienda y hacer crecer el ahorro de millones de ciudadanos.

El mercado de capitales suele ser presentado como un asunto técnico, lejano, casi de especialistas. Pero su impacto es profundamente cotidiano y transversal. Cuando una empresa consigue financiamiento para expandirse, cuando una familia accede a un crédito hipotecario, cuando el Estado puede financiarse en mejores condiciones, o cuando el ahorro previsional obtiene retornos que mejoran una futura pensión, detrás de todo eso está el “mercado de capitales”.

Dicho de otro modo: el mercado de capitales es el mecanismo que convierte ahorro en inversión, e inversión en crecimiento. Y si ese puente se debilita, lo que se resiente no es una planilla Excel o una carpera de un proyecto, sino la capacidad de un país de ofrecer más oportunidades.

Chile lo entendió bien durante décadas. Con avances y también con imperfecciones, logró construir una institucionalidad que permitió canalizar ahorro de largo plazo hacia el desarrollo productivo. Esa arquitectura ayudó a financiar infraestructura, expansión empresarial, deuda corporativa, vivienda y proyectos de largo aliento.

También convirtió al país en una referencia regional en profundidad financiera y casi alcanzamos el sueño de ser plataforma regional. No fue casualidad. Fue el resultado de entender que el crecimiento no nace por generación espontánea, sino que requiere reglas, instituciones, corporaciones y una base robusta de ahorro.

En ese proceso, las AFP han cumplido un rol central y lo seguirán haciendo.

Durante décadas, los fondos de pensiones han sido uno de los principales inversionistas institucionales del país. Gracias a su horizonte de largo plazo, han contribuido a financiar empresas, bonos, proyectos de infraestructura, deuda local y distintas alternativas de inversión que ayudan a profundizar el mercado financiero chileno.

Esa profundidad no solo favorece a las grandes compañías, también mejora las condiciones para que las empresas medianas accedan a financiamiento, para que el Estado se financie de forma más eficiente y para que las personas puedan contar con un sistema financiero más desarrollado y competitivo.

Más simple: cuando existe un mercado de capitales profundo, el dinero circula mejor, se asigna mejor y rinde mejor. Y precisamente por eso, la discusión sobre mercado de capitales hoy no puede separarse de las definiciones pendientes de la reforma previsional.

La reforma contempla un rediseño profundo del sistema de inversiones previsionales. El cronograma oficial estipula la publicación del nuevo Régimen de Inversión de los Fondos Generacionales, el cambio desde multifondos a fondos generacionales, la fijación de límites transitorios, el establecimiento de carteras de referencia y, además, el proceso para llamar y adjudicar la licitación del stock de afiliados. 

No se trata de una discusión secundaria ni puramente operativa. Lo que allí se defina incidirá directamente en cómo se invertirá una parte muy relevante del ahorro de largo plazo de los chilenos y, por tanto, en la profundidad futura del mercado de capitales local. Ese es el punto de fondo. Si Chile quiere dar un nuevo impulso a su mercado de capitales, entonces las definiciones pendientes de la reforma deben cuidar ese ecosistema.

El diseño de los fondos generacionales, las carteras de referencia y los incentivos por desempeño no son asuntos neutros: pueden fortalecer la competencia y la innovación en la gestión, o pueden empujar una estandarización excesiva. Del mismo modo, la licitación de stock puede confundirse como un mecanismo procompetencia, pero mal calibrada puede introducir fricciones relevantes sobre portafolios de largo plazo, especialmente cuando existen activos menos líquidos o estrategias cuya administración no es simplemente intercambiable. 

En otras palabras, el mercado de capitales chileno no solo necesita un nuevo impulso desde la política económica general; también necesita que la implementación de la reforma previsional sea técnicamente sólida, gradual y compatible con la lógica del ahorro de largo plazo. Si esa conversación se lleva bien, Chile saldrá fortalecido. Caso contrario, el costo no será abstracto: se expresará en menos profundidad financiera, menos capacidad de inversión y menores retornos potenciales para los ahorros previsionales.

En un país que enfrenta un fuerte desafío en materia de pensiones, este punto debiera estar más presente que nunca. Porque mejores pensiones no dependen solo de cuánto se ahorra, sino también de cuánto rentan esos ahorros en el tiempo. Y para que renten, se necesita una industria de inversión sólida, reglas estables y un mercado de capitales capaz de ofrecer profundidad, diversificación y oportunidades de largo plazo.

Chile está bien posicionado para aprovechar tendencias globales por sus reservas de litio y cobre, su potencial en energía solar y eólica para hidrógeno verde, estabilidad institucional y ventajas del sector agroalimentario ante la demanda mundial.

Que la agenda económica vuelva a la discusión pública es muy positivo. Sin embargo, para que esto se concrete, la implementación debe reconocer que proteger el mercado de capitales es también proteger las pensiones, el financiamiento nacional y las oportunidades para millones de personas.

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